Hay un espacio en Logroño donde el sonido de las máquinas de coser se entremezcla con las voces que comparten pasión e ideas. Mireya Armatta ha abierto en el centro de la ciudad algo más que un taller, ha puesto en marcha el primer ‘cosewing’ textil de La Rioja.
Y te preguntarás, ¿que es un ‘cosewing’? Así, entre nosotros, es como un ‘coworking’ de sastres, o más bien un coworking enfocado al diseño, patronaje y costura. Entre rollos de tela, maniquíes y la luz perfecta, este espacio ubicado en la calle Saturnino Ulargui, 2, se habla un lenguaje común, el de la moda.
El camino de Mireya empezó con un sueño. Nacida en Bolivia y establecida en La Rioja desde los diecinueve años, estudió diseño de moda en la Esdir, la escuela que más tarde la recibiría como profesora. Tras años dedicada a crear vestidos de novia y trajes de invitadas además de poner en marcha su propia línea de alpaca, Mireya sintió que algo le faltaba por hacer, y era devolver lo aprendido.

«Compartir lo que he descubierto en estos ocho años ha sido lo que más sentido ha dado a este ‘cosewing'». El paso por las aulas la ha reconciliado con el origen de todo: la curiosidad, la emoción de descubrir algo nuevo y la sensación de aprender con otros. «Enseñar me encantó. Recordaba lo que necesitaba cuando era alumna y quería ofrecerlo a otros». Esa conexión entre su yo de estudiante y su yo de profesora ha sido el hilo con el que se ha cosido este espacio donde enseñar y aprender pudieran coexistir.
El cosewing (mezcla de las palabras inglesas ‘sewing’ (coser) y ‘coworking’) es una idea sencilla y revolucionaria a la vez. «Yo tenía el espacio, la maquinaria, las herramientas… y pensé: ¿por qué no compartirlo?», explica Mireya. A partir de esa pregunta, su taller nupcial empezó a transformarse. Los metros cuadrados que antes eran territorio exclusivo de sus diseños se convirtieron en un lugar de encuentro para aprender, crear y soñar con las manos.
Este primer ‘cosewing’ textil de La Rioja funciona como un laboratorio abierto de moda, donde conviven profesionales, estudiantes y curiosos. En una misma tarde, se pueden escuchar los golpeteos de una máquina industrial junto a las risas del club de punto, un grupo de mujeres que se reúne cada semana para tejer y compartir café, agujas y confidencias. También hay ‘showrooms’ de diseñadores locales, clases de patronaje y confección, proyectos personales que comienzan entre retales y conversaciones que acaban convirtiéndose en colaboraciones. «Hay personas que empiezan desde cero y otras que ya han estudiado. Aquí se mezclan, se ayudan y aprenden unas de otras».

Aquí, se habla de la vida al ritmo de las puntadas, y se mezcla la energía de las nuevas generaciones y la experiencia de las que ya llevan mucho tiempo con el dedal puesto. «Yo también aprendo de ellas al cien por cien. El día que deje de aprender, adiós».
Sin duda, el ‘cosewing’ es, además de una forma de trabajar, una manera de entender la moda a través de un lenguaje colectivo. El modelo que propone Mireya no solo pasa por vender sus creaciones, sino por compartir experiencias y conocimiento. «Es un espacio donde el comercio tradicional se reinventa desde la colaboración y donde la moda deja de ser un producto para convertirse en proceso. Cada diseño que nace allí lleva consigo la energía de una comunidad que comparte materiales, consejos y, sobre todo, tiempo».
Porque en una época donde la producción en serie y el consumo rápido están a la orden del día, la propuesta de Mireya apuesta por la lentitud, la cercanía y la cooperación. «El mercado siempre tiene espacio para quien tiene constancia y pasión. Pero hay que aprender a mirar más allá del producto: ver el valor de lo hecho a mano, del tiempo invertido y del aprendizaje mutuo».
Mientras muchas voces asocian el éxito de la moda con irse lejos, Mireya ha decidio quedarse y construir desde su propio territorio. «Logroño es una ciudad ideal para vivir. Si no existe el trabajo que sueñas, créalo tú. Ir haciendo comunidad en torno a lo que te gusta es bonito. Nunca sabes a dónde puede llevarte».


