
El enoturismo ha cambiado tanto como quienes lo disfrutan. Visitar una bodega ahora es mucho más que hacer una cata: es dejar que cada rincón te cuente una historia. El público busca sentir y conectar, y la cultura se ha convertido en el mejor hilo conductor para ello. Bodegas Franco-Españolas ha sabido leer esa evolución y responder con planes que van más allá del vino, integrando música, arte, gastronomía o teatro en una misma historia. Entre todas esas citas, hay una que se ha convertido en un clásico en Logroño: el Cine de Verano.
En el patio de la bodega, las noches de verano tienen algo de magia. Con el Ebro de fondo, la copa lista y la pantalla que transforma sus jardines en una sala de cine al aire libre, nació en 2015 este ciclo, que recuperaba el romanticismo de ver películas bajo las estrellas y lo mezclaba con la esencia del vino. «La idea era llenar un hueco en la agenda cultural de Logroño, un espacio que la gente pudiera disfrutar con una copa de vino», recuerda Elena Pilo, directora de Vino y Experiencias en Bodegas Franco-Españolas.
Lo que empezó como un evento para 400 personas ha ido encontrando su propia medida con el paso del tiempo. Hoy, el Cine de Verano reúne a entre 250 y 300 asistentes por sesión, un formato más íntimo que invita a disfrutar sin agobios. «Queríamos asegurar que cada persona tuviera su propio espacio», cuenta Elena Pilo. La evolución también se nota en la forma de vivir la experiencia: si antes las entradas se compraban en taquilla y el bar funcionaba como en cualquier cine de verano, ahora todo se hace desde el móvil. Una taquilla virtual y una aplicación permiten pedir una copa o algo de picar y recibirlo en la mesa «en menos de tres minutos, sin levantarse». Un pequeño cambio que ha hecho grande la experiencia sumándole comodidad.

La programación también ha crecido con los años. «De ser un ciclo de cine franco-español, hemos pasado a una cita global con producciones clásicas de todo el mundo», cuenta Pilo. Pero lo importante, insiste, «es que la película es solo la excusa; lo que realmente hace de este evento una cita imprescindible es la experiencia completa, que combina noches mágicas, gastronomía, vino y un ambiente único».
La agenda cultural de Bodegas Franco-Españolas no ha dejado de latir desde entonces. A los eventos ya consolidados —el festival +Teatro con Diamante, Hallowine o El Día de la Moda— se han sumado nuevas propuestas, como los conciertos bajo el formato internacional Candlelight de FEVER, talleres temáticos o degustaciones. Pero, sin duda, una de las grandes novedades es la reapertura del antiguo Muelle de Carga, ahora reconvertido en un espacio para catas y encuentros. «El Muelle se ha convertido en un punto de encuentro único y el lugar de moda de Logroño», afirma. «Aquí, el consumidor final y los profesionales pueden disfrutar de nuestros vinos Bordón y Diamante de una manera relajada y cercana, acompañada de una propuesta gastronómica ligera».
Ese diálogo constante con el visitante es, precisamente, lo que guía las decisiones del área de Enoturismo. «Tenemos la inmensa suerte de recibir más de 70.000 visitantes y clientes anuales. Pasamos tiempo con todos ellos, no solo para trasladarles nuestra pasión por el vino, sino también para aprender de sus gustos y necesidades», explica. «Es un aprendizaje constante. Este conocimiento, que volcamos a través de herramientas digitales en nuestros sistemas para analizarlo y tratarlo, se convierte en el verdadero valor que el área de Vino y Experiencias aporta a la bodega».

El nuevo visitante, dice la directora de Vino y Experiencias en Bodegas Franco-Españolas, ya no busca únicamente una visita y una cata: quiere experiencias auténticas, donde la cultura y la emoción sean parte del recorrido. «Por eso hemos apostado con fuerza por los talleres de coctelería con vino o de gastronomías del mundo, que están teniendo un éxito enorme», comenta. Y añade un matiz: «También hay un tipo de cliente que valora la espontaneidad. No quiere planificar con antelación, prefiere llegar y dejarse sorprender. Aunque acude sin reserva, necesita poder acceder a toda la información a través de canales digitales, donde compara y decide antes de sumergirse en nuestras experiencias».
De esa escucha constante nacen las decisiones que guían a la bodega: desde nuevos productos hasta la estrategia comercial, siempre respetando su identidad. «Escuchar a nuestros visitantes es la clave para tomar decisiones de negocio y seguir construyendo experiencias memorables», concluye Pilo, recordando que cada experiencia compartida marca el camino de Franco-Españolas.


