Sillas plegables ocupando aceras y cunetas, sombrillas para apaciguar el sol ardiente del medio día y, cómo no, neveras y cestas bien provistas de comida y bebida. Los almuerzos improvisados en lo alto de una loma, en una curva estratégica o en el final de una larga recta han sido la tónica de este domingo en muchos pueblos de La Rioja. Al menos, en aquellos por los que la serpiente multicolor de La Vuelta a discurrido.
Una escapada con cinco corredores y un pelotón que pedaleaban a ritmo ágil, casi tan rápido que algunos de los espectadores ha tardado lo mismo en dar un solo bocado a ese bocadillo que en ver al cabeza de carrera. La Rioja se ha volcado con esta cita deportiva mundial con multitud de cuadrillas que no han flojeado en esa espera (para algunos de varias horas) hasta que han empezado a ver llegar a los primeros vehículos de los equipos y de los avituallamientos.

Foto: EFE/ Javier Lizón
Silbidos, bocinas, pancartas y muchas, muchas banderas. Banderas de La Rioja, de España y también de Palestina han formado parte del paisaje riojano al paso de La Vuelta.

Y es que, ante este tipo de eventos poco importa conocer o no. AUnque siempre están los más aficionados demostrando su pasión por un corredor concreto. El ‘landismo’ es un ejemplo de ello, y es que siempre hay muestras del apoyo al vasco Mikel Landa, quien en esta Vuelta avanza como puede con la espalda como freno.

Foto: EFE/ Javier Lizón
Al paso del pelotón también se han unido cabezudos que no querían perderse la oportunidad de saludar. Al menos, hasta que ha llegado la lluvia a la zona del Moncalvillo y gran parte del público que ocupaba los márgenes de la carretera se ha puesto a cubierto o ha tenido que sacar el chubasquero. Las sombrillas han cambiado tornas con los paraguas, pero el pelotón ha continuado la marcha. Una lluvia intermitente al principio, pero que ha acompañado a los equipos hasta el final de carrera.

«En quince minutos hemos pasado de 28 grados a 20», relataba el comentarista cuando el pelotón ya había cruzado Sotés. Las chaquetas han ganado protagonismo, pero la euforia no ha cambiado. La Rioja ha estado presente en cada uno de los pueblos que ha atravesado La Vuelta y, aunque el final de esta etapa con Vladezcaray como cima no era un puerto que destacase por su explosividad, Jonas Vingegaard (Jumbo-Visma) ha sabido darle el toque de emoción en esos últimos 13 kilómetros y sorprender a muchos con su victoria de esta novena etapa.


