Agricultura

La huerta de Clara, un valor añadido que llega a domicilio

Esta joven agricultora lleva cinco años cultivando una hectárea y media de tierra a orillas del Ebro

Clara Sarramián, en la huerta que cultiva en término de Viana. | Fotos: Leire Díez

Es momento de sembrar las cebollas, habas y guisantes, así que Clara Sarramián apura todas las horas posibles que tienen estos frescos y cortos días de enero (y las que no, también) para preparar la tierra con su mula mecánica aprovechando que esta aún está húmeda desde las últimas lluvias. Tal vez, incluso, se anime a poner algo de brócoli y lechuga. Todo ello lo hace compaginándolo también con la recogida de unas pesadas y lustrosas berzas Asa de Cántaro (una variedad de col).

Junto a ellas, el repollo, coliflor, brócoli, calabazas, acelga, ajetes y cebollas siemprevivas ocupan la oferta de verduras de invierno, mientras que de cara a la temporada estival el color inunda la huerta de esta joven agricultora con tomates, pimientos, calabacines, cebollas, lechugas, guindillas, pepinos,…

Todo ello repartido en una hectárea y media de terreno, incluyendo los invernaderos, ubicado en territorio navarro (término de Viana), aunque separado de Recajo (Logroño) tan solo por el río Ebro. Unas tierras heredadas de su familia, también de raíces hortelanas, así que Sarramián siempre ha estado vinculada al campo desde bien pequeña. Lo que nunca imaginó es que sería ella quien se encargara de labrar, plantar y recoger la verdura sin orden ajena, sin ser una mera ayudante, sino todo bajo su propia iniciativa y conocimiento.

«El confinamiento por el COVID-19 tuvo gran parte de culpa y es que, sin saberlo, descubrí que la huerta me hacía muy feliz. Pensaba que lo odiaba, pero realmente lo echaba de menos y no me di cuenta de ello hasta que limitaron los desplazamientos y me privaron de venir hasta aquí por ser territorio de Navarra», recuerda. Y así ya son cinco años los que lleva como agricultora a título profesional.

Un factor clave que diferencia el modelo de negocio de esta agricultora es su faceta de comercial. Ella es quien se encarga de atender los pedidos, diseñar y preparar las cajas con el producto y realizar los envíos a domicilio con su propio coche. Todo pasa únicamente por sus manos, así que muchas veces el tiempo del que dispone no es suficiente. «Suelo hacerlo cuando ya anochece porque durante día toca estar en el campo, por eso también prefiero recibir los encargos por mensaje de WhatsApp o Instagram ya que es más complicado que pueda atender llamadas en cualquier momento». Porque si está, cuchillo en mano, cortando las berzas, no hay gestión telefónica que valga.

Logroño, Lardero y Villamediana de Iregua son sus nichos de mercado, con particulares principalmente que demandan su género, uno recogido en el mismo día en que se entrega. Así mismo, también cuenta con fruterías de barrio como clientes diarios. Sarramián eligió hace un par de años cerrar el círculo en su explotación hortícola. Además de producir, entendió que la mejor manera de sacarle rentabilidad y organizar mejor su trabajo era vender ella misma el producto al público final. Los primeros años como agricultora los desempeñó entregando sus hortalizas en Merca Rioja, pero aquello implicaba unos volúmenes a los que ella no podía hacer frente: «Es mucha cantidad lo que te demandan en un solo día y de esta forma, aunque pierda más tiempo, también puedo repartirme mejor el trabajo. Además, el cliente final es muy agradecido con todo el producto y lo valora mucho».

El mayor volumen de ventas, asegura, se registra en verano, motivado por la mayor variedad de productos que da la huerta durante los meses de julio y agosto. «Enero también es una fecha fuerte de ventas porque parece que la gente se muestras más concienciada con una alimentación saludable después de las celebraciones navideñas y todos los excesos que conllevan. De hecho el año pasado vendí más cestas en invierno que en verano, lo cual no es habitual, pero también coincide con que en verano es más común que la gente tenga su pequeña huerta en casa, mientras que en invierno da más pereza mantenerla».

En este sentido, las redes sociales son sus grandes aliadas a la hora de ampliar la cartera de clientes y difundir su negocio: «Siempre hay alguien que se interesa por lo que haces o gente con más seguidores que publica un pedido y directamente te llegan muchos más encargos que de costumbre. Además, Logroño es muy pequeño y el boca a boca es inevitable. Pero a la vez también supone un trabajo extra porque yo gestiono las redes sociales. La idea es hacer una página web para poder gestionar todo a través de ella».

Desde esta zona hortícola, considerada como un «regadío histórico», Sarramián cultiva con una filosofía de mínima aplicación de fitosanitarios, haciendo uso de tratamientos cuando entra una fuerte plaga. «Al final todo se traslada al sabor del producto y se nota». Este año el invierno está acompañando mucho porque está haciendo frío, con varios días de heladas, y ha llovido muy bien, justo lo que necesitan las verduras para prosperar. El año pasado, en cambio, no cogí berzas y este año pesan muchísimo», celebra. Estas heladas lo que sí provocan es que pueda retrasarse esa recogida de las berzas y es que se ha de esperar a que la planta de deshiele para poder cortarlas y evitar el riesgo de que se queden lacias.

Lo que más incertidumbre le provoca, como a cualquier profesional del sector primario, es el futuro: «Esto me gusta mucho, pero a día de hoy cada vez es más complicado. Nunca me hubiera imaginado que el campo fuera a fallar como está ocurriendo ahora. En mi casa, aunque han trabajado mucho, han sacado adelante a toda la familia y con posibilidades. Ahora en cambio, te encuentras con que no tienes un sueldo en condiciones para pagar todo, entre vivienda, cuota de autónomos y seguir invirtiendo en tu trabajo».

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