Especial Enoturismo

Altanza, el arte de compartir vino, paisaje y cercanía

Fotos: Bodegas Altanza

Los rosales en flor inundan de color y perfume más de 3.000 metros cuadrados dedicados a experimentar con los sentidos. Los jardines de Bodegas Altanza, firma ubicada a las afueras de Fuenmayor (y a solo 15 minutos en coche de Logroño), son el escenario perfecto para combinar naturaleza, sosiego y buena compañía, especialmente en plena época primaveral. Esta es la tarjeta de bienvenida que caracteriza a la bodega y la puerta de entrada a toda una experiencia sensorial donde el visitante se sumerge en un viaje para conocer el potencial de La Rioja en una sola jornada.

Un viaje en el que el vino y la gastronomía ejercen como hilo conductor para marcar los ritmos del recorrido, amenizando cada estancia y cada momento de la visita, desde las salas de barricas al botellero, pasando por los viñedos y llegando también al reconocido claustro exterior alrededor del cual se encuentra la bodega.

Desde sus inicios, Altanza ha apostado por mostrar el vino como un producto vivo, uno en constante evolución. «Cada vendimia supone el comienzo de un nuevo relato en el que las mismas variedades, cuidadas con esmero, adquieren matices distintos en función del año, el clima o el trabajo en bodega. Es precisamente esta idea de ‘vino en movimiento’ la que está en el centro de nuestra filosofía porque defendemos una elaboración donde prima la precisión, pero sin perder el alma de cada cosecha», refleja Stephanie Abel, responsable de Marketing, Comunicación y Visitas.

En este sentido, muchos de sus vinos han sido ampliamente reconocidos por el consumidor riojano, «que ha sabido valorar su calidad y mantener una fidelidad a lo largo del tiempo». Este vínculo con el público local es, en parte, reflejo del cuidado con el que la bodega trabaja cada elaboración. Por no mencionar el carácter exportador que caracteriza a esta bodega. Actualmente, las referencias de Altanza están presentes en 56 países, lo que evidencia su apuesta clara por abarcar el mercado internacional y dar a conocer el potencial de esta región también más allá de sus fronteras.

Así mismo, el vino no es lo único que se elabora en Altanza. La bodega tiene su propio Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE), producido a partir de los olivos cultivados en la Finca Valvarés que es de su propiedad. Un producto que recientemente ha sido distinguido con el Primer Premio en la categoría de frutado maduro en el IX Concurso de Aceites de La Rioja, consolidando así el compromiso de la firma con la excelencia también fuera del ámbito vitivinícola.

«Altanza representa ese equilibrio difícil entre el respeto a la herencia y la búsqueda constante de identidad propia. Una bodega que no solo produce vinos, sino que también crea experiencias, espacios y momentos en los que el vino se convierte en lenguaje compartido. Una bodega para todos los públicos porque su oferta está pensada para familias, parejas y amigos que estén dispuestos a disfrutar de La Rioja al completo», destaca Stephanie.

El propósito de este enclave de Rioja Alta no solo es el hecho de elaborar vinos de calidad, sino que su máxima es establecer una relación duradera con todas aquellas personas que se acercan a las instalaciones para disfrutar de él. Cumpliendo con su filosofía de que «el vino es compartir», Altanza ha dispuesto todo para que la inmersión en esta experiencia enoturística satisfaga todas las necesidades y sea apta tanto para niños como adultos.

Stephanie lo resume con claridad: “De nuestras visitas hay que destacar la autenticidad, la cercanía y el trato diferencial. De hecho, en muchas ocasiones las experiencias son personalizadas y adaptadas a los grupos que nos visitan. Además, seguimos siendo una de las bodegas mejor valoradas por el público, lo que no solo me enorgullece, sino que también nos impulsa a consolidar día a día nuestro compromiso con la excelencia y la hospitalidad».

Es el caso de la visita especial ‘Pequeños vendimiadores’, una de las actividades más emblemáticas de la bodega que se realiza durante la época de vendimia. En ella, los niños se convierten en verdaderos protagonistas de esta labor, aprendiendo, jugando y disfrutando del entorno de la bodega mientras se acercan al mundo del vino desde una perspectiva lúdica y educativa. “Grandes y pequeños disfrutan como enanos y se convierten en nuestros mejores embajadores”, aseguran desde el equipo de visitas, quienes preparan cada detalle con mimo para que la experiencia sea inolvidable.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top