El rugido del viento entre las alas de un águila imperial es el sonido que resume diez años de vida en Tierra Rapaz. La pasada semana, el parque celebró su décimo aniversario. Diez años de sueños cumplidos, de niños que aprenden mirando al cielo y de un equipo que ha logrado transformar un rincón de La Rioja en uno de los parques temáticos de naturaleza más admirados de España.
En cifras, el balance impresiona. Solo en 2024, 108.672 personas visitaron Tierra Rapaz, consolidándolo como el recurso turístico más visitado de La Rioja. Desde su inauguración en 2015, más de 700.000 visitantes han pasado por sus instalaciones. Lo más llamativo: todo este crecimiento ha sido fruto del esfuerzo privado, sin subvenciones ni ayudas públicas. Un ejemplo de emprendimiento riojano que ha generado una economía de alrededor de cuatro millones de euros anuales, que se redistribuyen entre hosteleros, comercios y servicios de la región.
Pero Tierra Rapaz es mucho más que cifras. Su fuerza está en la mezcla única de ciencia, conservación y espectáculo, en ese equilibrio delicado entre el conocimiento y la emoción. Aquí no solo se contemplan aves: se entiende su historia, se conoce su fragilidad y se participa de su vuelo. El parque ha asumido un papel esencial como referente en conservación. Ha liderado proyectos de reintroducción de especies y cuenta con uno de los principales reservorios genéticos del país, con ejemplares tan emblemáticos como el águila imperial, el buitre negro, el águila perdicera o el lechuzón de anteojos del Perú.

El trabajo científico del equipo —biólogos, veterinarios y cuidadores— ha recibido el reconocimiento del sector. Desde marzo de 2024, Tierra Rapaz forma parte de la Asociación Ibérica de Parques Zoológicos (AIZA), una acreditación que certifica su excelencia en bienestar animal, calidad de instalaciones y formación del personal. El parque también ha colaborado en tesis doctorales, trabajos de máster y programas de formación, y ha publicado investigaciones en revistas científicas internacionales. Detrás de cada ave hay una historia: algunas han nacido allí, otras han llegado heridas o irrecuperables y han encontrado en el parque una segunda oportunidad para vivir.
Las exhibiciones de vuelo se han convertido en el alma del parque. En ellas, las aves surcan el cielo en una coreografía de precisión y belleza, mientras actores y educadores narran la relación entre el ser humano y las rapaces a lo largo de la historia. Es un espectáculo con alma, en el que cultura y naturaleza se funden para enseñar a respetar. No es de extrañar que muchos visitantes las definan como «una experiencia que te remueve por dentro». La parte educativa, de hecho, es uno de los pilares de Tierra Rapaz: en lo que va de 2025, más de 20.000 escolares han pasado por sus aulas al aire libre, un récord que demuestra que aprender puede ser tan emocionante como ver volar un halcón a ras de suelo.

El público lo ha reconocido durante nueve años consecutivos con el premio Travelers Choice de TripAdvisor, que lo sitúa como el número uno de los lugares que visitar en La Rioja. También lidera las valoraciones en Google, Facebook e Instagram, donde las imágenes de sus aves y el entusiasmo de sus cuidadores han dado la vuelta al mundo.
El perfil del visitante también habla del espíritu del parque: turismo familiar, responsable y de calidad, procedente de toda España. Muchos repiten cada año y aprovechan su visita para conocer otros rincones riojanos. Esa constancia, ese flujo estable a lo largo del calendario, ha hecho de Tierra Rapaz un motor turístico sostenible, que no depende de las modas ni de los fines de semana de alta demanda.
Desde la dirección del parque han querido agradecer el apoyo de todos los visitantes «sin cuyo respaldo Tierra Rapaz no estaría hoy aquí», y a quienes han dedicado estos diez años «a cuidar, proteger y educar». Pero también aprovechan para lanzar un mensaje a las instituciones: La Rioja necesita creer en sus propios tesoros.


