Cultura y Sociedad

Riojanas viviendo en Alemania: «Te obliga a espabilar»

Hace poco más de un mes, Malena Leiva hizo las maletas y cogió un avión rumbo a la ciudad alemana de Stutgart. La motivación era triple. Por un lado estaba el hecho de que siempre «había querido vivir la experiencia de estar un tiempo en el extranjero». También está la cuestión del dinero. Malena estudió Educación Infantil y en Alemania los sueldos son mucho más altos. Por último, allí «no tenía que sacarse unas oposiciones para poder trabajar de lo que me gusta, ni pasar procesos larguísimos como pasa en España».

En lo administrativo, el cambio fue sencillo. Lo emocional ya es otra cosa. Aunque lleva año y medio mentalizándose, el cambio «es un shock, te pille donde te pille; hayas pensado lo que hayas pensado. Al llegar aquí eres consciente de que te las tienes que apañar sola».

No sabe cuándo volverá, pero tiene claro que no será dentro de poco. «Después de haber estudiado el idioma, volverme en un año o dos me parecería una pérdida de tiempo. He venido con la idea de quedarme a largo plazo. Cinco, seis, siete años, depende de cómo me vaya, de si de verdad me siento a gusto y si de verdad estoy bien», cuenta Malena. Otra cosa que tiene claro es que volverá. No sabe cuándo, pero lo hará. «Me sale la vena patriota, pero es que como en España…en ningún sitio», bromea.

Lo que más echa de menos de La Rioja es el sentarse en una terraza, sea invierno o verano, eso da igual. El ir a La Laurel a tomar algo. Salir de casa y no saber qué va a pasar ese día, si vas a acabar tomando cervezas en un bar y luego terminar de fiesta. Eso, y la «cercanía» de la gente.

Lo primero que va a hacer cuando venga de visita es pedirse un blanquito dulce y acompañarlo de un buen pincho de tortilla. O unas buenas bravas. «Son cosas que echo bastante de menos y sin duda serán lo primero que haga cuando llegue», cuenta.

María Martín es más veterana. Lleva ya tres años residiendo en Alemania. En su caso, primero vivió en Berlín seis meses, luego vivió en Múnich un año y ahora está viviendo de nuevo en la capital. Estudió Diseño Gráfico en la ESDIR y Fotografía en La Casa de la Imagen. Allí, trabaja como diseñadora gráfica en una agencia de relaciones públicas.

El gusanillo por irse a vivir fuera ya le picó cuando hizo el Erasmus en República Checa durante la pandemia, así que la experiencia le supo a poco y se quedó con ganas de vivir más «ese ambiente tan internacional, tan europeo». Cuando descubrió que podía solicitar becas extracurriculares en el extranjero, no lo dudó y puso rumbo a Berlín.

Como todo cambio, fue bastante «intenso». «Tienes que lidiar con un proceso burocrático que, tal vez, las primeras semanas no lo tienes tan claro. Si en general cuesta, en un idioma que no es el tuyo cuesta un pelín más. También el tema vivienda está complicado en Alemania, al igual que en España, pero bueno, aunque haya momentos caóticos también son muy emocionantes. Todo es nuevo: la ciudad, la cultura, la forma de trabajar… es una situación que te obliga a espabilar», expone María.

«La vida en Alemania es un poco diferente. Al final, es más estructurada, la gente es más reservada… cuando estoy en España siento que es todo un poco más improvisado. Pero todo al final depende mucho del círculo social en el que te muevas. Yo me muevo en un ambiente muy internacional, donde todos nos adaptamos a todos y si un día hay que cenar a las seis de la tarde…pues no pasa nada», cuenta.

Eso es justo lo que más le gusta de Alemania: «La diversidad y la libertad que se respira aquí. También la actividad cultural, que es muy amplia y bastante económica. Hay cientos de museos, galerías, puedes ir al teatro, a la ópera, conciertos… Tienes un poco de todo».

María no sabe si se quedará allá a largo plazo: «A veces pienso que sí, porque cuando estoy en Logroño echo de menos Berlín; pero cuando estoy en Berlín, echo mucho de menos Logroño. Yo me siento muy de casa, muy de Logroño. Cada vez que hablo de Logroño siento la ilusión que me hace hablar de mi ciudad. Al final estoy en Alemania por un tema laboral y nunca se sabe. Quizás encuentre una oportunidad en Logroño y vuelva».

En lo que más echa de menos coincide con Malena: la cercanía y la naturalidad de la gente. «Y la comida, obvio». Y, al igual que Malena, lo primero que va a hacer al volver es comerse un pincho de tortilla pero, en su caso, marinado con un buen tinto.

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