Pilar Mazo.- Gemma Vigaray, paciente riojana con cáncer de mama, pide a las mujeres que «no tengan miedo» a someterse a los cribados de detección precoz porque, por su experiencia, detectarlo a tiempo ha sido vital en su lucha contra esta enfermedad, gracias a «una sanidad buenísima» en esta comunidad.
Así lo ha explicado en una entrevista con EFE con motivo de la lectura, este viernes, del manifiesto en apoyo a las pacientes con cáncer de mama en la Plaza del Ayuntamiento de Logroño, en un acto organizado por la Asociación Española contra el Cáncer en La Rioja.
Con temor, Gemma Vigaray, de 51 años, quien reside en Logroño junto a sus dos hermanos, ha subrayado que este viernes tiene una revisión médica de las habituales tras ser operada del tumor y, pese a que se le detectó a tiempo, ha reconocido que sigue teniendo miedo a una posible recaída y «vives condiciona a la vuelva otra vez a reproducirse». Ha lamentado lo ocurrido en Andalucía con los fallos en los cribados del cáncer de mama, que ha calificado de «vergüenza» porque «no se puede jugar así con la vida de las personas».
Su experiencia sobre la sanidad pública riojana a este respecto ha sido y es «muy buena» y ha animado a acudir a la unidad móvil para el cribado del cáncer de mama, incluso a ponerlo en conocimiento de su profesional médico de Atención Primaria ante la más mínima sospecha de un bulto en el pecho, por pequeño que sea, como ha sido su caso.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
De la misma manera se ha pronunciado al transmitir un mensaje de ánimo y de no tener miedo a las mujeres que, como ella, han pasado por el quirófano y los tratamientos contra esta enfermedad, ante los avances en los mismos, que no es como antaño, y ayudan a hacer más llevaderas las secuelas, en especial, en la fase de quimioterapia.
Secuelas psicológicas
Gemma Vigaray ha relatado que le detectaron este tumor por la diligencia de su médica de Atención Primaria, a quien le consultó que se había notado un pequeño bulto en el pecho, cuando, en plena pandemia, le llamó por teléfono para activarle una medicación por un tratamiento que tenía prescrito relacionado con otra patología que sufre.
A partir de aquella llamada telefónica, ha proseguido, se activó todo el protocolo por parte de la sanidad riojana y, de manera rápida, se le practicaron varias pruebas, entre ellas una resonancia, que fue la determinante para confirmar que aquel pequeño bulto que se había notado en casa, viendo la televisión, no era algo benigno.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
«Lo encajé fatal porque no esperaba que fuera maligno», ha explicado esta paciente riojana, quien, sin embargo, ha asegurado que, «¡gracias a Dios!», los especialistas le transmitieron que tenía un buen pronóstico, pero que debía someterse a unos tratamientos, de los que le han quedado «muchas secuelas físicas», en especial, por el fármaco que tiene que tomar durante unos años. El cáncer de mama también deja secuelas que afectan a la calidad de vida, entre ellas la psicológica, ha añadido Vigaray.
Pese a intentar llevar una vida lo más normalizada posible, ha reivindicado un mayor apoyo económico, desde lo público, como por ejemplo, lo puede tener la dependencia porque considera que el cáncer de mama no es una enfermedad común. A este respecto, ha relatado que es profesional de la hostelería y, cuando se le detectó el tumor, no tenía trabajo, pero que, gracias a que residía con sus dos hermanos, le ayudaron.
Sin embargo, una vez finalizados los tratamientos, después de dos años, ha relatado que le resulta difícil encontrar un empleo en este sector, aparentemente, tan demandado de mano de obra.
Una enfermedad no común
Esta, al menos, ha dicho, ha sido su experiencia en el ámbito laboral, en el no desiste para encontrar un empleo porque quiere llevar una vida lo más posible normalizada, pese a que las secuelas ahí están y tiene que seguir durante unos años un tratamiento terapéutico de continuidad.
El apoyo de su familia y amigos, al igual que el de la Asociación Española Contra el Cáncer, ha sido vital para ella, sobre todo, en el plano psicológico, ha incidido. Participar en los talleres de teatro, organizados por esta Asociación cuando estaba sometida a la radioterapia, también «me dio la vida», ha relatado.
Igualmente, ha elogiado la profesionalidad de esta entidad y sus ayudas, aunque ha reivindicado más apoyo, desde lo público, para esta enfermedad, que tiene su alcance y no debiera considerarse como una patología común por las secuelas que deja también en la calidad de vida.


