Mentes Abiertas

El dolor de perder a un hijo antes de nacer: «El amor nunca desaparece»

Hace trece semanas, Xandra Martínez tuvo el parto de su segundo embarazo. No tiene ningún hijo vivo, ya que sus dos embarazos terminaron antes de tiempo, pero aún con los ojos llorosos dice estar bien. Tiene sus momentos, claro. Situaciones que le exigen un extra de esfuerzo en el día a día y otras que le cuesta manejar, «pero estoy bien».

En este nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) Xandra explica qué es el duelo perinatal y cómo se enfrenta a él. Porque perder un embarazo también es perder un futuro imaginado, una promesa y una parte de una misma.

– ¿Cuándo te quedaste embarazada por primera vez y cómo fue ese proceso?

– Supimos que estaba embarazada en septiembre de 2024. El embarazo llegó rápido, en el primer intento. Desde el principio tuve molestias, pero nada fuera de lo que te dicen que es normal. En noviembre, a las 9+5 semanas, al levantarme para ir a trabajar vi que manchaba un poco y me fui a urgencias. Allí me dijeron que no había latido, era un aborto diferido, el embrión llevaba muerto días y mi cuerpo había empezado el proceso de forma natural para expulsarlo. Después de saber la noticia me di cuenta de que la semana anterior los síntomas de embarazo que había tenido antes ya no estaban, até cabos.

Me dieron las opciones de hacer legrado u optar por el abordaje farmacológico. Elegí la segunda por ser lo más similar al proceso fisiológico y evitar los riesgos de una intervención en quirófano. Me dieron la primera pastilla vía oral en urgencias, así como la medicación y las indicaciones para administrármelas en casa. El miércoles fue el momento de inducir la expulsión aunque ya llevaba sangrando desde el lunes. Estaba en casa con mi marido que me acompañó y ayudó de forma instintiva porque nadie está preparado para algo así y tampoco habíamos tenido preparación al parto. Fue una media hora de dolor intenso y constante que iba en aumento. Si no has pasado por ello antes, no sabes lo que te viene.

Ese mismo viernes volví al trabajo porque creía que estaba bien. Sólo lo sabían algunas personas del entorno laboral, nadie más. Y no, no estaba bien. Intentaba disimular las lágrimas porque lloraba en cualquier momento, estaba en el trabajo pero mi cabeza no estaba e intentar centrar la atención en las obligaciones me agotaba y tampoco podía dormir bien. Sangré durante 15 días. No sabía si era normal y tampoco sabía si era motivo para ir a urgencias o dónde debía ir para salir de dudas. Sentí una ansiedad enorme al estar viviendo algo sobre lo que no tenía el control ni el conocimiento, miedo, tristeza, culpabilidad… ¿Habré hecho algo mal? Estaba en una espiral que no me llevaba a ningún lado, pero tuve la fortuna de contar con los consejos de una amiga que había pasado por lo mismo y recuerdo lo que me dijo: ‘Tu mente te va a llevar a los rincones más oscuros, pero tienes que intentar no quedarte ahí y no buscar motivos o explicaciones, porque seguramente no las haya y tampoco las vas a saber.

– Has vivido dos abortos. ¿Fueron experiencias parecidas o diferentes entre sí?

– Como he contado el primero fue un aborto diferido, llegó sin esperarlo. El segundo fue en julio de este año y fue una interrupción legal del embarazo por motivos médicos en la semana 22+6. Tuve miedo desde que sabía que podía estar embarazada, ansiedad por pensar si el estrés del trabajo, las cosas que hacía y las que dejaba de hacer podían hacer que pasara lo mismo. La ilusión del primero era miedo en el segundo, no me daba la licencia de estar feliz por el nuevo embarazo. No me permitía crear vínculo con el bebé que estaba creciendo.

Llegamos a la primera ecografía y todo estaba bien, aunque no podíamos terminar de creérnoslo. Nos hicimos el TPNI y los resultados eran de bajo riesgo, así que nos relajamos un poco, pero esa sombra seguía estando. Decidimos contarlo tras los resultados y era un niño. Aún así, hasta que no pasara la ecografía morfológica sabía que no iba a quedarme tranquila. Y justo el día que cumplía la semana 21 de embarazo, detectaron una alteración en el corazón del bebé. Ya antes de buscar el embarazo habíamos hablado sobre la opción de interrumpirlo si algo no estaba bien, pero nunca esperas que tengas que tomar la decisión.

Nos vieron en Logroño y con la información que teníamos decidimos seguir adelante. Nos derivaron a Barcelona y después de la consulta allí, donde vieron algo más en el corazón y con información mucho más detallada sobre la cirugía por la que iba a pasar nuestro hijo, los riesgos, consecuencias, de cómo tenía que ser el embarazo, el parto programado, tenernos que mudar un mes antes y estar allí los meses posteriores, todo el sufrimiento del proceso para nuestro hijo y para nosotros… decidimos interrumpir. Yo no me veía capaz de pasar por todo lo que estaba por llegar.

