Cultura y Sociedad

En qué creen los riojanos: menos rezos y más familia

El barómetro publicado por el Observatorio del Pluralismo Religioso en España ha puesto sobre la mesa una fotografía de las creencias de los riojanos

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares

Astrología, vida después de la muerte, reencarnación y ángeles, pero también vacunación, cambio climático o amor por las mascotas. El barómetro de creencias publicado por el Observatorio del Pluralismo Religioso en España ha puesto sobre la mesa una fotografía sorprendente de La Rioja. Ya no basta con pensar en una región homogénea o tradicional: las respuestas muestran una mezcla de convicciones y nuevas formas de entender la espiritualidad que marcan un cambio claro en la identidad riojana. La familia, el crecimiento personal o las mascotas se colocan como los grandes motores vitales, por encima de la religión. Además, la región destaca por su apoyo a la vacunación, la eutanasia y el aborto, dibujando un perfil social sorprendentemente progresista. Los riojanos creen en cosas muy distintas entre sí, desde viejas tradiciones hasta ideas más contemporáneas, y ese mosaico va dando forma a una región menos uniforme y mucho más curiosa de lo que parece.

La mitad de los riojanos -exactamente un cincuenta por ciento- afirma tener algún tipo de creencia religiosa. Sin embargo, ese dato, que en otros tiempos habría bastado para dibujar un retrato bastante claro, hoy se mezcla con otros que complican la ecuación. Solo un treinta y uno por ciento dice creer en un dios único, mientras que el cincuenta y tres por ciento se identifican como católicos, una cifra que sigue siendo mayoritaria pero que ya no domina las creencias de la región. Frente a ellos, un diecisiete por ciento se declara ateo, un tres por ciento agnóstico, y un diecinueve por ciento asegura que la religión le resulta simplemente indiferente. En un rincón más pequeño, pero igualmente vivo, aparece un siete por ciento que sigue otras religiones, ya sean minoritarias, recientes o importadas por nuevas corrientes migratorias.

Cuando se pregunta por creencias específicas, el mapa se vuelve aún más colorido. El treinta y nueve por ciento de los riojanos cree en el alma. Un treinta y dos por ciento confía en la existencia de energías —esas fuerzas invisibles que muchos relacionan con bienestar emocional o espiritual— y un treinta y cinco por ciento cree en la vida después de la muerte.

Otros elementos más tradicionales, como los ángeles (veinticuatro por ciento) o los milagros (veintiuno por ciento), conviven con creencias nuevas o reactivadas: la astrología convence al veinticinco por ciento de los encuestados, mientras que la reencarnación reúne al trece por ciento. Más minoritarias resultan la videncia y las terapias espirituales para curar enfermedades, ambas con un ocho por ciento, pero no por ello menos significativas en una región que observa, mezcla y adapta todo lo que llega.

Donde sí se percibe un cambio profundo es en la práctica religiosa. Solo un seis por ciento asiste a actos litúrgicos varias veces por semana y un ocho por ciento lo hace una vez a la semana. La mayoría, sin embargo, mantiene una relación distante con el culto: un dieciocho por ciento acude únicamente en ocasiones especiales —bodas, funerales, bautizos— y un contundente cuarenta y cinco por ciento no asiste nunca. Algo parecido ocurre con la práctica de rezar: un tres por ciento lo hace varias veces al día, un diez por ciento una vez al día, pero casi seis de cada diez riojanos (cincuenta y nueve por ciento) nunca reza.

Las mascotas dan sentido a la vida de un 57 por ciento de los riojanos

Sin embargo, cuando se pregunta por qué da sentido a la vida, el guion cambia por completo. La familia aparece como un pilar inamovible: el noventa y seis por ciento la sitúa en la cima, el porcentaje más alto de España. Después vienen el crecimiento personal (ochenta y seis por ciento) y las amistades (setenta por ciento), que muestran una sociedad que mira hacia adentro tanto como hacia afuera. Las mascotas, curiosamente, ocupan un lugar inesperado: un cincuenta y siete por ciento dice que dan sentido a su vida, también la cifra más alta del país. La religión, en cambio, queda lejos: solo un veintiséis por ciento la menciona como fuente vital.

Este cambio se refleja en la forma en que los riojanos desean que la religión participe en la esfera pública. Casi la mitad, un cuarenta y siete por ciento, cree que la enseñanza religiosa debería quedar fuera de la escuela pública. Y cuando se habla de símbolos religiosos, un veinticuatro por ciento aboga por prohibirlos en cualquier lugar público, mientras que un quince por ciento iría aún más lejos y los retiraría de todas partes. La relación con las instituciones religiosas tampoco sale bien parada: un sesenta y nueve por ciento considera que las iglesias no deberían tener beneficios fiscales, y un cincuenta y nueve por ciento rechaza que una parte de la declaración del IRPF pueda destinarse a la Iglesia.

En cambio, cuando el debate se mueve a cuestiones sociales y científicas, la postura de los riojanos se torna clara y rotunda. Un ochenta y nueve por ciento defiende la vacunación como herramienta fundamental para proteger la salud —uno de los niveles más altos del país—. El setenta y tres por ciento percibe el cambio climático como una amenaza real. Y en temas éticos, la región muestra un perfil progresista: un ochenta y cinco por ciento considera que la regulación de la eutanasia es un avance, y un setenta y tres por ciento defiende el derecho al aborto, también entre los porcentajes más elevados de España.

Las creencias de los riojanos dibujan un paisaje en transformación: una sociedad que ha dejado atrás la práctica religiosa habitual, pero que sigue buscando sentido en muchos otros lugares. Una mezcla de tradición y nuevas sensibilidades que se ajusta con el tiempo, se oxigena y encuentra su propio equilibrio.

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