El colegio de Ollauri afronta el inicio de curso con una situación tan llamativa como incómoda: sus 27 alumnos tienen que salir a la calle para ir al baño. El centro, reabierto en 2020 en plena pandemia tras décadas cerrado y ubicado en los bajos del Ayuntamiento, ha crecido en matrícula —pasando de 11 a 27 escolares en apenas tres años—, pero las obras de reforma de los aseos interiores han obligado a instalar unos baños portátiles en el exterior del edificio.
La sorpresa de las familias ha sido mayúscula al comprobar que, para cubrir una necesidad tan básica, los niños deben salir al exterior. Desde el consistorio, la alcaldesa Lidia Martínez ha explicado que se ha vallado la zona para evitar cualquier riesgo con el tráfico y que los profesores acompañan a los pequeños cada vez que tienen que ir al servicio. “Se trata de una medida provisional y la seguridad está garantizada”, ha insistido, para tranquilizar a las familias.
El retraso en el inicio de las obras es la raíz del problema. Martínez recuerda que no fue hasta el 27 de julio cuando la Consejería de Educación dio el visto bueno al proyecto. A partir de ahí, hubo que licitar los trabajos, lo que demoró el arranque de unas reformas que podrían haberse hecho durante el verano. Finalmente, los trabajos comenzaron hace dos semanas y, según los plazos previstos, estarán terminados en el plazo máximo de un mes.
La alcaldesa subraya que lo ocurrido pone de relieve una carencia mayor: la necesidad urgente de ampliar los espacios educativos de Ollauri. En la anterior legislatura existía ya un proyecto para construir un colegio nuevo, que sigue siendo “muy necesario” por el crecimiento que está experimentando el centro. Mientras tanto, los alumnos deberán convivir unas semanas con esta medida transitoria hasta que los baños interiores estén listos y la normalidad regrese a las aulas.


