El viñedo ha despedido el 2025 y ha inaugurado el nuevo año empañado por temperaturas bajo cero, nieves, nieblas y mucho frío, algo que celebrar unido a las lluvias que también han caído en los últimos días. Un astro invernal que acompaña positivamente a las labores de poda que se realizan durante estos meses.
«Hay años en los que tenemos meses de noviembre y diciembre en los que parece que no llega el frío, pero esta vez ha sido algo continuo y eso ha dejado las viñas en perfectas condiciones para podar, con una madera ya dormida, en reposo y bien curada. Esto permite hacer unos mejores cortes», celebra Julián Palacios, ingeniero agrónomo de la empresa de consultoría Viticultura Viva.
Un frío helador, aún así, que ha frenado también la faena en muchas ocasiones, especialmente durante las primeras horas de la mañana en las que la madera está todavía congelada. «En estos casos no es bueno cortar porque se suelen astillar más los cortes. De hecho, si hace mucho frío tampoco es habitual trabajar en el campo teniendo en cuenta que para este tipo de poda hay margen de tiempo suficiente, a diferencia de la poda en verde o espergura. Aquí podamos en pudiente, como solemos decir».
Entre esas recomendaciones, evitar los días de lluvia es también una de las pautas de este experto en poda: «Aquí en Rioja, por nuestra latitud, no es habitual que haya muchos días seguidos de precipitaciones, por lo que se puede esperar. La lluvia al final es un factor de dispersión de esporas de hongos que pueden provocar problemas de contaminación de enfermedades de la madera en esas heridas de poda. Además, si se puede, es mejor evitar los días de niebla porque esta también es un vehículo de crecimiento de hongos. Lo ideal siempre es podar con tiempo seco».

Palacios lleva casi 15 años impartiendo cursos de poda y ha pasado de ver cómo estos eran algo anecdótico a convertirse en una práctica de moda. «Hace diez años no se le daba importancia a hablar de poda y ahora este tipo de cursos formativos están muy extendidos. Esto es porque se ha constatado que las prácticas de poda que se han llevado en las últimas décadas motivadas por diferentes escenarios sociales y económicos, unas prácticas en las que se han olvidado los principios básicos de poda, han derivado en un rápido decaimiento de los viñedos que con 20 o 25 años se están arrancando», refleja este asesor vitícola. Se trata de recordar, de reaprender y ahí el interés del sector es cada vez más creciente, tanto por parte de bodegas particulares como de asociaciones de bodegas y sindicatos agrarios.
«Ha habido un cambio de conciencia, un replanteamiento de que hay que hacer mejor las cosas. En lo que más incido es en la importancia de podar bien porque, como decía el ingeniero agrónomo Nicolás García de los Salmones, lo más caro es podar mal. Y es que esto puede traer consecuencias muy negativas en el viñedo a medio y largo plazo, provocando mayor mortalidad en las cepas, menor longevidad del viñedo, más desequilibrios y mayor proliferación de enfermedades de madera. Una mala poda es sinónimo de cortes agresivos, de mucho tamaño. Es no tener claro cómo cicatriza la vid para saber hacer esos cortes y es no saber cómo se comporta el viñedo. Al final esta planta es una liana y tiene unas peculiaridades diferentes a otros cultivos leñosos».

Se trata, por tanto, de trasladar ese conocimiento a los podadores y esa «dedicación» que mostraban antaño. «Nuestros padres y abuelos podaban ellos todo su viñedo y también eran quienes esperguraban sus cepas. Todo lo hacía una misma persona y conocía a la perfección cómo había que trabajar. Una dedicación que con el tiempo ha cambiado y por eso creo que hay que volver a repasar esas buenas prácticas en viticultura. Si estamos buscando viñedos orientados a un mayor nivel cualitativo que aporten valor, que es en lo que trabaja la mayoría de gente en esta denominación, hay que cuidar los viñedos para que puedan vivir muchos años y que sea una inversión que perdure en el tiempo», sentencia Palacios.


