Mientras exista la agricultura y la ganadería (y no parece que ambas actividades vayan a desaparecer), sabemos que tenemos que gestionar de alguna manera todo aquello que no sirve para alimentar seres vivos y que ya se encuentra entre nosotros.
Y lo tenemos que gestionar porque no vamos a poder seguir haciendo lo que ahora se hace, que es aplicarlo al campo tal cual está, permitiendo que se liberen sus olores y que los gases que se generan en la descomposición vayan a la atmósfera, gases contaminantes y de efecto invernadero.
La forma de gestionar estos subproductos es mediante plantas de biogás, que lejos de suponer un problema medio ambiental, son el compañero de viaje imprescindible que el sector agropecuario necesita para cumplir con la normativa que ya está llegando a España y que en Europa está más que consolidada.
Dichas plantas se han de instalar en las zonas donde está el subproducto y hemos de entender que no son un actor ajeno que invade nuestras regiones y al que hemos de decidir si invitamos o no, sino el complemento que le falta al sector para transformarnos en economías sostenibles, verdes y circulares.

Como referente, podemos descubrir la zona de Burdeos, ejemplo mundial de desarrollo vitivinícola, donde ya existen instaladas quince plantas de biogás o Chile, donde podemos encontrar plantas incluso integradas en el viñedo.
Entonces, ¿por qué está surgiendo oposición a su instalación si, en la fase inicial de tramitación, han sido bienvenidas por las partes implicadas, incluidos los ayuntamientos?:
– ¿Por el olor?: el proceso es estanco, no funciona si no es así, y el digestato resultante no tiene olor y sí que mantiene todas las propiedades fertilizantes de la materia orgánica original.
– ¿Y los acopios?: Medio Ambiente nos obliga a que estén cerrados y que ventilen con biofiltro de eliminación de olores.
– ¿Por el elevadísimo consumo de agua?: el proceso no consume agua, el líquido que se necesita proviene de los purines, culos de champiñón.
– ¿Por su efecto sobre el suelo?: el proceso no tiene vertidos. El digestato que se aplica en la tierra tras la digestión, es un fertilizante que contiene unos niveles de NPK equilibrados que sirven para que los agricultores fertilicen de forma no química.
– ¿Porque se emiten gases nocivos?: el proceso no solo carece de emisiones, al desarrollarse en recintos herméticos en ausencia de oxígeno, sino que captura los que actualmente y de forma natural se generan en la descomposición de la materia orgánica. El balance de emisiones de estas plantas es negativa.
– ¿Y esa chimenea?: es una medida de seguridad obligatoria para el caso de que no fuera posible inyectar el gas en la red y los gasómetros (almacenes) se llenasen. En ese caso excepcional, el gas se quema en lugar de dejarlo escapar a la atmósfera.
Por lo tanto, solo el miedo a lo desconocido y la desinformación que están sufriendo este tipo de instalaciones es lo que está propiciando que se genere un caldo de cultivo injustificado contra el biogás.

Alemania tiene más de 11.000 plantas; Italia, más de 1 600 plantas; Francia, cerca de las 1000 plantas; Reino Unido, más de 700 plantas; y Suiza, más de 600 plantas.
Las plantas de biogás no generan nada nuevo, solo recogen lo que ahora ya existe, en el lugar donde está y donde ya está contaminando. La planta de Biogás lo transforma en biofertilizante para la agricultura y en gas aprovechable.
La actividad Vitinícola aporta el 6,5 por ciento del PIB de La Rioja y en términos de empleo genera unos 12.000 puestos de trabajo. Desde Bpower creemos que las plantas de biogás pueden ayudar a dinamizar este sector, como ya ocurre en la zona de Burdeos, donde ambos sectores se apoyan, gestionando subproductos ganaderos y devolviéndolos al campo en forma de abono orgánico dejando de usar fertilizantes químicos.
En la actualidad tenemos acuerdos cerrados con bodegas para devolver el digestato a sus viñas en forma de abono orgánico. Otro sector clave es el del champiñón (que emplea a más de 3.000 personas). Todos conocemos el grave problema que tiene La Rioja con la gestión del compost agotado y el elevado coste que tiene para los agricultores deshacerse de él. Desde Bpower hemos cerrado acuerdos con cultivadores de champiñón para retirar el compost agotado y los culos de champiñón, que después de procesarse en la planta de biogás los convertiremos en un abono orgánico para nuestros campos de frutales o viñedos.
Desde Bpower, invitamos a todas personas, empresas o asociaciones a visitar plantas de biogás que están operativas desde hace más de 3 años y comprueben por sí mismas que la realidad es que no huelen y que son un bien para la sociedad.
*Artículo realizado por Rubén Clavijo (Bpower)