Si no hubiéramos pasado por el primer aborto quizá no habríamos tomado esa decisión. Ya sabíamos a lo que nos enfrentábamos, aunque fuera diferente, la experiencia de perder un hijo ya la habíamos vivido. El duelo de nuestro segundo bebé empezó el día que nos dieron el diagnóstico. Y al día siguiente de saberlo me puse en contacto con Marta, psicóloga especializada. Sabía que necesitábamos ayuda tanto si hubiéramos seguido con el embarazo como tras la decisión que tomamos. Y la primera consulta con ella fue crucial para afrontar nuestro duelo de la forma en la que lo hemos hecho, porque nos dijo cosas que necesitábamos oír, pero desde un punto de vista objetivo y nos dio herramientas para poder usar que nos hicieron mucho bien.

– En esos primeros días o semanas, ¿qué sentías física y emocionalmente?

– Físicamente estaba en un postparto. Tuve un parto como otro cualquiera, pero de un bebé más pequeño y sin oír su llanto al salir. Tuvieron que hacerme legrado al día siguiente y sangré más de lo normal. Se me congestionó el pecho aunque no llegó a subir la leche porque la cortaron. Me fui del hospital con la tensión en los pies, mareada, con anemia, molestias en el pecho y vacía. Los días y semanas posteriores no tenía fuerza, me agotaba subir las escaleras de casa o hacer cualquier cosa rutinaria. Se me empezó a caer el pelo a puñados a las 3 semanas, cogí peso, además la hinchazón por la medicación y las hormonas… La autoestima bajo tierra. La energía en modo subsistencia, todo lo que pasara de las funciones vitales me suponía un mundo.

Emocionalmente, puedo explicarlo, pero no se es capaz de entenderlo si no lo has vivido. Son muchas cosas a la vez y ninguna al final porque se siente un vacío inmenso. Yo me sentí vaciada. Sientes culpabilidad, ¿y si hubiera tomado otra decisión? ¿Por qué nos tiene que pasar a nosotros? Me he sentido más vulnerable que nunca, insegura, te sientes derrotada. Estaba muy triste y sentía una pena muy profunda que pesa y te hunde. Me dolían los ojos de llorar. El dolor es como si te rompieras por dentro, como si se te rompiera el corazón en mil pedazos. Y es un dolor presente en cada cosa, porque mientras duró el embarazo todo lo que hacías lo hacías con tu bebé y para él, no puedes dejar de pensar en cómo sería si no hubiera pasado.

Me sentía sola estando rodeada de gente. Sabes que tienes personas que te quieren y apoyan, que están pendientes de ti, acompañándote, pero has perdido al hijo que llevabas dentro y que estaba contigo todo el tiempo. Además no sabes si lo que sientes es normal, te sientes mal por sentirte cómo te sientes y no hay nadie que te pueda sacar de ahí. Es como si estuvieras en un pozo.

– Muchas mujeres cuentan que el aborto se vive como un duelo invisible, ¿tú lo sentiste así?

En cierto modo sí. Por lo que ya he dicho, que si no lo has vivido, no pueden saber qué se siente. Porque aunque lo cuentes, no se habla si no sacas tú el tema. Porque te siguen viendo igual, como si no hubiera pasado nada, pero tú ya no eres la misma persona que ellos conocen. Es raro echar de menos a alguien que no has llegado a conocer y es lo que diferencia el duelo gestacional y perinatal del duelo y es lo que no se llega a entender.

Te sientes un poco extraterrestre porque sabes que la persona que te escucha no puede ponerse en tu lugar. Sería importante crear grupos de apoyo mutuo en los que poder hablar sin sentirte un bicho raro, porque a veces lo único que necesitas es eso, hablar. Y aunque hay terapeutas especializados, no tiene por qué ser lo que todas necesitemos y al no ser un recurso dentro de la sanidad pública no todo el mundo puede permitírselo.

– ¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que estabas viviendo un duelo?

– En el primer aborto, cuando volví al trabajo y lloraba sin poder controlarlo. En el segundo embarazo, empezó con el diagnóstico de la cardiopatía porque comencé una lucha conmigo misma. Lo que me estaba haciendo daño era saber que mi bebé no estaba bien, era él el que me hacía daño a la vez de ser lo que más quería y no podía alejarme, no puedes poner distancia como harías con otras cosas que te hieren. Sentirlo moverse en la tripa era el recuerdo de que la ilusión se había convertido en dolor. Desde que nos dijeron que su corazón no estaba bien lloraba todos los días.

