Llegaba Diego Urdiales a Las Ventas tras los hechos de Sevilla. Aquel milagro. Gravitaba en el ambiente la duda de cuánto tiempo ha de reposar el artista para volver a crear tanta belleza; de si se puede volver a bordar el toreo 48 horas después. Nos quedaremos sin saberlo.
Si bien a la tarde de este sábado en Madrid le faltaba torería, los 15 grados al sol, la brisa convertida a rachas en vendaval, los toros de El Pilar terminaron de estropear lo demás. O, para ser más exactos, vinieron a joderlo todo. Una escombrera. Y eso que sólo se lidiaron cuatro, devueltos quinto y sexto a los corrales por invalidez extrema.
A modo de resumen, sueltos y distraídos de salida, sin fuerza, sin la más mínima clase y hasta con malas intenciones.
Contada la tarde de peor a menos bueno, diré que el cuarto, además de todos aquellos defectos, se alineó con el viento para que su lidia fuera un poco más imposible de lo que ya hubiera sido en condiciones normales. Huidizo en el primer tercio, reservón y esperando en banderillas y como queriendo cazar moscas con los pitones en la muleta. Urdiales fue breve y eso fue lo mejor. Mira por dónde que, poco antes, Víctor Hernández había expuesto una barbaridad con el peligroso tercero y hasta pensé que alguien le pudiera reprochar a Urdiales que no porfiara algo más con aquella alhaja que le había tocado (des)suerte, pero nadie dijo ni media palabra.

Urdiales este sábado en Las Ventas. / FOTO: Plaza 1
Como iba diciendo, el siguiente toro por orden de deshonra fue el primero. El otro de Urdiales, ¡vaya por dónde! Este, por no tener, no tuvo ni peligro. Y, mucho menos, fuerza. ¡Qué feo se derrumbó un par de veces en el último tercio! Tampoco tuvo clase ni recorrido, que conste.
El bajío de Urdiales en Madrid con esto de El Pilar
Alguna posibilidad más, tampoco muchas, ofreció el tercero. En su favor hay que decir que a David Galván le costó un mundo ver que el pitón más enclasado y de más largo viaje era el izquierdo. Una breve serie duró aquel aparente ir venir cual toro de lidia, después de un puñado de series de derechazos a las que les faltó algo de temple, mayor sometimiento y más reunión. La obra de Galván fue de registros variados; de aquellas verónicas de manos bajas en el saludo hasta los cambiados por la espalda, luego de tratar de componer siempre bien la figura para esbozar el buen toreo.
Que el palco le negara la oreja hizo que aquel trasteo se recuerde con el premio de una vuelta al ruedo justa y no con una oreja ramplona. El gaditano se encargó de echar por tierra esto último dando por su cuenta una vuelta al ruedo en el quinto. Poca vista. A este trasteo con el que, como digo, Galván se autovaloró en exceso le faltó serenidad, calma y aplomo. Este quinto, de Castillejo de Huebra y lidiado como sobrero, resultó noble y careció de hondura y profundidad.
Terminando lo de El Pilar, el tercero desarrolló mucho sentido, repuso siempre, y supo en todo momento lo que aquello que dejaba detrás y que buscó poco más allá del embroque. Muy meritoria, por valor y arrojo, fue la pelea planteada por Víctor Hernández. El mismo peligro por ambos pitones, mayor la determinación al natural. Declaración de intenciones de quien se sabe estar en Las Ventas. Sobró algún enganchón, más por lo inoportuno del momento que por otra cosa. Oreja a la valentía y a la bragueta de Hernández.
Parecida fue la puesta en escena de Hernández en el sexto, pero sin tanto peligro ésta vez. Como más forzado todo por lo tanto. ‘Riojanillo’ se llamó este toro de Villamarta, lidiado como sobrero y que iba y venía con apenas transmisión. Tenía Hernández la codiciada puerta grande entreabierta y a por ella que se tiró con más corazón que cabeza; con más ansias que aplomo. Sus fallos con la espada ahora tampoco echaron por tierra una salida a hombros por la calle de Alcalá.
Ficha
Plaza de toros de Las Ventas. 2° festejo de la feria de San Isidro.
Toros de El Pilar, malos, muy malos: sin fuerza, sin clase y algunos, 3° y 4° con peligro. Un sobrero, quinto bis, de Castillejo de Huebra y otro de Villamarta, sexto bis, sin gran transmisión ninguno de los dos.
Diego Urdiales: silencio en ambos.
David Galván: vuelta al ruedo tras dos avisos y vuelta por su cuenta.
Víctor Hernández: oreja y silencio tras aviso.


