La Rioja

El vaciado de El Perdiguero entra en la fase más delicada

El vaciado del embalse de El Perdiguero en Calahorra entra en su fase decisiva. Será previsiblemente a lo largo de la próxima semana cuando el estanque quede completamente seco —o prácticamente—, culminando un proceso excepcional que no se producía desde hace tres décadas y que tiene como objetivo la sustitución de dos válvulas deterioradas que ya no garantizaban el cierre total de la instalación. Las previsiones iniciales se han cumplido y, si no hay contratiempos, el embalse comenzará a recuperar agua a partir del mes de febrero.

La imagen de El Perdiguero vacío ha despertado la curiosidad de muchos calagurritanos. La última vez que se vació por completo fue a finales de los años 80, cuando se acometieron las obras que ampliaron su capacidad. En esta ocasión, el calendario ha jugado a favor de la intervención: el vaciado se ha realizado en meses fríos, evitando los problemas que habría generado hacerlo en pleno verano, cuando el agua estancada en las últimas fases podría haberse degradado, con malos olores y mayores riesgos sanitarios y ambientales.

La fase más delicada para la fauna

Con el nivel de agua ya muy bajo, comienza ahora el momento más ‘crítico’ para la biodiversidad del embalse. Los rescates de fauna que se han llevado a cabo hasta la fecha —incluidos algunos ejemplares de pez fraile— representan, según reconocen conocedores del entorno, solo una pequeña parte de la masa biológica que todavía permanece en la lámina de agua restante.

Desde la Comunidad de Regantes explican que, desde el inicio del proceso, se ha trabajado en la reubicación de las especies que era prioritario conservar. «La mayoría de los animales están saliendo por la misma zona que el agua y aguas abajo los ejemplares de especies autóctonas que van apareciendo se trasladan a entornos naturales como el río Ebro, mientras que las especies no autóctonas o invasoras se retiran y se llevan al vertedero», explica Miguel Legarre, presidente de la Comunidad de Regantes.

Sin embargo, las posibilidades reales de rescate son limitadas. Según conocedores del entorno, «lo único que se ha podido extraer con cierta efectividad han sido algunos ejemplares de pez fraile y, en fases iniciales, náyades o bivalvos de agua dulce, que suelen localizarse en los primeros metros de orilla cuando el embalse comienza a desecarse». Más allá de ese punto, el rescate se vuelve extremadamente complejo.

La situación de algunas especies es especialmente complicada. Para rescatarlos de forma masiva sería necesario acceder hasta la lámina de agua con redes u otros sistemas, y posteriormente trasladarlos en camiones cisterna a otros enclaves. El problema es doble: por un lado, muchas de las especies presentes son foráneas o invasoras, que no deberían trasladarse; por otro, conviven con especies autóctonas y protegidas que sí sería necesario salvar, como el pez fraile, las anguilas (consideradas en peligro crítico de extinción) o las tencas.

A ello se suma la dificultad física del terreno. Si el embalse se seca por completo, el acceso al fondo estará condicionado por el fango acumulado, que tardará semanas o incluso meses en secarse. El presidente de la Comunidad de Regantes, Miguel Legarre, reconoce que todavía hay aspectos que se decidirán «en los próximos días». Aunque el plan inicial contempla el vaciado total, se valorará durante la próxima semana si es posible mantener una pequeña lámina de agua si las condiciones técnicas lo permiten. El problema es que la sedimentación es muy elevada y ya se ha comprobado que la primera toma estaba prácticamente obturada, por lo que no se descarta que sea necesario llegar al vaciado completo para garantizar la seguridad de la obra.

La preocupación ecologista

Ecologistas en Acción ha expresado públicamente su preocupación por el impacto del vaciado. La asociación ha valorado positivamente el rescate inicial de ejemplares de pez fraile y de náyades fluviales, pero advierte de que en el embalse viven muchas otras especies que se verán afectadas. Entre ellas, además de la anguila europea, citan el galápago leproso, el gobio ibérico o el barbo de Graells.

Los ecologistas reclaman que se arbitren medidas adicionales de rescate para los ejemplares que se concentran en la poca agua que queda, antes de que las densidades comprometan su supervivencia, y piden que el coto de ciprínidos del Perdiguero se vede a la pesca durante esta temporada. «No tiene sentido mantener la actividad hasta que el embalse se recupere», subrayan.

La actuación que se está llevando acabo en el embalse era técnicamente inaplazable. «Las válvulas averiadas no garantizan la seguridad de la infraestructura y deben sustituirse», explica Legarre. La intervención se está realizando en coordinación con la Dirección General de Medio Natural y Paisaje y apoyándose en estudios de batimetría para actuar de la mejor manera posible. El objetivo declarado es preservar las especies autóctonas y aprovechar el proceso para eliminar invasoras.

Construido en 1888 y ampliado en 1988 hasta alcanzar los 2,5 millones de metros cúbicos y 43 hectáreas de superficie, El Perdiguero es una obra hidráulica con más de 130 años de historia. En las últimas décadas se había consolidado como un espacio de interés ambiental y paisajístico. El vaciado actual supone una intervención traumática, pero necesaria, para garantizar su futuro. Cuando el agua vuelva a cubrir su fondo, el reto será comprobar hasta qué punto el embalse logra recuperar, una vez más, su delicado equilibrio entre uso agrícola y valor natural.

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