Cuando Katherine y Kelly González aterrizaron desde Medellín en Calahorra, traían una maleta de dudas, otra de ganas y, sobre todo, una convicción: si no encontraban el lugar que echaban de menos, lo crearían. Dos años después de llegar a España y tras un sprint emprendedor que empezó en abril y culminó con la apertura en junio, nació Arte Sano Avenida, un bar-café que mezcla brunch, tardeo, cenas… y pinceles. Sí: aquí se viene a tomar café, a charlar y a pintar cerámica. Y es que, como repiten ellas, «Calahorra necesitaba un sitio para estar a gusto, sin prisas y con algo diferente que hacer».
El germen del proyecto fue una mezcla de inquietud comercial -Katherine lleva más de 20 años como comercial- y pura vida real. Entre turnos en hostelería y trabajos puntuales, la ecuación tiempo–familia no cuadraba. «Estaba cansada de correr de un lado a otro. Quería un lugar propio», recuerda. En esa búsqueda apareció el bar Avenida que había vivido tiempos mejores. Para muchos, una apuesta arriesgada. Para ellas, una oportunidad preciosa. «Me decían si estaba loca, pero estaba convencida».

El ayuntamiento -con asesoría técnica- fue clave para aterrizar la idea, ajustar números y negociar el local con una propietaria que, confiesan, «se había dejado la vida en ese bar y soñaba con verlo renacer». Luego vino la coreografía de reformas y decisiones: carta, colores, vinilos, ese toque cálido que hoy recibe al cliente con una sonrisa y una bata limpia para no mancharse… de pintura.
Porque la gran singularidad de Arte Sano Avenida es que también se pinta. Literalmente. Quien entra puede elegir una pieza de cerámica, pedir un kit con pinceles y paleta, escoger colores y dejarse llevar. Hay parejas que cenan mientras decoran sus piezas, madres que comparten mesa con sus peques cualquier tarde, grupos de amigas que transforman un cóctel en recuerdo esmaltado.
La propuesta gastronómica se organiza con ritmo propio. De 8.30 a 12.30, un brunch sin prisas: croissants, tostadas y creaciones de la casa. De 13.00 a 20.00, territorio tardeo —el gran foco del proyecto— para cafés, picoteo y charlas que se estiran. Desde las 20.00, cenas diarias; y de viernes a domingo, comidas entre las 13 y las 15.30. Si hay encargos o celebraciones, se adaptan: el local ya ha acogido cumpleaños y eventos con ambientazo, pero sin perder la esencia tranquila. «No queremos ser un sitio de ruido; preferimos calidad, limpieza, un servicio atento y que la gente se acomode», explican.

¿Sabores colombianos? Sí, pero con cabeza y respeto al paladar local. «Llegas a un lugar y te adaptas, mezclas», dice Katherine. Así nacieron sus tomates artesanos -producto de aquí con una salsa de la casa- y un ceviche que cruza mares: técnica caribeña, gambas y un guiño riojano con torrezno. Una fusión amable, como el espacio, que invita a quedarse. Para la espera, proponen juegos rápidos que alivian esa avalancha de pedidos que están teniendo. Pequeños detalles que convierten el ‘¿tardará mucho?’ en un ‘qué bien se está’.
El vecindario ha respondido con cariño, y se nota. Se han recuperado clientes que no pisaban el bar desde hacía años; entre semana asoma mucha gente del barrio y los fines de semana la clientela se vuelve heterogénea: Rincón de Soto, Tudela, Logroño, Burgos, incluso Barcelona. Algunos llegan de paso, ven el sitio, frenan y entran. Otros vuelven porque ya lo han aceptado como algo propio. En el interior, una pequeña zona con césped artificial funciona como imán para familias: los niños juegan, los adultos respiran. «Solo por ver eso, ya ha valido la pena», confiesan.

La marca Arte Sano quiere ir más allá del local. En cartera hay iniciativas bonitas: reutilizar posos de café en bolsitas para las plantas o exfoliantes, y lanzar ‘el café mensajero’, un lugar y un horario concreto para que personas que llegan nuevas a la ciudad y quieran encontrar gente con quien conversar sin la incomodidad de las apps y las pantallas. Una mesa compartida, un café, una posibilidad. «Nosotras también lo vivimos: aterrizas y cuesta entrar en una cuadrilla. Queremos facilitar encuentros sanos».
Detrás de todo, late una estética con raíces: la heliconia, la orquídea, el ave del paraíso… símbolos de Medellín y de una alegría que se nota nada más entrar. Y, por supuesto, un equipo cercano: Katherine al frente, Kelly a su lado y Brihan Juspian, aamigo de ambas, completando un triángulo que se mueve con ritmo de cocina y sonrisa de sala.
Los que recuerdan La Avenida de antaño la van a ver reformada y los que la conozcan por primera vez van a disfrutar de un sitio donde un café puede convertirse en una obra de arte.


