La Rioja ha dado un paso más en su lucha contra el cambio climático. La Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y Medio Ambiente ha aprobado el primer Plan Regional de Adaptación al Cambio Climático (PRACC) con el horizonte 2030 y que servirá como instrumento estratégico de planificación e implementación de acciones para evitar o reducir los daños derivados del cambio climático. Un Plan para el que el Ejecutivo movilizará unos 42 millones de euros.
Junto al aumento de las temperaturas máximas, la mayor duración de olas de calor y la reducción de días con los termómetros bajo cero, la región se enfrenta a un escenario de lluvias torrenciales e inundaciones con mayor riesgo en zonas del valle del Ebro, más incendios forestales, alteración de los ecosistemas acuáticos, así como degradación de los suelos por escorrentía y pérdida de fertilidad.
Todo ello puede derivar en problemas de salud pública especialmente para los más mayores o persona con enfermedades crónicas, por no hablar de los efectos negativos sobre el turismo regional motivados por esa pérdida de paisaje y los problemas de disponibilidad de agua. Es por ello que desde el PRACC plantean una serie de medidas para enfrentar esas previsiones de impacto del cambio climático. Medidas transversales que se integren en políticas públicas y fomenten la colaboración entre gobiernos locales, sector privado y ciudadanía.
Las medidas
– Reforzar la observación sistemática del clima y actualizar las proyecciones climáticas para anticipar olas de calor, mejorando los sistemas de alerta temprana y protocolos de actuación para proteger a las personas más vulnerables.
– Promover infraestructuras urbanas resilientes al calor, como la creación de zonas verdes, tejados verdes y el uso de materiales reflectantes.
– Adaptar los cultivos agrícolas con variedades resistentes y diversificando cultivos, desarrollando programas de innovación para que la agricultura prospere en climas más cálidos y aplicando técnicas de conservación de suelos para mejorar la eficiencia hídrica.
– Recuperar cauces naturales y crear áreas de retención de agua, además de fortalecer la infraestructura de drenaje en zonas urbanas y rurales para mitigar los efectos de lluvias intensas.
– Implantar el riego por goteo, más eficiente, y usar tecnologías de monitorización hídrica para ahorrar agua.
– Fomentar la reutilización de aguas residuales tratadas para el riego agrícola.
– Conservar los acuíferos y restauración de humedales para mejorar la retención natural del agua.
– Desarrollar sistemas de seguimiento climático en tiempo real para anticipar fenómenos adversos.
– Implementar prácticas ganaderas sostenibles que reduzcan la vulnerabilidad al estrés térmico y la escasez de agua.
– Restaurar ríos y protección de cuencas hidrográficas para mantener el flujo de agua y reducir la temperatura.
– Implementar zonas de amortiguamiento en las riberas para limitar la contaminación y el deterioro del hábitat, impulsando programas de conservación para especies vulnerables como la trucha común.
– Reforestar con especies autóctonas que mejoren la retención de agua y reduzcan la erosión.
– Proteger los suelos agrícolas a través de técnicas de manejo sostenible y prevención de la sobreexplotación, apostando por una agricultura regenerativa.
– Fortalecer los sistemas de prevención de incendios y alerta temprana para detectar focos, incrementando la vigilancia y el mantenimiento de los cortafuegos y áreas despejadas. Se desarrollarán programas de reforestación y restauración postincendio para evitar la pérdida de biodiversidad.
– Desarrollar campañas de sensibilización sobre los efectos del calor y el cuidado en períodos críticos.
– Fortalecer la capacidad de los centros de salud para atender situaciones derivadas de olas de calor y eventos extremos, así como coordinarse con servicios sociales para atender a poblaciones vulnerables durante emergencias climáticas.
– Fomentar un turismo sostenible y adaptar la oferta turística a las nuevas condiciones climáticas, promocionando rutas ecológicas que respeten el entorno y creando infraestructuras turísticas resilientes y menos vulnerables a fenómenos extremos.


