Cultura y Sociedad

El ‘clic’ que despierta la memoria: la fotografía analógica vuelve a Logroño

Hubo un tiempo, -aunque muchos jóvenes hoy no lo sepan-, en el que hacer una fotografía implicaba una pequeña gran decisión. No había pantalla para comprobar el resultado ni posibilidad de repetir sin pensar: ¿la hago ahora o me guardo la foto para luego?, por eso de que el carrete se iba acabando.

Ese tiempo, que parecía definitivamente sepultado por la inmediatez del móvil, ha vuelto a encontrar un lugar propio en Fotografiando-T (calle Hermanos Moroy, 1), una tienda dedicada exclusivamente a la fotografía analógica que acaba de abrir sus puertas en Logroño.

Detrás del proyecto están Samuel y Lissette, pareja y socios en esta aventura que compaginan con sus trabajos, y es que la fotografía lleva años formando parte de su vida, especialmente en el caso de Samuel. «Mi pasión empezó en casa, con la Canon AV-1 de mi padre, algunas compactas y las clásicas desechables de los campamentos. Más tarde tuve mi propia réflex digital e iba haciendo fotos de conciertos. Además, siempre he tenido laboratorio en casa para revelarme mis fotos y hacer ampliaciones», explica.

Aunque estudió fotografía, gran parte de su aprendizaje ha sido autodidacta: «He ido aprendiendo hablando con gente, buscando información, compartiendo lo que encontraba. Sobre todo en analógico, que era la parte que se iba perdiendo».

Ese espíritu de compartir fue el germen del blog Fotografiando-T, nacido en 2009. «Todo lo que iba aprendiendo intentaba contarlo para que entre todos pudiéramos aprender». Hoy, ese blog da nombre y sentido a la tienda.

Fotografiando-T es la única tienda en Logroño especializada exclusivamente en fotografía analógica. Una idea que surge de una necesidad muy concreta. «Siempre me ha costado mucho encontrar material para trabajar aquí. Tenías que recurrir a internet, pagar gastos de envío, comprar de más… y al final pensamos que había que hacer algo».

Al cruzar la puerta de la tienda, la sensación es inmediata: algo hace ‘clic’ en tu memoria. La mente retrocede y aparecen recuerdos que creías olvidados, como el ruido del carrete al avanzar, la impaciencia por terminarlo… Entre estanterías llenas de carretes de distintos formatos y marcas, cámaras, fotografía instantánea y material para revelado, no solo hay producto: hay historias. Y, sobre todo, hay alguien al otro lado del mostrador dispuesto a explicarte por qué aquella foto salió movida, qué hacía especial ese color o cómo volver a disfrutar de la fotografía sin prisas.

«Viene gente que sabe mucho y gente que no sabe nada, y a todo el mundo hay que explicarle. Hay carretes que hacen una cosa u otra, colores más fríos, más cálidos, más grano… y eso a la gente le gusta aprenderlo».

Lo analógico contra la inmediatez del móvil

Una de las sorpresas que más se repite es la llegada de gente joven. Muchos descubren la fotografía analógica casi por casualidad. Vienen madres con hijos de 14 o 15 años que han encontrado una cámara en casa y quieren saber si se puede usar», explica Lissette. «Les llama la atención hacer las fotos, gastar el carrete, llevarlo a revelar y esperar».

Esta espera es precisamente la que cambia la relación con la imagen: «Cuando vuelven a ver las fotos, el recuerdo les llega de otra manera». Y es que, en una época en la que las imágenes se acumulan por miles en el móvil, esta pareja defienden la fotografía como objeto. «Haces las fotos con el móvil y al final se van quedando atrás en la galería. En cambio, si tienes el álbum en la estantería, lo coges, lo vuelves a ver, viene alguien a casa y se lo enseñas.

Estos dos amantes de la fotografía explican que «con el móvil o la cámara digital disparas a todo como un loco, sin embargo, con una cámara de carrete te lo piensas más, aprendes a mirar, a buscar el encuadre, porque no vas a hacer dos fotos iguales».

No se trata de rechazar la tecnología, sino de convivir con ella: «Hay fotógrafos profesionales y películas de cine que siguen trabajando en analógico. Son medios distintos, cada uno con sus peculiaridades».

Además de la venta de material, Fotografiando-T funciona como punto de recogida para el revelado con Carmencita Film Lab y ofrece kits para quienes quieren revelar en casa. «Hay gente que viene y te dice: ‘¿Me puedes poner tú el carrete?’ y otros que quieren aprender todo el proceso. Revelar en casa es sencillo, tiene cuatro pasos y con una pequeña guía se hace muy bien».

El objetivo de este nuevo proyecto es claro: que la gente que tenga curiosidad se acerque, aprenda y se sienta acompañada. Porque no es una cuestión de viejo o nuevo, sino otra manera de trabajar y de mirar. «En un mundo donde todo se guarda y casi nada se revisita, nosotros proponemos volver a pensar antes de disparar y volver a ‘tocar’ los recuerdos».

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