El Rioja

Viña Salceda embotella la Sonsierra y el Alto Najerilla de altura

David González, enólogo de Viña Salceda. | Foto: Leire Díez

La bodega Viña Salceda, del grupo Perelada Chivite, ha presentado dos nuevas referencias de la añada 2023, Pico Palomares y Cabezaparda, cuyos llamativos nombres rinden homenaje a dos de las cimas más altas de La Rioja. Con estas elaboraciones, la bodega reafirma su enfoque en el terruño, destacando la riqueza y pluralidad que ofrece la Denominación de Origen Rioja Calificada. Caracterizados por un acertado balance entre intensidad, finura y paisaje, ambos vinos proceden de viñedos cultivados en altura y se enmarcan en la gama Parajes.

Tanto Cabezaparda como Pico Palomares nacen como dos relatos que se entrelazan, dos maneras de entender una tierra que, aunque compartida, se expresa con voz propia.​ Forjados en altura, se abren al paisaje más escarpado de la región, representando la síntesis de unas subzonas que, aunque próximas, mantienen distintas miradas: la sutileza del Alto Najerilla frente al vigor de la Sonsierra.

«Ambas zonas son totalmente opuestas en carácter, con suelos de mucha caliza y poca materia orgánica en la Sonsierra y otros más rojizos, con mucha presencia de hierro, siles y arcilla en el Alto Najerilla. La orientación también juega un papel clave, con viñas mirando al norte en el Alto Najerilla mientras que en la Sonsierra la orientación es más sur, por no hablar de las variedades, con el tempranillo para Pico Palomares y la garnacha para cabezaparda. Además, también hay una filosofía entre las dos zonas porque el Alto Najerilla siempre ha sido una zona menos reconocida, con una viticultura y una forma de entender la viña diferentes», refleja el enólogo de Viña Salceda, David González, como buen conocedor de estas dos zonas.

Dos vinos de paraje pero muy diferentes entre sí: «En una cata con estos dos vinos parece que se caten referencias de distintos países y en realidad son de la misma región, lo que demuestra la gran diversidad que hay en la denominación y su riqueza de terruños».

La elección de los nombres responde, por un lado, a la afición de González por la montaña, y por otro, por ser los dos picos que dominan la Sierra Cantabria, en la Sonsierra, y la de la Demanda, en el Alto Najerilla.

Pico Palomares, que toma su nombre de la cumbre de 1.446 metros que domina la Sonsierra, se elabora a partir de las variedades tempranillo y graciano, procedentes de viñedos viejos en vaso cultivados en suelos con gran componente calizo y situados a elevada altitud. Inspirado en la cima que marca el horizonte de uno de los paisajes más emblemáticos de la zona, este vino nace donde el sol golpea con fuerza, guiando la maduración y dando estructura al tempranillo, que aquí alcanza su expresión más completa. Potente y con carácter, pero al mismo tiempo fino y sedoso, Pico Palomares hace gala de un extraordinario equilibrio. A su vez es frutal y floral, pero con la complejidad y mineralidad que aportan los mejores viñedos de la zona, ubicados en la falda de la Sierra Cantabria.

De color rojo picota brillante, muestra una buena intensidad aromática, con mucha complejidad y profundidad en nariz: desde la tiza, que evidencia el origen calcáreo del suelo, a notas oscuras de fruta negra, regaliz, especias y finos tostados. En boca, este tinto maduro resulta redondo y placentero, con un equilibrio total entre alcohol, acidez y tanino. A pesar de ser rotundo, ofrece un final fresco y delicado, con buena acidez.

Por su parte, Cabezaparda -cuyo nombre se inspira en la cima que se alza junto al San Lorenzo, el pico más alto de La Rioja- es un monovarietal procedente de viñas viejas de garnacha, algunas de ellas centenarias, cultivadas en el Alto Najerilla -concretamente en el triángulo formado por Badarán, Cordovín y Cárdenas-, de suelos arcillosos y ricos en hierro. La gran frescura y pureza de la uva denota su lugar de procedencia.

El Alto Najerilla siempre ha estado presente en la historia de la garnacha riojana. Sus viñedos viejos se benefician de la altitud, que marca el ritmo natural de la vid. Durante años, estas parcelas pasaron desapercibidas respecto a otras zonas de Rioja, hasta que se descubrió el verdadero potencial que ofrecían, revelando vinos con personalidad y elegancia propia.

De tonalidad rojiza clara brillante, Cabezaparda desprende una intensidad aromática alta, con destacadas notas de fruta roja, grosellas y fresa silvestre, y también de pimienta blanca, aunque predomina un carácter extraordinariamente mineral sobre el resto de los matices. En boca, se percibe amplio y con muy buena acidez, además de goloso, con un tanino muy pulido, sutil y sin astringencia. Su final es largo, con reminiscencias de frutos rojos de monte. En conjunto, este tinto ligero, fino y sumamente elegante, demuestra una equilibrada combinación de tradición y modernidad.

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