No es la Concha ni Salou -aunque si haces bien la foto igual hasta cuela en tu Instagram-, pero estos días La Rioja Baja presume de su propia playa. La imagen sorprende a cualquiera que se acerque a la balsa de riego ‘El Perdiguero’, en Calahorra, donde el vaciado del embalse ha dejado al descubierto un paisaje insólito. El agua ha retrocedido tanto que ahora se puede pasear por zonas que, hasta hace apenas unas semanas, estaban completamente sumergidas. Entre las rocas, barro, lodo y algo de arena húmeda, la estampa tiene algo de irreal para una zona sin costa y mucho de inusual para los curiosos que se acercan estos días por allí.
No es una escena habitual. De hecho, solo en contadas ocasiones se ha visto algo parecido, cuando la sequía ha apretado de verdad como hace tres años o, como recuerdan los más veteranos, allá por 1982, cuando la balsa tuvo que vaciarse por completo también. Desde entonces, el agua apenas había dejado ver algunas partes del embalse, que abastece a cientos de agricultores de la zona y forma parte del paisaje cotidiano del entorno.
El vaciado actual responde a una necesidad técnica: reparar dos válvulas defectuosas que requieren una intervención profunda. Según explican desde la Comunidad de Regantes, los trabajos se prolongarán todavía varias semanas, y el proceso de vaciado podría no completarse hasta finales de diciembre o incluso comienzos de enero. De momento, el nivel sigue descendiendo lentamente, y con él, el asombro de quienes se acercan a curiosear o simplemente a disfrutar de una caminata por ese terreno recién descubierto.
Para quienes esperaban encontrar tesoros ocultos después de más de cuatro décadas bajo el agua… spoiler: más allá de algunas latas, una bandeja de cubiertos o restos domésticos de otros tiempos, el embalse no ha ofrecido grandes hallazgos.


