La Rioja

Calahorra multa a un ciudadano por colgar un cuadro en su casa

A Bachir le llegó hace unos días una carta certificada del Ayuntamiento de Calahorra. Dentro, una resolución: sanción de cien euros por generar molestias con un taladro y golpes en su vivienda. No daba crédito. La multa se refería a algo ocurrido el 23 de julio, una tarde de miércoles, poco antes de las cinco de la tarde, cuando decidió colgar un cuadro de herramientas en la pared de su garaje.

Usaba un pequeño taladro a batería. Nada más. A mitad de la tarea, alguien escuchó el sonido y decidió llamar a la Policía Local. Al poco, una patrulla se presentó en su casa alegando que habían recibido una denuncia telefónica por ruido. Bachir, sorprendido y colaborador, les invitó a pasar. Les enseñó el cuadro, los agujeros y el taladro. Los agentes, sin realizar medición de decibelios ni verificación alguna, se marcharon. Él pensó que el asunto había quedado ahí, hasta que, dos meses después, se ha encontrado con una multa en la mano.

Es difícil de creer. La Ordenanza de Vía Pública de Calahorra, aprobada en 1986, prohíbe realizar ruidos o movimientos de muebles entre las once de la noche y las ocho de la mañana para evitar molestias a los vecinos. Nada dice de las cinco de la tarde. «Pregunté si es que tenía que pedir permiso para colgar el cuadro, pero me dijeron que no».

La multa, más que el dinero, ha sido la gota que ha colmado un vaso lleno desde hace años. Tras más de 20 años años viviendo en la ciudad, hace cinco Bachir decidió comprarse su propia casa en la travesía El Sol y asegura que desde el primer día su vida allí es un auténtico martirio. «Vivir aquí es vivir en el infierno», repite. Llegó con la ilusión de estrenar casa y poco a poco irla reformando. La ha dejado preciosa. Pero todo se torció por culpa de un vecino «que no me deja vivir tranquilo».

Recuerda perfectamente el primer día que lo conoció. «Fui a presentarme, con toda mi buena intención, para decirle que podía contar conmigo para lo que necesitara. Al día siguiente me dijo que iba a hacer todo lo posible para que me fuera de esta casa». Bachir hubiese deseado alguien a con quien poder contar y a quien poder ayudar. «En mi cultura un vecino es como un hermano lejano», explica. Pero con su vecino no ha habido descanso. Le ha echado agua con una manguera al pequeño patio interior, los obreros que ha tenido arreglando la vivienda decidieron marcharse por los problemas que generaba el vecino, ha discutido con él por cuestiones urbanísticas y ha recibido amenazas. Ambos están envueltos en varios procedimientos judiciales. «Yo intento mantener la calma, pero es muy duro. Esto no se acaba nunca».

Ha tenido su propio comercio y ahora trabaja en la seguridad de un centro comercial. Vive con su mujer, su hijo de 18 años y su hija pequeña, de cinco. «Siempre he cumplido con las normas» y lo único que quiere es vivir tranquilo, dice recordando que a cada visita que tiene en casa se encuentra con el vecino subido al tejado profiriéndole gritos. «No quiero problemas, nunca he sentido racismo en esta ciudad, solo quiero poder estar en mi casa sin miedo a que cualquier cosa se convierta en una denuncia o algo peor».

La sanción de estos días le ha dejado desanimado. No por el dinero, insiste, sino por lo que simboliza. «Este hombre me va a poder multar por cualquier cosa y le van a dar la razón aunque no la tenga». Sigue sin entender en base a qué argumento se le ha puesto la multa. «Yo no quiero tener problemas con el Ayuntamiento pero es que me parece una injusticia», dice antes de tomar la decisión de recurrir. «Los vecinos y amigos me han dicho que recurra pero es que ya estoy cansado de la situación, no puedo más».

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