El sector vitivinícola, pese a ser uno con un carácter tradicionalmente estable, uno en el que las decisiones se toman a largo plazo, afronta vaivenes en los mercados en lo que respecta a los movimientos empresariales. Todos ellos fruto de la reestructuración motivada por la situación de caída del consumo de vino que obliga a las bodegas a reorganizar su funcionamiento.
El último cambio ha llegado desde Bodegas Sonsierra, la hasta hace una semana cooperativa de San Vicente de la Sonsierra. El reciente cambio de su estructura jurídica la convierte a partir de ahora en Sociedad de Responsabilidad Limitada. Un movimiento que responde, según fuentes de la propia bodega, al objetivo de dotar al proyecto de «una gestión más ágil, profesional y competitiva en un mercado internacional cada vez más exigente».
La antigua cooperativa de esta localidad, que en los últimos años venía afrontando la pérdida progresiva de socios ante la falta de liquidez derivada por la bajada de ventas y las últimas inversiones realizadas, busca con esta acción atraer inversión «orientada a la modernización». De igual forma, apuesta por reforzar el posicionamiento de las marcas en un contexto de profundo cambio en el mundo del vino, al tiempo que pretende «asegurar la estabilidad y continuidad del modelo en el largo plazo».
El proceso de transformación ha contado con un respaldo holgado por parte de los socios (un 87 por ciento ha votado a favor), que seguirán presentes en el accionariado de la nueva sociedad. Además, el proyecto mantiene intacta su esencia: la bodega continuará vinculada a sus viticultores, pero operará bajo un modelo empresarial diseñado para «responder con mayor eficacia a los retos de los mercados globales».
Desde Oyón, la compañía formada por Bodegas Valdemar, SA y Valdemar Family, SL (la bodega que la familia Martínez Bujanda inauguró hace ya seis años en Walla Walla, Estados Unidos) ha anunciado un plan de reestructuración para ampliar los plazos de las deudas bancarias y que ha sido acordado por casi la totalidad de los bancos acreedores. Una refinanciación con la que la compañía busca garantizar su viabilidad después de que la situación actual no se la prevista hace años.
Por otro lado, los accionistas de Bodegas Riojanas han aprobado el aumento del capital social de la firma por un importe efectivo máximo de ocho millones de euros. Un incremento que se realizará mediante la emisión y puesta en circulación de un máximo de 10.666.666 nuevas acciones ordinarias, con exclusión del derecho de suscripción preferente.
Donde también se avecinan cambios es en el seno de la familia Martínez Zabala, que ha contratado los servicios del banco de inversión Rothschild & Co para poner precio a Bodegas Faustino. Una decisión que podría abrir la puerta a una futura entrada de inversores o a un replanteamiento de la estructura accionarial del holding familiar.
En paralelo, el fondo estadounidense Carlyle ha iniciado la venta de su participación del 68 por ciento en Codorníu, la empresa de cava más antigua de España propietaria de la jarrera Bodegas Bilbaínas, tras siete años en su accionariado.


