Cultura y Sociedad

Eurofans riojanos: «Lo celebramos como si fuese la Champions»

«Lo celebramos como si fuese la Champions»

Eurovisión está de moda, y no es para menos. Cada vez son más los que se reúnen para disfrutar de ese evento televisivo y musical que este sábado volverá a reunir a miles de personas en torno a la televisión. Y, aunque ha tenido sus altibajos desde que nació en 1955, sigue encendiendo pasiones. Sergio y sus amigos son unos de esos apasionados que viven intensamente todo lo que rodea al festival. Ellos llevan años disfrutándolo. «Lo celebramos como si fuese la Champions». En sus quedadas no falta nada: comida, carpetas para las votaciones, una buena porra y, desde hace un tiempo, hasta apuestas con dinero de por medio. Vamos, que lo viven a lo grande.

Lo curioso es que, hasta hace no tanto, cada uno disfrutaba del festival por su cuenta. «Empezamos a juntarnos cuando arrancó el Benidorm Fest», recuerda Sergio. Y es que, entre los seguidores de Eurovisión, había un sentir compartido: España necesitaba un festival previo, como tantos otros países, para escoger a su representante. «Que nos lo impusieran no nos convencía nada», dice con ese convencimiento que solo da la pasión compartida. Ahora ya tienen todo el pack: festival previo, semifinales y la gran final, que este año se celebra este sábado.

Y ellos, por supuesto, quedan en cada una de las ocasiones. «Somos varias parejas gais de Calahorra, Arnedo y Logroño. Nos lo pasamos en grande y nos reímos un montón con los mensajes que nos llegan por Instagram». Porque sí, sus fotos tienen ese «buen rollo» que engancha y un buen número de seguidores, esa vibra de estar entre amigos de toda la vida. «Hay gente que nos pide, por favor, ver el festival con nosotros», dicen, todavía sorprendidos.

Un par de horas antes de la gran cita, los móviles empiezan a vibrar y el grupo de WhatsApp se activa. Se llaman «Los Pencas». Sí, como las de las acelgas, y cualquiera que los conozca sabe que el nombre les va a la perfección. Cada uno tiene su misión bien definida: unos traen la comida, otros la bebida, y si no, pues se pide a domicilio. «Es que esos días no estamos para cocinar, no nos podemos perder ni un minuto». Y la decoración, por supuesto, nunca falta. Banderitas de España, banderitas de Europa y bien de brilli brilli.

Adrián, que es diseñador gráfico, tiene su propio papel en el equipo: preparar las carpetas de votación. Porque no, aquí no se trata solo de mirar la tele y aplaudir. No. Aquí hay que jugarse la honra intentando adivinar quién será el mejor. Con cartel incluido y todo, como en un evento de verdad.

Desde el año pasado, incluso hay dinero en juego. «Aquí como los profesionales, con apuestas y todo». Y, claro, llega el sábado y están más que listos para gozarlo al máximo. «Las semifinales son solo un entrenamiento», asegura. «Ahí vamos apuntando quién nos gusta más, quién la lía con el maquillaje, quién deslumbra con el vestuario, cómo son los planos… Y hay cotilleo, pero siempre con buen rollo, no criticamos a nadie».

Como no podía ser de otra forma, este año, su corazoncito está con Melody. «Ya nos gustó en el Benidorm Fest, pero es que en la semifinal ha mejorado un montón, sobre todo en el tema del vestuario». Pero no es su única favorita. «A mí me flipa el chico de Holanda», confiesa Sergio. Aunque, si hay que hablar de máximos favoritos, los suecos se llevan la palma. Ese homenaje a las saunas, brutal para algunos, a Sergio no le convence demasiado.

Sin embargo, la sensación con Melody este año es agridulce. «Las encuestas y las apuestas la han llegado a poner en el puesto 36 de 37», lamenta. «Pero quién sabe, tiene posibilidades de estar en el top ten», se anima a presagiar. Porque ellos no se conforman con saber quién gana; para ellos, quedar entre los diez primeros ya es motivo de celebración. Y es que valoran incluso a los que ni siquiera llegan al festival. «Con el Benidorm Fest han salido temazos como ‘Ay mamá’ de Rigoberta Bandini o ‘Nochentera’ de Vicco. Ahora, del festival salen las canciones del verano», dice con orgullo.

Eso sí, todavía llevan clavada la espinita del «chanelazo». «Claro, es que duele… Para un año que teníamos posibilidades de ganar, va y pasa lo de Ucrania. Y ganan ellos», suelta con resignación.

Su sueño, más allá de las porras y las risas, es poder ir algún día al festival en directo. «Lo hemos hablado, pero es que cuesta un montón conseguir una entrada. Se agotan en minutos», explican. Aun así, no pierden la esperanza. «Algún año lo intentaremos, fijo», aseguran. Porque para ellos, Eurovisión no es solo un festival, es una fiesta, una tradición y, sobre todo, un motivo para estar juntos y disfrutar a lo grande.

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