Caminante, se hace camino al andar, pero también al preservar y al recuperar. Todas esas sendas, esos caminos que atraviesan montes, conectan pueblos y aldeas, son obra de la mano humana. Manos que se afanan en conservar y proteger el patrimonio natural, en hacerlo transitable y, sobre todo, en restaurar parte de la historia rural de estos estos territorios que han caído en el olvido. En parte, por el inevitable fenómeno de la despoblación que deja huella desde hace décadas, pero también por la pérdida de las actividades agrarias y por el propio desconocimiento.
Fernando, descendiente de Jubera, es uno de los que aportan su tiempo y su esfuerzo para velar por el mantenimiento de estos senderos, en muchos casos, perdidos a causa del paso del tiempo. Sus manos, junto con las de otros voluntarios concienciados por la importancia de estas actuaciones, han retirado maleza, picado piedras, allanado terrenos y creado pasos seguros para abrir nuevos espacios donde disfrutar del monte, descubriendo un patrimonio natural e histórico a veces oculto por el abandono.

«Esto es parte de la identidad local de los pueblos, de sus gentes, de quienes vivieron en décadas pasadas. Nosotros nos encargamos de recuperar todo eso porque nos gusta disfrutar de la naturaleza y porque consideramos que tiene un gran valor», refleja. Entre los trabajos realizados, este apasionado del ciclismo y el senderismo también ha participado en la limpieza y acondicionamiento de los senderos que conforman la Marcha Solidaria Valle del Jubera, que ya acumula dos ediciones y cuya recaudación va destinada a apoyar a las familiar riojanas afectadas por ELA.

A ello también se suma la restauración y preparación de sendas más allá de los montes riojanos. Es el caso de la famosa carrera Trans-Nomad, la prueba de enduro de montaña que se celebra en el Pirineo y en la que este riojano y otro compañero ejercieron hace varias ediciones como ‘bike patrol’, ciclistas expertos encargados de garantizar la seguridad durante la competición, comprobando las condiciones del terreno, así como dar asistencia a los propios usuario.
«De aquella experiencia aprendimos mucho porque hay cuestiones técnicas y detalles que hay que tener en cuenta a la hora de hacer estos trabajos. Ante todo, pretendemos que los caminos que creamos sean seguros para los senderistas y para quienes participan en las pruebas deportivas. A vece toca crear caminos alternativos porque rehabilitar los tradicionales es prácticamente imposible o mucho más costoso», apunta.

Pero antes de coger la desbrozadora, la azada o la pala hay que hacer un trabajo previo de investigación: «Nosotros dedicamos tiempo a la consulta de archivos, mapas antiguos, también catastrales y topográficos para conocer la historia de ese entorno, además de buscar información con los propios vecinos de la zona, los más mayores, que recuerdan esos caminos que antiguamente tenían tanta función». Después, puesto en conocimiento de los Ayuntamientos implicados, toca diseñar el trazado donde se va a actuar con todo lo que ello implica: «Definimos el recorrido a ejecutar, comprobamos y definimos el nivel de dificultad técnica del mismo, diseñamos los posibles enlaces que pueda haber con otros senderos o zonas y, seguido, toca ponerse manos a la obra».

Un voluntario abre paso en una senda con la retirada de unas rocas de gran tamaño.
La retirada de ramas y escombros, desbroces, restauración de puentes, de pasos de agua y muros de contención para reforzar el suelo y estabilizar el terreno, colocación de balizas y postes direccionales son algunas de las faenas que comprenden estas actuaciones. Y después de todo ello queda la última, y más importante, fase: garantizar la continuidad. «Si no se realiza un mantenimiento periódico de esas sendas acondicionadas, no servirá de nada el trabajo y tiempo invertidos. Para ello la organización de marchas populares y pruebas deportivas facilitan esta preservación y cuidado porque aseguran que ese sendero no volverá a desaparecer», remarca.
Fernando incide en que todo este trabajo tiene un trasfondo que abarca más objetivos: «La recuperación y limpieza de senderos no es solo una cuestión de ocio; es una forma de impulsar el desarrollo rural sostenible desde el plano social y económico, por no hablar de la labor en materia de prevención de incendios que implica. Lo importante es concienciar sobre la importancia de todo esto para que haya más voluntarios que se animen a participar en estas tareas».
En este sentido, unido a esa figura de voluntarios es clave el papel de las administraciones locales y autonómicas que ya colaboran e impulsan proyectos de esta índole, así como asociaciones vecinales, culturales, de senderismo, universidades y centros de investigación. «Esto debe ser, y es, un trabajo de todos por asegurar el mantenimiento de nuestros montes y el disfrute de ellos desde el respeto».


