Cultura y Sociedad

Unos Reyes Magos y cuatro siglos después: Adriana hace historia con los zancos

Este 28 de septiembre quedará grabado en la memoria de Anguiano como un día histórico. Las escaleras empedradas del pueblo, escenario centenario de una de las tradiciones más antiguas de La Rioja, han sido testigo de algo inédito en más de cuatro siglos: una mujer descendiendo con firmeza sobre los zancos, abriendo un nuevo capítulo en el folclore de la localidad y de toda la región.

Adriana ha sido la primera. Seguramente ya no será la única. Y aunque ella y su familia lo han vivido con naturalidad, consciente de que tarde o temprano tenía que llegar el momento, lo cierto es que su gesta ha marcado un antes y un después en el municipio. Serenidad en el gesto, sin alharacas, pero con la fuerza simbólica de lo que trasciende. Su propio padre —antiguo danzador, conocedor de cada secreto del ritual— fue quien la ayudó a ajustarse los zancos. Ese gesto íntimo, sencillo y cargado de significado, ha encarnado la transmisión de un legado que durante siglos ha pasado de padres a hijos y que, desde ahora, se ha demostrado que también puede pasar a ellas.

Este lunes Adriana ha hablado en Onda Cero. Confesaba sus nervios previos. No era la única debutante: junto a ella, también Ibai y César —todos nacidos en 2011— se estrenaban en la bajada. «No he hecho lo que me hubiese gustado porque me puse muy nerviosa con tanta gente”, ha reconocido con franqueza. Y no era para menos: todos los ojos estaban puestos en ella, aunque pocos sabían que iba a salir a danzar. «No se lo dijimos a mucha gente para que no me pusiese más nerviosa», ha admitido. Su padre trató de tranquilizarla en los minutos previos mientras le colocaba los zancos: «Me repetía que estuviese a lo mío». Pero es difícil abstraerse cuando sabes que estás haciendo historia.

Adriana, desde pequeña, soñaba con ese instante. Al menos desde que, «con cuatro o cinco años, los Reyes Magos le trajeron unos zancos», ha recordado. Después llegó la escuela de danzas y, este septiembre, con apenas 14 años recién cumplidos, se ha convertido en parte indiscutible de la historia del municipio.

Y es que en Anguiano hay un momento que siempre eriza la piel: cuando los nuevos danzadores, todavía inseguros, enfrentan por primera vez la bajada de las escaleras y la cuesta empedrada. Es allí, entre el silencio expectante y los nervios del público, donde la danza late con más fuerza. Cada paso sobre esos maderos altos es un pulso entre riesgo y destreza; un recordatorio de que la tradición no está quieta ni se congela en el tiempo, sino que vive, respira y se renueva con cada generación.

Gemma López es alcaldesa de Anguiano. Para ella la tarde de este domingo ha sido especial. Confiesa que no sabía con certeza si Adriana iba a salir a danzar y precisamente esa discreción le ha dado más fuerza al momento. «Todos entendimos que estábamos ante algo que iba a quedar en la historia del pueblo», explica emocionada. Ha sentido orgullo, pero también una ternura especial: la naturalidad con la que Adriana afrontó el reto recordaba, en cierto modo, a su propia experiencia como primera mujer en ocupar la alcaldía.

Lo que más destaca Gemma es la forma en que el pueblo lo ha vivido, casi en familia «y muy emociondo». Las fiestas de Gracias, a diferencia de las de julio, tienen ese sabor íntimo, de «los de casa», y que la primera mujer bajara la cuesta precisamente en ese marco lo ha hecho todavía más especial.

Para la alcaldesa, la emoción se mezcló con el convencimiento de que este paso abre un camino para el futuro. En Anguiano no había normas que impidieran a las mujeres participar, pero faltaba que alguna se decidiera. Ahora, con Adriana, esa barrera invisible ha caído.

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