Pero cada día se llora un poco menos y le vas dando el lugar justo al dolor en tu día a día, ensordeciéndose poco a poco. Va a estar ahí siempre, pero superarlo es aprender a vivir con ello. No culpar a los demás por no entenderte, por no sentir tu dolor. Al principio te parece raro ver a la gente reírse, tú misma no te permites la risa, tampoco te sale, pero cuando de repente te ves sonriendo por cualquier cosa pequeña, la reacción al principio es de no saber si debes hacerlo, de si puedes seguir siendo feliz sin tener a tu hijo en brazos. Poder hacer esas pequeñas cosas del día a día que te hacen disfrutar sin sentir culpa es señal de que estás transitando el duelo e integrándolo en tu vida.

– ¿Qué herramientas o apoyos te ayudaron en ese proceso?

– Marta nos acompañó durante el proceso por WhatsApp, dándonos consejos y orientándonos: hacer algo significativo como plantar un árbol, hacer algo con las cenizas, buscar un espacio para la caja de recuerdo (como una especie de altar), empaquetar las cosas que tuviéramos ya para el bebé, seguir haciendo cosas que nos gustan pensando en cómo serían con nuestro hijo… También nos dejó un libro que nos hizo llorar cada vez que lo releíamos: ‘Postales a Inés’ de Elena Lebrato. Busqué otros libros, alguno que tratara sobre la interrupción del embarazo: ‘Diario de un duelo gestacional’ de Mª Dolores García y ‘El alma en duelo de una madre vacía’ de Lorena Marín García. Otro libro que me ayudó mucho fue ‘Las voces olvidadas: Pérdidas gestacionales tempranas’, que aborda casi todas las esferas del duelo gestacional.

Yo siempre he usado la escritura como vía de desahogo y quise escribir todo, con todos los detalles que recuerdo, para que no se olvide, para que su o sus futuros hermanos puedan conocer su historia. Porque sacarlo aunque sea en papel te aligera. Y hablar, con amigas que han pasado por pérdidas, con toda aquella persona que ha estado dispuesta a escuchar. Ver la caja de recuerdos, las ecografías, ver la urna y hablarle, contarle cómo ha ido el día.
Hacer cosas que te guste, que te mantengan entretenida. La música, encontrar refugio en las canciones que te mueven por dentro o que cambian tu estado de ánimo de alguna forma. Volver a cantar las canciones que te encanta.

– ¿Cómo se sobrevive emocionalmente a algo así sin perder la esperanza?

Siempre he pensado que las cosas pasan cómo pasan por algo. Hay que buscar eso que a cada uno nos sirve para aferrarnos y mantenernos a flote.
Aunque parezca imposible y quizá alguien piense que es frívolo, hay que buscar la parte positiva.

En mi caso, por ejemplo, quiero pensar que tengo una nueva oportunidad de, cuando llegue el momento y esté de nuevo embaraza, disfrutar del embarazo como no hice en el segundo por miedo. Sé que tendré miedo, pero ya sé a qué puedo enfrentarme y no quiero que eso me impida crear el vínculo que no creé esta vez y sentir la ilusión desde el principio.

Según va pasando el tiempo el dolor va siendo menos y da paso a un sentimiento de amor que no se puede explicar. Lo había leído en varios sitios, y es así. Hay que estar abierta a esa transformación.

– ¿Qué mensaje le darías a una mujer que acaba de pasar por una pérdida como la tuya?

– No te culpes, no busques explicación a lo que ha pasado, en la mayoría de los casos no vas a encontrar la respuesta y quedarte ahí no te va a dejar avanzar. Busca ayuda, donde sea: pareja, familia, amigos, ayuda psicológica, grupos de apoyo (aunque no es fácil según dónde vivas)… pero quédate sólo donde te sientas a gusto, donde recibas lo que te consuela en ese momento.

Haz cosas que te ayuden a sobrellevarlo: escribe, lee, pinta, escucha música, sal al monte, quédate en casa, no hagas nada si no quieres. Llora, llora todo lo que quiera salir y permítete sentirte como lo hagas en casa momento, no te juzgues.

Aprovecha las oportunidades que te brinden para hablar de lo que estás viviendo, para hablar de tu bebé, dale el valor que se merece.
Ten paciencia y sé amable contigo misma.El tiempo es amigo y aunque en situaciones así pasa más despacio de lo que nos gustaría, la distancia te dará perspectiva. El dolor será menos intenso poco a poco y terminará acompañándote en forma de un amor diferente a todos los demás, es un amor especial.

Xandra quiere volver a estar embarazada. Volver a vivir un embarazo normal y experimentar el parto, sea de la forma que toque. Quiere no dormir por las noches por los llantos; no tener tiempo para lavarse el pelo; no tener vida propia; y llenarme del amor más grande que se puede sentir. Siente que las mujeres son privilegiadas por poder ser madres, por llevar vida en nuestro vientre y darla a luz. Es algo que sólo nosotras podemos vivir y nos empodera. «Somos más fuertes de lo que creemos».

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

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