Cuando era pequeña y aún no sabía leer, todas las noches sin excepción, mi madre me leía un libro antes de dormir. Prácticamente yo escogía el mismo noche tras noche hasta el punto de saberme la historia de memoria. Ese pequeño libro que hablaba sobre el señor Sol y la señora Luna pasó a ser algo más que un simple cuento. Fue el inicio de una afición que a día de hoy todavía me acompaña.
«Inculcar el hábito de leer a los niños es muy importante, pero también lo es para los padres compartir esos momentos», señala Carmen Mateos, de la librería Veo Veo, especializada en literatura infantil, juvenil y álbum ilustrado, un nicho de mercado que, según explica, no estaba cubierto en Logroño.
«Las madres leen más», señala, aunque añade que siempre hay excepciones y también son muchos los padres lectores. Mientras hacemos la entrevista, una madre y sus dos hijos pequeños recorren todos los estantes de la librería y ojean los que más les llaman la atención. Antes de marcharse, el más pequeño se aferra con fuerza a un libro que ha estado ojeando. Ya han comprado dos, «este para la próxima», sentencia su madre para disgusto del niño.
Son muchas veces los propios niños quienes eligen su próxima lectura, pero también hay madres que prefieren ir solas a comprar, porque si van acompañados con sus hijos, «los quieren coger todos».

Entre sus coloridas estanterías hay una dedicada a un tema tan fundamental como es la educación sexual. «Tengo libros de este tema para todas las edades. Desde prácticamente cero años, porque comienzas aprendiendo las partes de tu cuerpo, hasta la adolescencia», explica. Padres y madres con hijos de todas las edades y géneros vienen hasta la librería de Carmen buscando estos libros, que, según indica, «no los encuentran fácilmente».
Sobre la mesa alrededor de la cual nos hemos sentado nos observan, como señalando el aún lejano final del verano, libros escolares: «Desde que termina el curso ya estamos con la campaña del siguiente». Como consecuencia de este gasto, bastante contundente, para qué engañarnos, las ventas en verano bajan bastante: «Al tener que comprar los libros del cole y el material escolar, es una época en la que no se venden tantos libros de lectura».
Y, para disgusto de muchos pequeños, el verano suele ir acompañado de los cuadernos de vacaciones. Una especie de extensión de los libros escolares que yo, personalmente, aborrecía. Pero en su librería, Carmen tiene diferentes opciones para que «sigan leyendo, escribiendo y trabajando un poquito», pero de una forma más divertida: pasatiempos, sudokus, juegos…

«Siempre me han gustado mucho los libros. Es a lo que me he querido dedicar toda la vida. Para mi, han sido un refugio», cuenta. «Leer es el más barato de los vicios y, además, es un vicio sano. Leer alimenta el alma y el espíritu. Todo lo que inviertas en cultura nunca es caro», añade.
Durante el curso, en la librería tienen un club de lectura. «Hay una mamá que viene con su hija y antes a la niña no le gustaba leer y, desde que viene, dice que le encantas los libros. Que quiere más y más libros». Esto es, sin duda, lo más satisfactorio de su trabajo para Carmen.
Los libros educan, te permiten viajar a lugares lejanos sin salir de casa y te hacen compañía. Y, como dice Carmen, no hay vicio más barato.


