El Amorebieta ha vuelto a dar con sus huesos en el fútbol de barro. Quizás era inevitable, porque pese a estar en un entorno rico en industria y rodeado de unos paisajes de ensueño con Urdaibai al fondo, el Amorebieta de Urritxe tiene un serio carácter ochentero, pese a que en las últimas temporadas se le ha visto jugar en Segunda División, aunque en un exilio obligado en Lezama que le privó de mayores opciones de permanencia.
Porque Urritxe no está para el fútbol profesional. Y sigue siendo una bendición para el pacharán, la grada apiñada, y el fútbol de cerca. Urritxe es barro y está de vuelta en la división del lodazal, en esta Segunda Federación que en su Grupo 2 ha ganado en competitividad. Por eso, este recién descendido de Primera Federación se maneja en mitad de tabla tras un inicio timorato, apañado en parte gracias a sus dos victorias seguidas como local.
La UD Logroñés visita este sábado a las 18:00 un lugar que forma parte de sus recuerdos. Ha tenido grandes decepciones y alegrías, casi por igual. Porque Urritxe y el Amorebieta siempre han sido el termómetro que ha medido la temperatura del conjunto riojano. No ganó aquí hasta 2018, cuando se empezaba a creer en un ascenso a Segunda que finalmente se consiguió. El 1-3 de 2018, el 1-2 de 2019, y el 0-1 de unos meses más tarde indicaron que se estaba construyendo un equipo campeón en la vieja Segunda B.
Anteriormente se había topado con las limitaciones competitivas de una UD Logroñés siempre favorita pero poco dispuesta a bajar al barro. No supo hacerlo hasta 2018, porque el Amorebieta siempre compite, con mejores o peores equipos, siempre compite y más en Urritxe. Tres veces tuvo que pasar por este recinto deportivo antes de sumar el primer triunfo. Especialmente doloroso fue aquel empate en 2012 que le privó de haber jugado su primer playoff de ascenso a Segunda con Pepe Calvo a la cabeza. Llegaba entonces el equipo con seis victorias seguidas, no sumó la séptima en Urritxe, y la goleada al Palencia en la última jornada de liga no sirvió para nada. Urritxe impidió jugar un playoff a una plantilla que llegaba con la flecha muy hacia arriba.

Años después, los de Unai Mendia pasan la prueba del algodón. Competir con éxito en Urritxe suele indicar que se está preparado para afrontar el curso con opciones de llegar a buen puerto. Como ha indicado en las horas previas a esta cita el técnico blanquirrojo, «no hacerlo tampoco significa lo contrario, no es para nada una final». Pero sí es un partido que mide. Mide el potencial, el verdadero nivel, la capacidad… mide todas esas cosas que se supone debe tener un equipo campeón. Como el que se presentó en Irún para jugar hace quince días contra el Real Unión. Salvó el empate sobre la bocina, pero regresó a casa con la sensación de haber sido superior a otro candidato a todo.
Urritxe marca voluntades, estados de ánimo y opciones reales. Y Mendia sabe de la importancia de una cita como la de este sábado. El estado de ánimo de la plantilla es el idóneo, cada día más conjuntados y convencidos, respaldados por sumar cinco jornadas sin perder, compartiendo el liderato, y tras dos remontadas en Las Gaunas que ayudan a hacer equipo y crear voluntades.
Pero el rival juega, y el Amorebieta, como se esperaba, va mejorando. No es el equipo de inicios de septiembre. Ha pagado algunos peajes del barro, en un club que ha pasado en dos temporadas de jugar en Segunda a hacerlo en la cuarta categoría, en una historia un tanto similar a lo ocurrido en Las Gaunas con las UD Logroñés. Irá a más, y acabará siendo un rival directo si se cumplen las previsiones, por lo que golpear primero y en Urritxe situaría al equipo en un escenario de confianza inédito estas dos últimas temporadas. Urritxe, como la prueba del algodón, no engaña.
Posible once: Daza; Aitor Pascual, Ugarte, Cabetas, Camacho; Marí, Carlos Benítez; Manex Rezola, Urki Txoperena, Otadui; y Berto Rosas.
Bajas: Pablo Bobadilla, Sergio Ocón y Lupu.
Duda: Taliby.


