Antes incluso de que el cohete haya estallado en la Plaza del Ayuntamiento, las cuadrillas ya han encendido otra mecha: la del almuerzo mateo. Huevos fritos, pimientos verdes, chorizo, fritada, tomate de la huerta, tortillas y algún que otro plato más contundente como callos o morros se convierten en la mejor base para un día que se sabe cómo empieza, pero nunca cómo acaba.
La tradición manda reunirse con los amigos en bares y rincones del centro alrededor de mesas improvisadas y botas de vino que se pasan de mano en mano. Porque los almuerzos se han transformado en largas sobremesas, con música, charangas y la compañía de quienes solo se ven una vez al año. Así, entre bocados y abrazos, Logroño celebra el inicio de su semana grande como mejor sabe hacerlo: compartiendo.
- FOTO: Carmelo Betolaza
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