La Rioja

El rastro del Casco Antiguo de Calahorra peligra por falta de visitantes

Podría ser el último domingo. El próximo 12 de octubre, las mesas y puestos del Rastro del Casco Antiguo de Calahorra volverán a llenar el Rasillo de San Francisco con objetos antiguos, libros, vinilos, juguetes y ese aire de nostalgia que siempre lo ha acompañado. Pero esta vez hay algo distinto. La Asociación de Vecinos del Casco Antiguo ha anunciado que esta edición podría ser la última. «Nos duele decirlo, pero la poca afluencia de público en los últimos meses nos obliga a replantearnos su continuidad», confiesan con pesar.

El rastro nació hace más de una década de la mano de Gerardo Gil, uno de los fundadores de la asociación. En sus orígenes, no era solo un mercado: era una mano tendida. En plena crisis económica, la idea era sencilla: ofrecer un espacio donde las familias calagurritanas pudieran vender aquello que ya no usaban y obtener unos ingresos extra. Lo que empezó como un gesto solidario se transformó con el tiempo en una cita mensual esperada, que atrajo a anticuarios, coleccionistas y artesanos de toda la región, desde Pamplona hasta Soria.

«Lo hemos mantenido vivo con música, actuaciones, sorteos… Queríamos que fuera algo más que un mercado: un punto de encuentro», explican desde la asociación. Durante años, el Rastro de San Francisco ha sido eso: una excusa para pasear, charlar, descubrir tesoros olvidados y disfrutar del bullicio amable de los domingos en el casco histórico. Pero ese bullicio se ha ido apagando.

Los organizadores han analizado las causas: la coincidencia con otras actividades impulsadas por el Ayuntamiento ha restado público. «Muchos de esos actos se hacían antes en el Raso, dentro del casco antiguo, y ahora se celebran en otras zonas, lo que vacía nuestras calles», lamentan. A eso se suma la falta de promoción: «Ni siquiera aparece ya en la agenda municipal, y antes la prensa lo recordaba con cariño».

Para los vecinos, la situación es insostenible. «Un comerciante no va a venir desde Logroño para ver a cincuenta personas en una plaza», reconocen. Por eso, el domingo 12 será un día especial: una mezcla de despedida y esperanza.

Porque, aunque suenen a adiós, sus palabras también dejan una puerta abierta. «Queremos buscar soluciones para que no sea el último Rastro organizado por nuestra asociación», dicen. Y mientras tanto, agradecen «a todas las personas que, de una u otra forma, habéis participado en el Rastro de San Francisco».

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