Un timbre suena, alguien descuelga, y al otro lado comienza una conversación que, muchas veces, no solo acompaña… también salva. Así trabaja desde hace más de dos décadas el Teléfono de la Esperanza, que este lunes ha sido reconocido con la Medalla de La Rioja 2025, el mayor galardón que otorga el Gobierno regional. Un homenaje a la escucha anónima, al consuelo silencioso, a ese faro de luz que, en palabras de quienes lo integran, “no mide su impacto en números, sino en voces concretas”.
En un acto profundamente emotivo, Magdalena Pérez u Cristina Díez han expresado su gratitud y también su emoción. “Este premio nos empuja a seguir”, han dicho, subrayando la importancia del voluntariado como el verdadero motor de esta labor. La sociedad, dicen, está sola, necesita hablar, pero no siempre encuentra oídos dispuestos. Ellos están ahí, 24 horas al día, 365 días al año, sin juzgar, sin pedir nada a cambio. Más de 2.000 llamadas al año demuestran la necesidad de este servicio esencial, muchas veces invisible.

La historia comenzó en noviembre de 2004, de la mano de Magdalena Pérez, alma fundadora que hoy se ha despedido públicamente como presidenta con una frase que ha calado en el auditorio: “Este es mi lugar en el mundo”. Ha contado que lo supo el día en que se emocionó escuchando el himno de La Rioja. Su relevo lo toma ahora Cristina Díez, con el compromiso de seguir creando espacios de seguridad, escucha y cuidado mutuo.
Durante estos veinte años, más de 15.000 personas han participado en talleres y cursos, y más de 300 voluntarios han sido formados para mantener viva esta red de apoyo emocional. Entre sus iniciativas destaca la asociación El color a la vida, un refugio para quienes han perdido a un ser querido por suicidio, y la reciente colaboración en el Protocolo de Emergencia ante Tentativas de Suicidio en La Rioja, en coordinación con SOS-Rioja.
“Quiero poner el foco en tres palabras: esperanza, escucha y voluntariado”, ha dicho Magdalena. Porque, como recuerdan ellos, «escuchar es amar». Una frase entre muchos ejemplos que ha puesto Magdalena sobre las piedras de San Millán sobre lo que escuchan día a día: “Solo quiero darte las buenas noches, porque hace meses que nadie me las da a mí”. Esa frase puede parecer simple, pero contiene un universo. Y es que, como han dicho hoy desde el Teléfono de la Esperanza, “escuchar cambia vidas”. Y, a veces, incluso, las salva.


