Viñedo propio, apuesta firme por el tempranillo tinto y roble francés. Tres pilares que conforman la trayectoria de Bodegas Altanza en sus 27 años años de historia. Tres pilares que protagonizaron la cuarta cita del VI Ciclo de Catas Underground celebrada este miércoles y organizada por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñan como patrocinadores, en compañía también de los pinchos de Delicious Gastronomía.
Una velada, sin embargo, que comenzó con la filosofía rupturista de esta firma de Fuenmayor de la mano de Sauvignon Blanc 2024. Una referencia que se elabora desde 2010, después de que el Consejo Regulador aprobase su incorporación, y en la que Altanza ha confiado desde el principio. «Es cierto que en Rioja no ha tenido una gran aceptación, pero para nosotros es una gran apuesta y un elemento diferenciador. Es pura fruta tropical y con muy buena acidez, que es justo lo que la hace perfecta para la guarda. Ahora también estamos haciendo pruebas con ella para criarla en madera», apunta el enólogo de la bodega, Carlos Ferreiro, quine condujo esta cita en compañía de David Sáez de Ojer, director general de Altanza.
Frescura y un aroma a melocotón fue lo que más sorprendió al público de este blanco joven antes de dar paso, ahora sí, a los tintos con madera. La crianza en barrica es clave en Altanza, tanto es así que el primer vino que la bodega sacó al mercado en 2002 fue el reserva. El mismo que se sirvió este miércoles, aunque en este caso de la añada 2019. El alma de la casa que combina la crianza en barrica y en tinos, todo de roble francés, y cuyas uvas proceden de la finca Valvarés de la bodega, en el término de Galilea, y de viñedos de Lapuebla de Labarca.

Foto: Fernando Díaz/RIOJAPRESS
La diferenciación también se refleja en el gran reserva de Altanza. La añada 2016 que descorchó este miércoles Ferreiro poco tiene que ver con los tradicionales vinos de Rioja de esta categoría. En este caso, el 50 por ciento del aporte de madera procede del roble americano, aunque el enólogo defiende la madera francesa por eso de que «respeta mejor la variedad».
Y de repente, un crianza para romper el orden tradicional. Valvarés 2020. «No hay que encasillar a las categorías marcadas por el tiempo de crianza porque cada vino se expresa de una forma y pueden sorprender los matices que se encuentran en un crianza o en un gran reserva», advirtió Ferreiro. En este caso, la fruta estaba más presente con un aroma dulce y láctico. Un vino, además, elaborado con levaduras autóctonas que hace la propia bodega. «Fuimos pioneros en este elaboración de levaduras que salen del campo. Cuando hicimos los primeros estudios descubrimos hasta 498 levaduras diferentes, aunque no todas eran viables enológicamente. Así que con las útiles se hicieron catas y análisis para ir descartando. Este año, el 60 por ciento del vino que hemos producido es con levaduras propias. Lo cierto es que la diversidad que hay en el campo es enorme» destaca.
Tras la cata de estas cuatro referencias de Rioja, los asistentes a la velada emprendieron el mismo viaje que hizo Altanza en 2017 de la mano de Roberto Amillo, riojano de nacimiento y uno de los mayores coleccionistas de vinos y brandis de Jerez en España. La bodega de Fuenmayor aterrizó en la tierra dulce y en 2020 ya contaba con su propia bodega en el centro histórico del barrio de Santiago, en Jerez de la Frontera, para elaborar una colección con referencias como el Pedro Ximénez que se degustó este miércoles y que cautivó al público. Una apuesta que refleja el alma innovadora de esta bodega, la única de Rioja asentada en el marco de Jerez.


