Nueva pesadilla para los sufridos usuarios del avión entre Logroño y Madrid. Lo que prometía ser un trayecto rutinario -esto es, con algún que otro retraso- ha acabado fuera de horario (eso sí) y con una escala no prevista a orillas del Mediterráneo.
La mañana ya venía torcida desde el inicio en el aeropuerto riojano, donde los pasajeros vieron cómo el reloj avanzaba más rápido que el embarque. Cuando por fin el avión levantó el vuelo, muchos pensaron que lo peor había pasado. Error.
Al aproximarse a Madrid, la niebla también esperaba a la expedición en su destino, hasta el punto de hacer imposible su aterrizaje en el Adolfo Suárez Madrid-Barajas por las características del avión ATR72-600.
Ante esta circunstancia, la aeronave ha pasado otra media hora dando vueltas sobre la provincia de Guadalajara, antes de emprender rumbo a Valencia, donde ha tomado tierra a eso de las once y cuarto de la mañana; es decir, casi tres horas después de la hora en la que los pasajeros deberían haber puesto un pie en Madrid.
A orillas del Turia, al pasaje le ha tocado reordenar sus desbaratadas agendas, recalcular planes y asumir que volar desde La Rioja, en ocasiones, implica poner rumbo a lo desconocido.


