Calahorra cuenta los días para ver finalizadas las obras de su esperada estación intermodal. Sin embargo, su puesta en funcionamiento sigue siendo una incógnita. Tras una inversión de más de cuatro millones de euros y varios meses de retraso sobre el calendario original, la infraestructura estará oficialmente terminada el próximo 4 de agosto. Pero no podrá entrar en servicio hasta noviembre, no por cuestiones técnicas, sino por un elemento aparentemente menor: los árboles que aún deben plantarse.
El arbolado, contemplado como parte del proyecto constructivo, solo puede colocarse en los meses adecuados para asegurar su correcta plantación. Y ese momento no llegará hasta noviembre. Mientras tanto, y debido a que el contrato no permite una recepción parcial de las obras, la estación no puede activarse oficialmente. Y aunque la estructura esté finalizada, los autobuses no podrán utilizarla hasta que se complete la recepción global del proyecto, árboles incluidos. Lo que supone que con el inicio de curso, la estación actual, ubicada a escasos metros de un colegio, seguirá estando en la misma ubicación.

Este contratiempo no ha sido el único obstáculo en el camino. La fecha inicial de finalización de las obras estaba fijada para finales del año pasado, pero el Ayuntamiento tuvo que conceder primero una prórroga de tres meses, y posteriormente otra, hasta agosto. Las intensas lluvias de primavera y la necesidad de realizar ajustes en el diseño original provocaron que los trabajos no pudieran seguir el ritmo previsto.
A todo ello se suma una cuestión aún por resolver: la gestión de la estación. Según denunció el PSOE la semana pasada, la concesión para su explotación aún no se ha licitado, lo que supondría no poder contar con esta gestión antes del 31 de diciembre, fecha marcada para que esté operativa la estación y no perder los fondos europeos que suponen casi un millón de euros. Aunque el Ayuntamiento prevé licitar el contrato de gestión a lo largo de las próximas semanas, existe la posibilidad de que el proceso quede desierto, aunque desde el Consistorio confían en que no ocurra. Si se adjudica a tiempo, los plazos coincidirían con la entrega de las obras y no habría mayores problemas.

No obstante, incluso en el caso de que no hubiera una empresa gestora en el momento de la entrega, el Ayuntamiento asegura que la estación podría abrirse al público igualmente. Bastaría con que las obras estuvieran totalmente finalizadas —incluido el arbolado— para que los autobuses comenzaran a operar, aunque sin servicios complementarios. La estación funcionaría de manera básica: sin cafetería ni taquillas, y los billetes deberían adquirirse directamente en los propios autobuses, como ya ocurre en la actual estación de la calle Bebricio, que también carece de gestión externa en estos momentos.
Otro aspecto que preocupa a la ciudadanía es la conectividad. El contrato del servicio de autobuses urbanos no contempla la creación de una lanzadera específica para enlazar la estación con el centro de la ciudad. En la práctica, eso se traduce en tan solo dos autobuses urbanos diarios a la estación tal y como está contemplado en el contrato, una frecuencia claramente insuficiente para una infraestructura de esta envergadura. Esta limitación podría dificultar su uso habitual. Tampoco ha pasado por alto para los vecinos que se acercan a la zona la situación en las que se encuentran los dos edificios de Adif que no se han reparado. «Eso así no se puede quedar, habrá que darle al menos una mano de limpieza y de pintura», comentaban este lunes los habituales en el tren de la mañana.

Así, mientras las obras entran en su recta final, los vecinos de Calahorra siguen sin tener una fecha concreta para la inauguración de una estación que, sobre el papel, prometía revolucionar la movilidad local. Árboles pendientes, incertidumbre sobre su futura gestión y carencias en la conexión urbana empañan un proyecto que, a pesar de todo, sigue siendo una de las grandes apuestas de la ciudad en materia de transporte.


