Toros

Urdiales y Jiménez escriben una página dorada en la historia taurina de La Rioja

EFE/Raquel Manzanares

Muy poco antes de las 7 de la tarde, Fabio Jiménez reposaba su capote en el antebrazo de Urdiales para recoger de este la muleta, el estoque y también el abrazo con el que se confiere el título de doctorado en tauromaquia.

Se convertía así Jiménez en matador de toros. El segundo de la historia oriundo de Alfaro; el noveno de cuantos ha alumbrado La Rioja. Recogía de Urdiales también ese hilo del toreo riojano que hoy, milagrosa y sorprendentemente, hilvana tauromaquias de seda y teje retales de oro en la historia de esta Rioja nuestra.

Fue Rompe-surcos, de capa berrenda, nacido en febrero de 2021 y herrado con el número 205, el toro de Alcurrucén que pasará a los anales de la historia por ser con el que tomó la alternativa Fabio Jiménez. Mas no lo hará aquel comportamiento tan exigente como deslucido.

EFE/ Raquel Manzanares

Dos medias brillaron sobremanera antes de la sentida ceremonia de alternativa; una en el saludo, la otra, al probarlo tras el encuentro con el caballo. Un torero inicio por bajo pareció desvelar una prontitud del toro de Alcurrucén que pronto se acabaría. Cimentó Jiménez su obra en el mando, la firmeza, el temple, la quietud y el valor sereno para aguantar aquellos parones y aquella falta de humillación de Rompe-surcos. La torería que atesora Jiménez obró aquel milagro en forma de naturales de mano baja, trazo curvo y cierta profundidad. Vislumbró aquel trasteo un torero con gran capacidad pese a su juventud; con enorme torería y total fidelidad a ese concepto de quien no ceja por buscar el toreo bueno. Algo que, en estos tiempos de prisas hasta en los toreros, no es cosa menor.

Una serie al natural a pies juntos y un final a a dos manos abrochado con trincherilla y el del desprecio. Paseó sus dos primeras orejas como torero; seguro que las primeras de muchas.

EFE/ Raquel Manzanares

Fue el sexto otro toro de embestida descompuesta y finales bruscos cuando no distraídos. El saludo a la verónica de Jiménez, jugando bien los brazos, acariciando las embestidas y ganando terreno fue lo mejor de este último capítulo. Otra vez la misma buena colocación de antes, la misma firmeza, el mismo mando y similar disposición fueron las cartas ofrecidas por Jiménez a un toro que nunca puso nada de su parte. Una serie al natural y los pases de pecho con los que Jiménez abrochaba sus series impregnaron de torería aquel desierto de casta y posibilidades en forma de toro.

Regresaba Urdiales a los ruedos tras un parón incomprensible de justo lo que llevamos de verano para vérselas con un toro exigente, brusco y sin recorrido. De inicios desabridos y sin finales. Y ahí que se fue Urdiales a mostrar su magisterio, su mando y su poder. Sus 26 años de alternativa cumplidos hoy. La apuesta sincera y desnuda: colocación y firmeza. La torería de Urdiales, intacta esta temporada, ganó aquel envite comprometido. Consiguió Urdiales muletazos de enjundia, limpieza y temple. Siempre con aquella autoridad que empeñan en negarle fuera del ruedo. Cobró una estocada contraria y paseó un trofeo.

EFE/ Raquel Manzanares

Otra historia fue el cuarto. Gavilán se llamaba aquel buen toro de Alcurrucén, que, por capa y cara, vino a recordar a aquel Atrevido del triunfo gordo en Bilbao.

Entre el torero inicio y la estocada final, Urdiales ofreció un recital de toreo de cante grande. Rotundidad, profundidad, ritmo y compás. Ofrecido siempre el medio pecho. Como los vuelos de aquella muleta, tan arrastrada siempre en el cenit de cada muletazo. Fue aquella obra un tratado de sometimiento. Hubo naturales interminables, lances en los que Urdiales pulseaba cada centímetro de las nobles embestidas del buen toro de Alcurrucén. Aquel vaciar las embestidas más allá de la cadera y siempre todo tan reunido. Abandonado y arrebatado, mandó parar Urdiales la música para interpretar aquella música callada del toreo. Oles interminables rompían aquel silencio en una serie de redondos inabarcable y otra al natural de frente y a pies juntos. Viene pidiendo poetas, aunque más bien contratos, Urdiales en este final de temporada. Estoconazo arriba y el doble trofeo.

EFE/ Raquel Manzanares

Se enfrentó Talavante al lote más dulce, pastueño y noble del sexteto. Fue su primero el animal más cuajado de la tarde y también el de cara más amable. Faltó mucha reunión en un trasteo que no pasó de aseado.
Frente al quitó todo lo más fue el recibo por chicuelinas y ya. Presentó siempre la muleta retrasada y aquellos pasajes venían a ser un cuarto o menos que los que acababa de firmar Urdiales.

EFE/ Raquel Manzanares

Urdiales y Jiménez salieron a hombros bordando con ese hilo del toreo riojano una página dorada de esta plaza de toros de Alfaro que mañana cumplirá 100 años.

La ficha

– Plaza de toros de Alfaro. Tres cuartos de plaza en tarde de calor insoportable.

– Toros de Alcurrucén, bien presentados y juego desigual. Destacó el lidiado en cuarto lugar, ovacionado en el arrastre. Exigentes fueron primero y segundo; muy nobles tercero y quinto; deslucido el sexto.

– Diego Urdiales: oreja y dos orejas tras aviso.
– Alejandro Talavante: oreja tras aviso y saludos.
– Fabio Jiménez: dos orejas y saludos.

Fabio Jiménez tomó la alternativa con el toro Rompe-surcos, de capa berrenda, herrado con el número 205 y nacido en febrero de 2021.

Los tres diestros saludaron montera en mano al romperse el paseíllo.

Los toros lucen divisa negra en señal de luto por el reciente fallecimiento de su ganadero, Manuel Lozano.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top