Cuando Roberto Frías comenzó en el mundo de la viticultura, hará ya cosa de 28 años, recuerda que había viñas que a 600 metros no lograban madurar. Ahora, con unas cuantas tormentas pasadas y un gran bagaje en la materia, ha plantado viña a 815 metros de altitud, en el término de Kripán. El director de Viticultura del Grupo La Rioja Alta S.A. demuestra que la viticultura del futuro ya es el presente.
«Llevábamos siete u ocho años con la idea rondando, a ver dónde, cómo y qué plantábamos, y nos fuimos a una zona de Rioja Alavesa en la que no se ve ningún viñedo en el entorno. De hecho, será de las pocas viñas en la DOCa que alcancen esta altura. Se trata de probar. Los pioneros siempre corren algún riesgo, pero en este caso creo que el riesgo es mínimo por la evolución que está teniendo el clima. Al final buscamos contrarrestar el efecto de las altas temperaturas, tanto en el desarrollo del viñedo como en la calidad de la uva y de los vinos», apunta Frías.
Allí, entre fincas de lo que hace unas semanas eran cereal y guisantes, sobresalen miles de plantas de vid repartidas por cuatro parcelas que juntas suman 13 hectáreas. Esta plantación, impulsada por la bodega Torre de Oña, se hizo a finales del mes de junio y a un marco de 2,60 por 0,96 metros, por lo que cuenta con 4.000 plantas por hectárea que van desde los 750 metros a los 815 metros de altitud. La conducción será en vaso, lo que hace que Frías tema en cierta medida por los efectos del viento, «así que habrá que hacer despuntes un poco tempranos para evitar que los brotes hagan efecto vela y los derribe el aire».

Momento de la plantación del viñedo en altura, en Kripán.
«Lo que buscamos imitar las viñas de antes, con mayor densidad de plantación y en vaso, en lugar de la espaldera», remarca. «En bodega hacemos vinos de crianzas muy largas y, evidentemente, para que esos vinos alarguen ese periodo de envejecimiento es clave que tengan acidez alta. El aumento de temperaturas lo que hace es, precisamente, contrarrestar esa acidez, así que tenemos que irnos a mayor altitud».
Por si fuera poco, es la primera viña del grupo en la DOCa Rioja plantada en el sistema keyline (ya tienen otra en Ribera del Duero), siguiendo las curvas de nivel del terreno para que las tormentas no arrastren la tierra de las partes altas hacia las bajas y para que el agua se distribuya de mejor manera. «Al final, cada vez llueve de peor forma, así que también dejaremos cubierta vegetal para tener el suelo protegido», añade.

En cuanto a la variedad elegida, se trata de tempranillo tinto. «Vamos a emplear tres clones de tempranillo, pero mayoritariamente va a ser uno cuyo material vegetal se ha seleccionado en un viñedo viejo que la bodega tiene en Páganos y que en los vinos mantiene muy bien lo que es el perfil de los vinos de Rioja Alavesa», explica.
En este sentido, los vinos que nazcan a esta altura están todavía por determinar, aunque el director de Viticultura de La Rioja Alta ya asegura que, «en principio, no se sacará una línea nueva, sino que se usarán para potenciar esa tipicidad de los vinos que estamos elaborando ahora, aunque todo se irá decidiendo cuando empecemos a elaborar las uvas». Una primera cosecha que tardará en llegar aún unos años: «De cara a 2027 ya tendríamos que ver algún racimo».
Frías confía en que este paso de Torre de Oña servirá como ejemplo para otras bodegas. «Antes, prácticamente el límite de plantación de viñedo en Rioja Alavesa lo marcaba la carretera que va desde Laguardia a Labastida y ahora mira cómo cada vez se va escalando más por encima de ese punto. Creo que ese desplazamiento del viñedo a zonas más altas va a seguir produciéndose aunque sea forzado por el cambio climático y ese aumento de las temperaturas. Un fenómeno que no solo se está dando en Rioja, sino a nivel mundial».


