Desde este domingo puedes visitar el árbol de Navidad más especial en el parque Gallarza. Lo que lo hace único no es su altura, ni las luces que lo adornan, si no su significado. Este árbol simboliza que Logroño es diverso y es multicultural. Es refugio y, por eso, aquí nadie se siente extranjero.
El sol de diciembre ha permitido a los asistentes de una jornada de lo más simbólica en la que la que la diversidad ha sido la protagonista y que ha reunido a vecinos y miembros de diferentes asociaciones. Y, para terminar de entrar en calor, también había chocolate caliente, la bebida por excelencia de estas fechas. «Ha sido muy agradable poder compartir lo que hemos hecho con un montón de compañeros de las diferentes asociaciones», cuenta Andrea, de APRELAR.
La iniciativa surge de la mano del proyecto municipal Logroño Intercultural. «Con motivo de las navidades y para poder incluir a todos los vecinos y vecinas hemos decidido hacer esta actividad comunitaria. La idea es que se dejara huella en la ciudad», señala Laura, de Logroño Intercultural. También busca «crear esa chispa de curiosidad para que la gente se implique un poquito más en lo que nosotros hacemos».
La estructura está forrada con papel film transparente, sobre el que todo aquel que estaba dispuesto a mancharse las manos ha podido dejar su huella. «Cada mano representa que Logroño es diverso», cuenta Nieves, de la Asociación Amigos de China.

También los hay que han preferido coger el pincel y dibujar o escribir algo como ha hecho Nieves, que se ha decantado por escribir ‘Feliz Navidad’ en chino. Para Nieves, este árbol también simboliza que «con nuestro empeño y nuestra fuerza todo sale adelante. Sentimos orgullo de verdad de que esto haya podido salir».

«Este tipo de actividades lo que hace es facilitar la participación activa de las personas de diversidad cultural como un vecino más, que de eso se trata», apunta Laura. «Con cada actividad que hacemos nos estamos conociendo más, y nos hacemos más cercanos. Como una familia cada vez más grande», añade Marioara, de la Asociación Herencia Rumana.
El árbol, que se puede visitar hasta el 7 de enero, representa la diversidad y, en palabras de Andrea: «La comunión que tenemos nosotros con nuestras culturas y las ganas de que la gente las vea, porque es una maravilla tener tantas diferencias y, a la vez, tantas similitudes».


