Toros

La feria de San Mateo deja un nombre y dos apellidos: Diego, Urdiales y Ventura

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

El balance de la feria taurina de San Mateo no puede ser todo lo positivo que uno hubiera deseado. El resultado en cuanto a lo artístico ha sido un tanto mediocre, ídem en el apartado ganadero, dos tardes con pobres entradas y un abultado y, por lo tanto, devaluado número de trofeos.

Al margen de tan síntesis, ahí queda lo de los Diegos. Lo de Urdiales y lo de Ventura. Volvía a vestirse de luces el de Arnedo tras su obra cumbre de Bilbao para regresar a la cara del toro por aquellos mismos fueros. Un tarde en torero; en maestro. Sus tres faenas a toros muy diferentes compendiaron un tratado de torería. Una lección de terrenos, distancias, tiempos y alturas. Aquella velocidad ralentizada de todos y cada uno de sus muletazos. Su torear con el alma. Si el encierro de Cuvillo, que no fue malo, pareció bueno fue por el trato que recibió por parte de Urdiales. Todo lo que hizo Diego lo hizo a favor de sus enemigos. Mención especial merecen sus estocadas. La que recetó al sexto puede que sea la mejor de la temporada.

EFE/ Raquel Manzanares

No podemos olvidar la responsabilidad con la que se cargó Urdiales esta tarde en Logroño, quedándose firme en un cartel del que se habían caído Pablo Aguado y Roca Rey unas horas antes. Competir en tu plaza con un torero que venía de tomar la alternativa dos días antes en un gesto de colosal compromiso, de vergüenza torera y de grandeza humana. Urdiales tenía demasiadas cosas que perder esa tarde, que nadie se olvide.

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En maestro también estuvo el otro Diego, el Ventura. Su tarde fue otra lección de toreo, a caballo esta vez. Ventura ofreció una clase magistral de doma, de compromiso, de sabiduría. La forma de encelar las embestidas de un toro distraído a base de dejarle llegar a sus monturas fue maravilloso. La apoteosis llegó montando a ‘Quitasueños’ para citar en corto, invadir los terrenos del toro, quebrar en la misma cara de este y dejar una banderilla en lo alto del animal con su caballo prácticamente suspendido en el aire. Lo emocionante de la actuación de Ventura me llevó a aquellos tiempos en los que Pablo Hermoso montaba a ‘Cagancho’ o a aquel ‘Pirata’ que se lanzaba a morder la testuz de los toros provocando el delirio en La Ribera recién inaugurada. Ojalá la presentación de Ventura en Logroño no sea su despedida de nuestra afición y vuelva por San Mateo en años venideros.

EFE/ Raquel Manzanares

Cierto es que el cartel de rejones, probablemente el mejor de cuantos se pueden programar por caballeros y toros, no reunió a tanta gente como merecía. Lo mismo es que los rejones no tienen tanto tirón en Logroño y festejo completo de toreo a caballo es demasiado.

El caso es que Sergio Galán, con un toro muy deslucido y complicado, y Guillermo Hermoso de Mendoza, sin suerte con el rejón de muerte, rayaron a gran nivel, pero no al de Ventura. Los toros de El Capea sirvieron (y mucho) en su conjunto.

EFE/ Raquel Manzanares

Ya en el primer toro de la feria el palco tiró la casa por la ventana concediendo a Diego San Román un trofeo por un trasteo despegado, tropezado y demasiado vulgar. En la misma línea estuvo el mejicano en su otro toro y, en consecuencia, paseó otro trofeo.

Llegó Aarón Palacio a Logroño para presentarse como matador de toros en España, luego de haber tomado la alternativa un día antes en Nimes. Todos coincidimos en la inteligencia del torero aragonés. Pero en esto de los toros, cuando se destaca la inteligencia es porque ha habido poco toreo. Y así fue. Palacio supo leer a la perfección la poca exigencia del público logroñés y entre rodillazos y circulares se llevó tres orejas, la foto saliendo a hombros, la sustitución de Aguado y la media de Roca Rey. Un combo perfecto.

EFE/ Raquel Manzanares

Algo parecido hizo Palacio en aquel mano a mano improvisado para el martes junto a Urdiales. Cuando intentó realizar el toreo fundamental, este llegó de forma aislada y sin ligazón. Mucha frescura y muy nuevo, pero también unas condiciones innatas para apostar por un toreo mejor. Sucedió que aquí el aragonés se llevó el mejor toro de la feria, el sexto, bravo, enclasado, con recorrido y duración; ‘Naranjero’ se llamaba.

Fue una lástima que Fabio Jiménez sorteara el peor lote de aquella mala corrida, desigual y pobremente presentada y mansa, de Fuente Ymbro. Fue fiel a su genial concepto del toreo, pero eso, siendo tan nuevo y con un público tan superficial, no sólo no basta, si no que resta. De todo se aprende.

La decepción llegó el miércoles de la mano de los flojos toros de Garcigrande, tan faltos de poder, exiguos y desfondados. Morante de la Puebla quedó inédito, salvo aquellas caricias en formas de naturales ante el cuarto. Talavante anduvo desdibujado toda la tarde; tan despegado, tan embarullado y tan pesado. La última puerta grande, barata también, fue para un Borja Jiménez bullidor, efectista y mecánico. La enorme clase de aquel toro de Garcigrande no fue merecedora de aquellos trallazos.

EFE/ Raquel Manzanares.

Esta feria matea deja también la sensación de estafa por las ausencias tan a última hora de Pablo Aguado y Roca Rey: ¡qué pasaría! Y lo de siempre: la afluencia de público joven ha sido la mejor noticia en cuanto a la asistencia, escasa en conjunto y nuevamente marcada entre el sol y la sombra debido a lo caro de las entradas, estableciendo una diferencia social inexistente durante el resto del año en el conjunto de actos y eventos que se celebran en Logroño. Pues eso, que muy mejorable.
Que lo de Urdiales nos alimente el alma de aficionados hasta el año que viene.

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