La Rioja

Dos veranos, dos realidades: el agua va por barrios en La Rioja

Mientras pueblos como Santa Engracia o Daroca resisten, otros como Lagunilla siguen con problemas de suministro de agua

La primavera de 2025 ha sido generosa en lo que se refiere a lluvias. Las registradas durante los meses más húmedos del año han dejado cifras récord que han permitido llenar embalses y aliviar el estrés hídrico en muchas zonas de La Rioja. La situación, que en años anteriores obligó a movilizar cientos de miles de litros de agua para abastecer a pueblos con problemas de suministro, parecía por fin dar un respiro. En algunos municipios, los cortes se han evitado por completo. Pero en otros, la realidad es bien distinta.

Como cada año, el Gobierno de La Rioja ha atendido todas las solicitudes de demanda de agua por parte de los Ayuntamientos riojanos. Este servicio forma parte del compromiso del Gobierno de La Rioja por garantizar el correcto funcionamiento de los servicios públicos en el medio rural. Hasta la fecha, se han realizado traslados de agua a cinco núcleos de población (Ventas Blancas, Villaseca, San Bartolomé, Montemediano y Treguajantes), la mayor parte por averías en el sistema de abastecimiento, y no por agotamiento de las reservas hídricas. El Ejecutivo regional cuenta con dos cisternas, una de 25.000 litros y otra de 17.500 litros, que se mueven con cabeza tractora; y con un camión rígido con 12.000 litros de capacidad.

Y es que la falta de agua en La Rioja este verano va por barrios. Mientras unos respiran aliviados, otros siguen pendientes cada día de si saldrá agua del grifo. Las soluciones estructurales (como la supramunicipal de Enciso) aún están lejos, y aunque la meteorología ha ayudado este año, los problemas de abastecimiento siguen presentes en algunas zonas del territorio rural convirtiendo la llegada de cisternas en una rutina estival.

En Daroca de Rioja la historia ha cambiado. Después de varios años sufriendo restricciones, el municipio ha conseguido este verano dejar atrás los fantasmas del pasado. «Es una tranquilidad porque el año pasado tuvimos muchos problemas», reconoce su alcalde, Luis Armando Rodríguez. En 2024, justo antes de las fiestas, el suministro se cortó, dejando a todo el pueblo en una situación límite. Fue entonces cuando se encendieron las alarmas. «Este año la cosa ha cambiado —afirma—. Con lo que ha llovido, tenemos el sobradero a tope de agua». Las reparaciones realizadas en la red y el buen nivel de las reservas han permitido que los vecinos vivan un verano sin sobresaltos.

En Santa Engracia también están aliviados. «De momento», dice prudente su alcalde Óscar Fernández a la espera de lo que pueda pasar en el mes de agosto. «Si caen un par de tormentillas estamos salvados». Sólo han tenido un percance en todo el verano después de un año, el de 2024 que les trajo de cabeza. «Con las tormentas en San Bartolomé nos quedamos unos días sin agua pero fue algo puntual». Están trabajando para evitar los problemas de otros años. «En San Martín ya tenemos un proyecto de bombeo de un manantial de la zona». Las lluvias del año han sido imprescindibles para ellos.

Pero no todos pueden decir lo mismo. Lagunilla del Jubera sigue siendo uno de los puntos más delicados de la comunidad. Cada año, independientemente de las precipitaciones, necesita un refuerzo constante para que sus vecinos puedan beber. La causa principal no es solo la escasez. También se suma la mala calidad del agua, con una alta concentración de caliza. «En zonas como Lagunilla el agua estropea los electrodomésticos, pero al menos llega», comenta Carlos Yécora, alcalde del municipio. Sin embargo, no todos los núcleos tienen la misma suerte.

Ventas Blancas ha sufrido cortes de suministro durante la última semana. Su situación se complica en verano, cuando la población aumenta. «Además tenemos la residencia de mayores a la que hay que dar servicio». Este año están recibiendo cisternas del Gobierno de La Rioja con agua tres veces por semana. «Estamos peor que otros años», admite. «El día del chupinazo estábamos quitando piedras del río para que el agua llegase al depósito».

El problema no es puntual ni se limita a una estación. La captación de agua está a 13 kilómetros del núcleo urbano, lo que obliga a tener prácticamente a un trabajador del Ayuntamiento dedicado exclusivamente a gestionar incidencias. «Tenemos problemas todo el año, pero en verano se agudizan», insiste Yécora. «Pedimos consumo responsable, pero es un desgaste mental saber si vas a tener agua o no al día siguiente. A la gente le da igual cuánto cueste, lo que quiere es agua en condiciones».

No sólo los municipios pequeños han tenido problemas de agua este verano. En Alfaro, toda una cabecera de comarca, están ya habituados a los problemas de suministro de agua. Este verano está siendo especialmente complicado para los vecinos para los que, a mediados de julio, abrir el grifo se convirtió en un acto de fe. Una avería causada por las tormentas dañaba una de las bombas que abastece al municipio. La extracción de la bomba reveló también una avería eléctrica, lo que complicó y retrasó la reparación. Todo esto ocurre justo a escasos días de una ola de calor con temperaturas que rozaron los 40 grados.

Sin embargo, para muchos vecinos, el problema va más allá de un fallo puntual. Denuncian que los cortes de agua son continuos y achacan la situación a un mantenimiento deficiente del sistema de abastecimiento. Critican la falta de información y la ausencia de soluciones efectivas, y señalan que, aunque se han destinado un millón de euros a renovar la red y mejorar el sistema, los cortes siguen siendo constantes, «reflejo de una gestión deficiente».

Esta realidad no es nueva. El verano 2024 fue especialmente complicado. Según los datos del Gobierno de La Rioja, ya a mediados de agosto del año pasado se habían repartido 634.000 litros de agua a municipios con problemas de abastecimiento, un nueve por ciento más que en todo 2023. En apenas dos meses, el Parque Móvil del Gobierno realizó 21 servicios movilizando 31 camiones cisterna. Los pueblos asistidos fueron Zenzano, Ventas Blancas, El Collado, San Bartolomé, San Martín, La Unión, Zorraquín y Daroca. La mayoría de las actuaciones se concentraron en el Valle del Jubera, epicentro de muchas de las incidencias.

Las lluvias de este año han evitado males mayores, pero los datos de años anteriores son un recordatorio constante de que la lucha por el agua en La Rioja no ha terminado. El alivio en algunos pueblos contrasta con la tensión diaria en otros. Y mientras tanto, los vecinos, como cada verano, cruzan los dedos esperando que el grifo no se quede seco.

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