El dilema siempre ha sido si nació antes el Rioja Libre o el kalimotxo, pero en ‘First Dates’ -el programa de Cuatro que junta parejas- no han llegado a tanto. Lo que sí han puesto encima de la mesa es el debate sobre si la bebida se hace con vino bueno o no. Y ante esa disyuntiva hay opiniones para todos los gustos. Así empezó todo el lunes por la noche, cuando Diana, una logroñesa de 27 años, entró en escena en el programa dispuesta a romper corazones (y, de paso, defender el buen vino de su tierra con uñas y risas).
Su cita era Andoni, un vizcaíno de 39 años, trabajador, padre de dos niñas y orgulloso bebedor de kalimotxo. Nada más cruzar la puerta del restaurante, se fue directo a la barra —como quien ya se sabe el guion— y pidió su brebaje favorito: vino con Coca-Cola. «Nos hemos acostumbrado, hemos crecido así», justificó. En ese momento, el vasco Carlos Sobera sonrió como sabiendo de qué hablaba. Matías sirvió la bebida y el destino comenzó a revolver la copa de Diana.
Porque ella, logroñesa y viajera, entró por la puerta dando toda serie de explicaciones. Llevaba un año sabático, después de trabajar como asistenta socioeducativa en una guardería suiza. «Me gustan los chicos morenitos, altos, con un poco de ‘flow’, que parezcan maleantes pero que no lo sean», confesó entre risas. Y claro, ahí estaba Andoni, que cumplía bastantes de estos requisitos… aunque el del vino iba a traer cola.
La primera impresión fue prometedora. Él la describió como «llamativa, sin ser excesivamente provocativa. Muy sensual». Ella, por su parte, se dejó llevar por el ambiente, ese juego de miradas cómplices que First Dates maneja tan bien. Pronto hablaron de sus vidas, de las niñas de Andoni, de la experiencia de Diana en Suiza y de la importancia de tener buen humor… hasta que llegó el momento crítico de la noche.
«Soy más de mezclar el vino con Coca-Cola», confesó él, sin saber que acababa de lanzar una granada emocional en territorio riojano. «¡Yo te mato! ¡Un vino bueno no se puede mezclar! Siendo de La Rioja, me ha dolido», respondió ella entre risas, pero con un brillo de incredulidad en los ojos.
Al final, el programa los despidió entre sonrisas y promesas de verse otra vez. Y, aunque nadie sabe si lo suyo será un amor con cuerpo y aroma de crianza o algo más burbujeante, lo cierto es que Diana se ganó el corazón del público.


