Aquella forma de pedalear de Mathieu Van der Poel aún se recuerda por La Rioja. ‘Volaba’ por los divertidos, empinados y sinuosos senderos que vertebran la sierra riojana. Imposible seguirle el ritmo. Y acabó por imponerse en la edición de 2018 de La Rioja Bike Race. Pocos meses después, en medio de la pandemia, sin aficionados en las cunetas por las restricciones a la movilidad, el ciclismo en ruta profesional levantó a los aficionados de sus asientos por todos y cada uno de los ‘hachazos’ que se fueron metieron durante un buen rato y de forma constante Richard Carapaz y Primoz Roglic en la edición de 2020 en el Alto de Moncalvillo. Como en cada otoño, la gama cromática del paisaje monumental de la sierra riojana, que arranca a partir del Valle del Ebro, dejó boquiabiertos a los telespectadores de uno de los eventos deportivos más relevantes del país.

FOTO: EFE/ Javier Lizón.
Así es como La Rioja se presentó al mundo de ciclismo. Y lo hizo como lo que es: un paraíso que pedalear, y que hasta entonces era el secreto mejor guardado por los amantes de la bicicleta (carretera, gravel o montaña) y el cicloturismo que caían casi por azar por La Rioja. Aquí, cada pedalada es un brindis al paisaje, un homenaje a la orografía de múltiples perfiles, un recordatorio de que la bici puede ser una gran aliada para descubrir lugares a los que solo se puede acceder dando pedales. La diversidad geográfica de La Rioja ofrece rutas para todos los gustos y niveles. Desde los tranquilos caminos entre viñedos hasta las desafiantes ascensiones montañosas.
El Valle del Ebro invita a paseos relajados entre campos de cultivo y pueblos con encanto, con el Camino de Santiago como arteria principal que garantiza la ausencia de vehículos a motor y un viaje deportivo y cultura único. Cameros, tanto el Viejo como el Nuevo, ofrece rutas más exigentes, ideales para los amantes del mountain bike o de las rutas en asfalto de más de cuatro horas. El Alto de Moncalvillo, con rampas que alcanzan el 13 por ciento, o la subida a Valdezcaray sitúan a los ciclistas más en forma en escenarios de esfuerzo más que buscados. Y ya en La Rioja Baja, las rutas suelen ser un ‘rompepiernas’ en suaves subidas y bajadas del Ebreo, y el mar de viñas hacia el Monte Yerga.

La combinación de ciclismo y enoturismo es una de las grandes apuestas de La Rioja. Varias bodegas y empresas ofrecen alquiler de bicicletas y rutas guiadas entre viñedos, permitiendo a los visitantes disfrutar del paisaje y degustar los excelentes vinos de la región, sin pasar por alto la rica gastronomía de la región. Empresas locales han creado paquetes turísticos que incluyen el alquiler de bicicletas, visitas a bodegas y catas de vino. La Rioja es mucho más que una tierra de vinos; es un destino que invita a ser descubierto sobre dos ruedas. Ya sea recorriendo sus tranquilas vías verdes por antiguas vías de tren ahora acondicionadas para ser ciclables, enfrentando sus desafiantes montañas, recorriendo el Camino de Santiago, las vía de Eurovelo que pasan por la región, las Grandes Rutas (GR) como la 99 (la del Ebro) o la GR-93 (la Intervalles o Sierras de La Rioja), o participando en sus prestigiosas competiciones, el ciclista encontrará en esta región una experiencia inolvidable.

La Rioja Alta: entre viñedos y pueblos con encanto
En la comarca de La Rioja Alta, los ciclistas pueden disfrutar de rutas que serpentean entre viñedos y pueblos históricos de casonas de piedra. Una opción es el recorrido circular desde Haro, que atraviesa la Ribera del Ebro, viñedos históricos, ofreciendo vistas panorámicas y la oportunidad de visitar bodegas centenarias. Otra ruta recomendada parte de Cihuri y pasa por el Castillo de Sajazarra, combinando patrimonio histórico con paisajes vinícolas, con la posibilidad de acercarse a Santo Domingo y para los más en forma ir descubriendo .
Valle del Iregua y Sierra de Moncalvillo: desafíos entre bosques y cumbres
La Sierra de Moncalvillo ofrece rutas para ciclistas que buscan desafíos en plena naturaleza. Desde Entrena, se puede realizar un recorrido circular que asciende hasta la cima de Moncalvillo, atravesando bosques de pinos y abetos. Otra opción es la ruta que conecta Ventosa, la Dehesa de Hornos y el Embalse de Valbornedo, combinando senderos técnicos con paisajes impresionantes.
La Rioja Baja: entre castillos y paisajes naturales
En La Rioja Baja, los ciclistas pueden explorar rutas que combinan patrimonio histórico y naturaleza. Desde Arnedo, una ruta circular lleva a la Torre de Préjano y al Castillo de Herace, pasando por la Vía Verde. Otra opción es el recorrido que parte de Alfaro y llega a la Laguna de la Estanca, ofreciendo la posibilidad de avistar aves y disfrutar de un entorno tranquilo.

El Bike Park de Nalda garantiza emociones fuertes.
Camino de Santiago, EuroVelo, GR99 y GR93
Para quienes buscan rutas de largo recorrido que combinan historia, naturaleza y cultura, La Rioja ofrece itinerarios emblemáticos que atraviesan su geografía.
La EuroVelo 3, conocida como la Ruta de los Peregrinos, atraviesa La Rioja siguiendo el histórico Camino de Santiago Francés. Uno de sus tramos destacados es el que conecta Logroño con Santo Domingo de la Calzada, un recorrido de aproximadamente 56 kilómetros que permite al ciclista sumergirse en paisajes vinícolas y pueblos con encanto .
El Camino Natural del Ebro (GR99) es otro de los grandes recorridos que cruzan La Rioja. Este sendero sigue el curso del río Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en el Delta del Ebro. En su paso por La Rioja, ofrece etapas como la que va de Logroño a Calahorra, que transcurre entre viñedos y campos de cultivo, y la que conecta Calahorra con Tudela, ideal para ciclistas con ganas de conocer cómo es la orilla de Ebro a su paso por La Rioja.
Por último, el GR93 es un sendero de gran recorrido que atraviesa las principales sierras y valles de la región. Una de sus etapas más recomendadas para ciclistas es la que une Ezcaray con San Millán de la Cogolla, que permite disfrutar de paisajes montañosos y del patrimonio cultural de ambos municipios.
Estas rutas, con sus variados paisajes y niveles de dificultad, ofrecen al ciclista la oportunidad de explorar La Rioja en profundidad, combinando el placer del pedaleo con el descubrimiento de su rica herencia cultural y natural.


