«El destrozo que ha hecho en solo veinte minutos». A los agricultores, pese a verse visto en alguna parecida, les sigue sorprendiendo la fuerza de la naturaleza. «Ya no podemos hacer nada. Es más, por este año ya hemos vendimiado». Es un jueves triste de Navarrete a Medrano, pasando por Sojuela y llegando hasta Hornos de Moncalvillo. «Está todo destrozado», indica Chechu, un agricultor preocupado, que es al mismo tiempo alcalde de Medrano.
Es un jueves de corrillos. El tema de conversación es siempre el mismo. «Ha pegado fuerte». «Está todo destrozado». «Llevábamos tres manos de tratamiento». «Este año ya nada, pero el que viene tampoco»… es una sucesión de lamentos que desde el cerro del barrio de las bodegas de Medrano, con la posibilidad de observar desde el Moncalvillo hasta el Ebro en 360 grados, a los ojos inexpertos de un urbanita el daño parece relativo. La belleza del entorno: verde, húmedo… impide comprender el verdadero valor de los daños. Hasta que se hace zoom sobre una imagen que parece de postal.

Fernando analiza los daños en su viña de sesenta años de Medrano.
Es cuando se baja a pie de viña, cuando los zapatos se llenan de barro, cuando el coche patina por los caminos de lodo, cuando se empiezan a ver los daños de una granizada que ya es histórica. «Estamos hablando, seguro, del 90 por ciento de daños en esta zona, que serán del 100% porque lo poco que se ha salvado del primer impacto se acabará pudriendo en los próximos días». Chechu habla como agricultor, no lo hace como alcalde de su pueblo. Nadie sale indemne de una como éstas.

Chechu, con el Moncalvillo al fondo.
El 11 de junio de 2025 ya es una de esas fechas que no se olvidará tan fácilmente en esta zona que conecta en una sucesión casi infinita de viñedos el valle con la montaña, el río al que fueron las aguas torrenciales del miércoles por la tarde con la montaña en la que se encajó la tormenta que ha provocado tantos daños, con avenidas de hielo del granizo buscando acomodo entre Sojuela, Medrano y Navarrete.
«Las tormentas se forman en la Sierra de la Demanda, lo normal es que lleguen hasta aquí -al Moncalvillo- y se deshagan bajando con menos fuerza por el Iregua». Pero la del miércoles no actuó como explica Jesús en uno de los múltiples corrillos improvisados durante la mañana de este miércoles. «Ésta fue distinta. Se quedó ahí, como encajonada, sobre Hornos y Daroca, y te garantizo que jamás había visto caer piedra con tanta fuerza». Sigue recordando en voz alta Jesús, tratando de pasar el disgusto, de darle algo de sentido a lo ocurrido: «Era hielo, sin lluvia, solo hielo… fueron veinte minutos tremendos». A la vista están los destrozos.

Fernando desde el cerro del barrio de las bodegas de Medrano.
«El daño, como puede verse, va desde Hornos hasta Navarrete pasando por toda esta zona», señala desde el cerro del barrio de los bodegas el alcalde de Medrano. «Me dicen que también ha tocado un poco la pera de Entrena -en donde preocupa el fuego bacteriano por las heridas de la piedra en los troncos de los perales-, pero ahí ha tocado menos. Es que aquí no ha quedado nada». Sarmientos pelados, dañados, con las hojas en el suelo y los primeros racimos reventados.

Los frutales también se han visto seriamente dañados.
«Habíamos ya desnietado. La labor de este año ya estaba casi hecha», apunta Fernando, un exmilitar, mecánico de radar del Ejército, que ahora, jubilado, se encarga de algunas labores del campo de las propiedades familiares. «Nosotros no vivimos de esto, da pena por los que sí se dedican a la viña de forma profesional y tienen que pasar por días como éste».
Fernando ha visto ya unas cuántas tormentas, algunas más que Chechu, que recuerda que «nunca he visto nada como lo de este miércoles, al de 2008, pero fue más localizada». Y no le quita la mano Fernando: «Sucedió algo similar en 1968 ó 1969», duda con la fecha exacta. «Pero fue por ahí porque nos estábamos haciendo la casa». Y aquella vez también apedreó como este 11 de junio de 2025. «Es que el destrozo es total», muestra desde una finca con viña -de sesenta años- pegada a la casa de sus hijos. «Aquí no ha quedado nada», remarca.

Juan mira desde Medrano a Navarrete siguiendo el recorrido de la tormenta.
Está siendo una primavera muy complicada. «Hace veinte días ya cayó piedra en esta zona», indica Fernando. «Ya ha habido viñas a las que se les dio un 80 por ciento de daños. Ahora tendrán que volver y a buen seguro estamos en el 100%». Desde primera hora, los agricultores han saltado de la cama para ver las consecuencias de la piedra del miércoles. «Andamos por las viñas viendo el destrozo», comenta Javier, un viticultor de Navarrete que respira con preocupación al otro lado del teléfono. «Por la zona de detrás del camping y hasta el embalse de Valbonerdo, ahí está lo peor».

Fernando, Juan y Puri en su vivienda en Medrano.
El camino que une Navarrete con Medrano, con viñas a uno y otro lado, es la zona cero de una tormenta que cierra de forma prematura la posibilidad de coger uvas en esta zona de La Rioja. Puri, Juan y Fermando improvisan un nuevo corrillo. «Se dará por perdida la uva de este año, y a buen seguro la del año que viene, pero es que además habrá que tratar el viñedo para evitar enfermedades», costes añadidos para una cosecha perdida.
Comienza a subir la temperatura a media mañana. La humedad en el ambiente facilita la sudoración. Los todoterrenos y furgonetas van y vienen por los caminos. Tras la inspección, las botas embarradas vuelven a los maleteros. «Qué le vamos a hacer, es lo que hay», sentencia Jesús, que mira hacia el Moncalvillo esperando una respuesta que no llegará. Esta vez les ha tocado a ellos. Y ahora hay que evaluar los daños para ponerse de nuevo a trabajar en el campo. «Es lo que hacemos todos los días».


