La Rioja

La crianza responsable de perros que triunfa en España está en La Rioja: «Aquí nacen con amor»

La crianza responsable de perros que triunfa en España está en La Rioja

En un rincón tranquilo de La Rioja, en Ollauri, rodeado de campo y ladridos felices, se encuentra uno de los criaderos de perros más prestigiosos de España. Su nombre ya es conocido entre jueces caninos, criadores y familias que buscan un compañero de cuatro patas con garantías de salud, carácter y bienestar. Y detrás de todo ello está Elena Uribe, una mujer que convirtió su amor por los animales en una vocación exigente y artesanal: la cría responsable.

Elena es la responsable de Goiz Ametz, uno de los criaderos caninos más prestigiosos de España. Lo que empezó como un sueño personal se ha convertido en un proyecto de vida que aúna pasión, rigor y una visión ética de la cría de animales. «Siempre he estado rodeada de perros, desde pequeña. Para mí no son solo animales, son familia, compañeros de camino».

Y con esa filosofía, Elena ha construido una historia marcada por el amor a los animales y la búsqueda constante de la excelencia. «Para mí, criar perros es una forma de vida. No es solo un negocio, sino un compromiso que requiere tiempo, esfuerzo y mucha dedicación diaria. Cada perro que nace en Goiz Ametz lleva mi cuidado y atención desde el primer momento».

Pero para entender la vida de esta amante de los perros, quizá sería bueno distinguir los conceptos de criador y adiestrador. Tal y como explica Elena, un criador selecciona, cría y socializa perros con una base genética, de salud y de temperamento muy cuidada. «No los entrenamos para obedecer órdenes concretas, sino que criamos pensando en el equilibrio emocional del animal desde que nace. Un adiestrador, sin embargo, trabaja con perros que ya han nacido para enseñarles comportamientos específicos o corregir problemas».

Es más, Elena aclara para «esos que piensan que ser criador es simplemente juntar perros, que aquí estudiamos líneas de sangre, caracteres, patologías… y cada camada se planifica con muchísimo cuidado. El adiestramiento puede venir después, pero sin una buena base, todo cuesta más».

En Goiz Ametz no hay jaulas ni prisas. Los perros crecen en un entorno natural, tienen espacio para correr, socializan con otros animales y reciben estímulos desde las primeras semanas. «Nos centramos mucho en la impronta temprana. Queremos que cada cachorro que salga de aquí esté preparado para vivir en familia, para convivir con personas, niños, otros perros…».

La reputación del criadero ha traspasado fronteras. No es raro que familias de otras comunidades —e incluso del extranjero— se desplacen hasta Ollauri para conocer en persona a los cachorros y a quien los ha criado. Lo hacen atraídos por las excelentes referencias, pero también por el modelo de cría que Elena defiende: «Ética, salud y bienestar por encima de la rentabilidad».

El criadero se especializa en cuatro razas principalmente: Bichón maltés, Shih Tzu, Yorkshire Terrier y Lou Lou Pomerania. «Aquí no tratamos de tener un perro bonito, que también, sino sano física y emocionalmente». Por ello llevan a cabo pruebas genéticas, controles veterinarios y una cría responsable, con pocos ejemplares y sin forzar camadas.

Elena conoce a cada perro por su nombre, recuerda su carácter y sus preferencias. «No criamos para ganar concursos ni por estética. Criamos para formar vínculos. Los perros tienen que ser felices, equilibrados, y eso empieza aquí, desde que nacen».

La suya es una labor poco conocida pero esencial para garantizar el bienestar de los perros durante toda su vida. «Un cachorro bien criado no es solo más sano, también es más feliz. Y eso se nota cuando llega a su familia».

Elena también dedica tiempo a educar a los futuros dueños. Les explica las necesidades reales de cada raza, cómo deben estimularla mentalmente, qué tipo de ejercicio requieren y, sobre todo, si encajan o no con su estilo de vida. «Mi objetivo no es vender perros. Es formar binomios felices y duraderos».

Para quienes buscan un compañero de vida y no simplemente una mascota, Goiz Ametz es más que un criadero. Es una garantía de que el cachorro que llega a casa ha sido criado con afecto, responsabilidad y respeto. «Cada vez que entrego uno, me despido sabiendo que va a ser parte de una familia. Y eso, para mí, es lo más bonito».

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