En pleno Mercado del Corregidor, un rincón que huele a manteca y a dulce de leche y suena a acento argentino. Se llama Luvi Pastelería, y detrás de su mostrador están Lourdes y Tomás, una pareja que decidió cruzar el charco y apostar por un sueño lejos de casa. Ella había sido pastelera en su Argentina natal y de un día para otro decidió cambiar el rumbo de su vida. No quería perder su pasión por hacer dulces y llegó a Logroño con la idea de abrir algo parecido a lo que había dejado en casa. «Vinimos hace año y medio y a finales de abril decidimos abrir nuestro propio negocio».
La idea era sencilla, pero valiente: ofrecer un producto cuidado, visible y sin secretos. «Queríamos que la gente viera cómo trabajamos», explica Lourdes. Su mostrador es, en realidad, una pequeña ventana a su pasión. Un lugar en el que se ve cada uno de los procesos. Allí conviven tartas de frutos rojos, cookies, bizcochos con dulce de leche y guiños a la repostería argentina que despiertan la curiosidad de quienes se acercan. «Muchos vienen a probar por primera vez, y la verdad es que se animan a repetir. Lo mejor es que vuelven, nos recomiendan, y el boca a boca ha hecho que en pocos meses nos conozca mucha gente», reconoce.

Elegir el Mercado del Corregidor no fue casualidad. Lourdes lo dice sin dudar: «Cuando llegamos a Logroño nos mudamos cerca, y empezamos a comprar aquí». Fue entonces cuando se dieron cuenta del ambiente que tenía el mercado, sus posibilidades y la calidad de los productos que ofrecían los puestos. Un día vieron que se alquilaba uno de ellos y no se lo pensaron. «Fue una oportunidad ideal. Nos gustaba el entorno y sobre todo los compañeros. Sentíamos que era nuestro lugar», explica.
El miedo inicial a no tener la visibilidad de un local a pie de calle estaba ahí. Pero el tiempo les ha demostrado que el esfuerzo tiene recompensa y que el mercado ofrece otras cosas que so mucho más interesantes. «Aquí hay un flujo constante de personas que vienen buscando calidad, cosas que no puedes encontrar en un supermercado y eso encaja perfecto con lo que ofrecemos».

Lourdes define Luvi como una ‘pastelería callejera’, pensada para el día a día: «Todo está hecho para llevar: una cookie, una porción de tarta… algo que puedas disfrutar en el camino o en el trabajo». La idea inicial era esa, que la pastelería estuviese centrada en el take away pero las cosas cambiaron conforme la gente fue probando sus productos.
Y con el paso de los meses lo que se ha puesto más de moda han sido sus tartas: diferentes, exclusivas para cada cliente, hechas con mimo. «Tenemos mucha variedad y cuidamos cada detalle. Se pueden pedir en porción o enteras, y también trabajamos por encargo, con 48 horas de antelación. Hacemos encargos personalizados, mesas de dulces, bodas…». Cuentan con algunas para poder llevar en el momento pero lo mejor es encargarlas para que sean del gusto de cada uno de sus clientes».
Están encantados con la respuesta de los clientes. «Estamos felices con la cantidad de cosas que estamos haciendo desde que comenzamos aquí, es un placer que hayamos encajado tan bien en el mercado y que poco a poco cada vez nos vaya conociendo más gente».


