Cultura y Sociedad

Una vida entre pliés y jetés: Aurora López Infante se despide de la enseñanza de la danza

Tras décadas dedicadas en cuerpo y alma al baile, Aurora López Infante se prepara para jubilarse

En el corazón de Logroño hay un espacio en el que los pasos de baile han marcado el pulso de generaciones enteras. Entre barras de madera y espejos, se ha escrito una parte muy importante de la historia cultural de La Rioja. Al frente, desde hace décadas, está Aurora López Infante, heredera de un legado pionero que transformó para siempre la manera en la que esta región se relaciona con la danza.

Ubicada en la calle Villamediana, la academia de danza más longeva de La Rioja es el resultado de una pasión familiar y un trabajo silencioso, constante y apasionado que comenzó hace más de cincuenta años. Aurora Infante y su marido, Carlos López —ambos de origen donostiarra— decidieron establecerse en la capital riojana tras vivir varios años en París, donde Aurora se había formado como bailarina profesional «gracias al apoyo de mis abuelos, que eran muy abiertos para su época», cuenta Aurora hija.

Su paso por la prestigiosa compañía de Jean Babilée le otorgó una visión cosmopolita y exigente de la danza. Traer eso a La Rioja fue una apuesta valiente, y abrir una academia en una ciudad donde nadie hablaba de pliés, jetés ni fouettés, más. «La danza entonces era algo lejano, casi exótico. Aquí no se entendía como una formación seria. No había escuelas, ni profesorado especializado, ni siquiera una cultura de la danza». Pero su madre supo ganarse el respeto con mucho esfuerzo y tesón.

Juventud, danza y futuro

Durante años, esta academia no solo ha formado a bailarines, entre ellos Millán de Benito, uno de los profesionales con más proyección de futuro, sino que ha ido formando público, creando referentes y despertando vocaciones.

Uno de los aspectos que más preocupa —y a la vez más ilusiona— a Aurora es el papel de los jóvenes en la danza. «A pesar de todas las dificultades, hay talento. Hay chicos y chicas que sienten la danza con intensidad y que están dispuestos a dedicarle horas y esfuerzo. Lo que a veces falta es apoyo y reconocimiento social». Y más si hablamos de los chicos. «Este tema sigue siendo mi caballo de batalla. Literalmente me tiro de los pelos cuando sigo oyendo a padres jóvenes decirle a su hijo que él no puede bailar, o cuando vienen peques contando todo lo que le dicen en el cole por decir que va a una academia de baile. 2025 y esto sigue pasando».

Sin embargo, Aurora defiende que todavía -y menos mal- sigue habiendo inquietud artística entre los jóvenes. «Muchos vienen con referencias de redes sociales, de vídeos de danza contemporánea, de fusiones con estilos urbanos… Y eso es positivo. La danza se renueva constantemente. Pero siempre les insisto en que la base técnica y la formación sólida es imprescindible».

En su academia el alumnado es cada vez más diverso: desde quienes buscan un camino profesional hasta quienes quieren expresar emociones, canalizar energía o simplemente disfrutar. «No todos van a acabar en una compañía internacional, pero todos se llevan algo valioso. La danza deja huella». Tanto es así que Aurora confiesa que tiene ahora mismo en su centro a tres generaciones bailando. «Vienen la abuela, la madre y la hija, y eso es maravilloso».

Aurora insiste en que la danza debería formar parte esencial de la educación. «Es una herramienta poderosa: mejora la concentración, la autoestima, la salud física y emocional». Y además, educa el gusto por lo bello, por el arte y por la cultura. ¿Qué sociedad no necesita eso?

El cierre de una etapa… y una esperanza

Cuando Aurora López Infanto cogió las riendas de la academia lo hizo con una mezcla de gratitud y responsabilidad. Sabía que no era solo dirigir una escuela: era cuidar una historia, mantener una llama encendida, seguir aportando cultura a una tierra donde a veces lo artístico cuesta más hacerse hueco.

Y es que a pesar de la falta de visibilidad de las artes escénicas en La Rioja, Aurora no se rinde. «Seguimos formando, seguimos organizando festivales, participando en encuentros, colaborando con otras entidades… Lo que hacemos es crear comunidad artística. Y eso es impagable».

Ahora, tras décadas dedicadas en cuerpo y alma a la danza, Aurora se prepara para jubilarse. Es una decisión meditada y cargada de emociones. «Llega un momento en el que el cuerpo te dice que pares, pero el alma sigue bailando. Lo que más deseo es que alguien pueda continuar con este proyecto, con esta filosofía de formación artística y humana», confiesa.

Porque no se trata solo de traspasar una academia, sino de custodiar un legado. “Aquí no se enseña solo técnica. Aquí se forma a personas. Se cultiva la sensibilidad, la constancia, la escucha, el respeto. Eso es lo que me gustaría que perdurara».

Por eso, Aurora busca ahora a alguien que no solo quiera enseñar danza, sino darle continuidad a un sueño que comenzó hace más de medio siglo. Un sueño que puso a La Rioja en el mapa de la danza, que abrió caminos para generaciones de jóvenes, que transformó una ciudad desde una sala de ensayo.

Para Aurora, esa es la mayor recompensa: saber que su escuela ha sido semillero de arte, disciplina y sueños para cientos de jóvenes riojanos. Y que, con suerte, pronto alguien tomará el relevo para que esa música no deje nunca de sonar.

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