La niña avanza por el sendero con paso decidido hacia el Achichuelo. Sabe que la ruta siempre acaba ahí, sentado junto a su abuelo que guarda en el macuto un trozo de chocolate. La gorra roja y una mochila que le baila sobre la espalda facilitan que el abuelo pueda viajar unos pasos por delante, a pesar de llevar el paso lento de quien no tiene prisa porque ya ha hecho las cosas importantes de una vida y ahora se conforma con disfrutarlas: su nieta, su bosque, y su trozo de chocolate en el bolso.
La niebla quiere echarse sobre la Sierra Cebollera, por lo que le viene a la cabeza la historia que siempre le ha contado a sus hijos y ahora a sus nietos. «Cosas del pueblo», resume su nieta cuando le preguntan de qué ha hablado con su acompañante durante esta nueva caminata. Él le ha ha contado, una vez más, la vieja historia de los pastores trashumantes que, siglos atrás, pidieron ayuda a la Virgen ante la amenaza de unos bandidos. Entonces, como ahora, una niebla espesa cubría el monte, y aquella vez les sirvió a los pastores para que salvaran a su rebaño de los bandidos. Desde entonces se cumple un voto en una romería que se celebra cada primer domingo de julio. La niña, aburrida, sigue andando, escuchando en silencio las «cosas del pueblo» que en unos años necesitará contarle a alguien que las quiera escuchar.
El sendero, amplio y bien marcado, discurre paralelo al río Iregua, entre pinos, hayas, rocas y musgo. En algunos tramos se escucha el agua correr más cerca, en otros, la niebla se filtra entre las ramas para darle al paseo un punto de aventura a los ojos de una niña. El abuelo sabe que caminan por una senda inmejorable en un recorrido pensado para todos, incluso para las personas que necesitan de una silla de ruedas. El monte, generoso, ofrece mucho en este lugar, sin exigir demasiado a cambio. En los bancos de madera y las mesas adaptadas se reparten meriendas y conversaciones. Todo al ritmo amable de los lugares donde nadie debería tener prisa, solo para volver cuanto antes.

Las sendas transcurren por paisajes naturales sacados del pasado.
En la Fuente Chilena, la familia se detiene. El trago de agua alivia la sed, en un descanso que permite situarse de nuevo sobre un mapa, para elegir el camino más adecuada para cada uno. Otra pareja señala alguna de las otras rutas marcadas en los paneles de madera que aquí parecen converger. El aire limpio, fresco, cargado de resina y tierra húmeda engaña a los sentidos: es como si el bosque estuviera por estrenar.
Más arriba, cuando el sendero se empina y los sonidos del río quedan atrás, surge la ermita de Lomos de Orio. El edificio, de piedra clara y tejas rojizas, se alza en medio de una pradera amplia, rodeado de montañas que superan los dos mil metros. Es lugar de santeros, que cuidan de este entorno y lo mantienen vivo más allá de las romerías anuales. Su rutina es sencilla: barrer las escaleras, organizar la leña, mantener la casa, superar el invierno. Es un aislamiento sereno, por deseado, en un homenaje a quienes antes han vivido también así.

Ermita de Lomos de Orios.
Pero todo cambia el primer domingo de julio. Desde bien temprano, los caminos se llenan de coches y personas, de mochilas y fiambreras, de devoción y tradición, de bailes y cánticos. En la ermita se celebra la Caridad Grande, una romería de origen pastoril que, según la tradición, rendía homenaje a aquella aparición milagrosa. Tras la misa, los asistentes hacen cola para recoger el pan bendecido y el trozo de carne de cordero que alivia cualquier rancho de patatas, en un gesto de generosidad que ha perdurado durante siglos. No importa de dónde se viene y hacia dónde se va: todos comparten pradera, en el mantel más extenso de toda La Rioja.

Cascada en el Parque Natural Sierra Cebollera.
Del Achichuelo a Lomos de Orios, a través de una senda accesible por un paisaje de cuento, abuelo y nieta -pastor y rebaño- comparten el latido del bosque y atraviesan una puerta abierta a todo el mundo hacia una forma de vida más lenta, más atenta, más enraizada. Porque hay lugares donde la tierra no solo se pisa: se hereda y se transmite.
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