El Casco Antiguo de Logroño ha iniciado un movimiento silencioso, casi subterráneo, que se percibe al caminar por la Plaza del Mercado y sus calles más próximas. Solo hay que observar con atención todos esos portalillos que pueden confundir al visitante, que no sabe si se trata del acceso a una vivienda o es lo que puede parecer fuera del horario comercial: un espacio dedicado al comercio local.
Durante años, los portalillos se han ido quedando sin persianas que subir y sin vecinos que abrir la puerta de un comercio. Las últimas mercerías, tiendas de comestibles y negocios de proximidad han ido cediendo espacio a bares, pisos turísticos y sobre todo locales vacíos. Pero, en los últimos meses, el patrón ha empezado a cambiar: han vuelto a encenderse luces en escaparates que parecían condenados al recuerdo.

El comercio de ciudad ha vuelto a la Plaza del Mercado.
La reapertura más simbólica ha sido la de Bynds, la marca creada por la diseñadora riojana María Heras y su hijo Elvis, que ha devuelto vida al histórico local de El Barato. El proyecto se ha instalado en el número 23 de la Plaza del Mercado, respetando aparadores y vitrinas originales, y añadiendo elementos propios de su estética retro-sport. Para muchos vecinos, se ha convertido en un ejemplo de cómo recuperar un espacio comercial sin perder memoria ni identidad.
Pocos metros más allá, otro gesto similar ha comenzado a tomar forma. La familia Lanchares ha decidido reabrir el bajo que ocupaba La Galería para transformarlo en Lanchares El Mercado, una tienda de artesanía y curiosidades que busca rescatar la esencia del comercio de ciudad. Arancha Lanchares, vecina del número 15 y defensora apasionada de la historia del entorno, hace camino con el ejemplo, en una implicación directa por recuperar para Logroño un Casco Antiguo amable, vivo e interesante.
Pero este renacer no llega solo de la mano de proyectos artesanales o de autor. En Capitán Gallarza, junto a los accesos a la Plaza de Abastos, Bodegas Cerrolaza ha iniciado la reforma de un local para abrir una vinoteca premium que operará bajo el nombre de Déjà vu. Además de comercializar sus vinos y productos delicatessen, el espacio contará con un fotomatón que imprimirá fotos como etiquetas de botella, pensado para quienes visitan la Laurel o la San Juan y buscan llevarse un recuerdo distinto. Además, alrededor de la Plaza de Abastos de Logroño irán surgiendo próximamente nuevos proyectos de carácter enogastronómicos, dirigidos a todo ese importante tránsito de personas que cada fin de semana van y vienen de la Laurel a la San Juan, y al revés.

Locales disponibles en los bajos exteriores de la plaza de abastos de Logroño.
En paralelo, el Casco Antiguo también está acogiendo otro tipo de proyectos más adaptados a la nueva realidad turística de la ciudad. En Portales 19, está a punto de abrir el primer supermercado del Casco Antiguo, un Carrefour Express orientado a compras rápidas y necesidades inmediatas. En Muro de Cervantes, el local de la antigua Ferretería Larrea se va a transformar en un salón de uñas y peluquería. Y en Sagasta, la tienda Petit Paris será reemplazada por una franquicia de gofres para llevar, siguiendo la estela que abrió Melt en la cercana Hermanos Moroy.

Una vinoteca y una tienda de gofres cambiarán pronto esta esquina logroñesa.
El mapa que se está dibujando muestra un Casco Antiguo que se mueve entre dos pulsos: el de quienes reivindican la necesidad de un comercio singular y de cercanía, dirigido a los vecinos que aún residen en el centro histórico de Logroño, y el de quienes ven necesario atender una ciudad con más visitantes que vecinos en muchas de sus calles históricas. La proliferación de apartamentos turísticos está cambiando hábitos, demandas y ritmos -de ahí que haya surgido un espacio de lavadoras en plena calle Sagasta-, y el comercio se ha ido adaptando a esa nueva composición social, en la que conviven peregrinos, turistas de fin de semana, jóvenes que buscan ocio nocturno y residentes que reclaman equilibrio.
Y es que en una de las mejores esquinas de la ciudad, la que conecta la remodelada calle Sagasta con El Espolón a través de la calle Bretón de los Herreros, ha surgido un doner kebab y asador de pollos. Una gran esquina de ciudad con rulos de carne, toppins para condimentar al gusto y pollos asados para saciar el hambre a cualquier hora del día.

Para dar servicio a los pisos turísticos, Sagasta pronto contará con un centro de lavadoras.
Lo que sí parece claro es que los portalillos, durante años símbolo de un comercio que se desvanecía, han comenzado a recuperar actividad. Y aunque la naturaleza de los nuevos negocios sea diversa —desde artesanía hasta comida rápida, desde vinotecas hasta supermercados exprés—, el movimiento apunta a un Casco Antiguo que está explorando una nueva identidad. Una identidad híbrida, cambiante, todavía por definir, en la que Logroño intenta no perder su esencia mientras abraza a quienes llegan a descubrirla.


