Se habían superado las nueve de la noche, en un viernes de lluvia, que agilizaba el paso de quienes atravesaban la Calle Portales de un lado al otro para disfrutar del primer día de lo que deseaban fuera un fin de semana inolvidable. Y lo fue, sin duda, para esos viandantes que se toparon con una situación del todo inesperada.
La calle Portales es una de las principales arterias de Logroño. Quizás la más paseada de la ciudad, que es peatonal, aunque no tanto. Porque de a diario, por las mañanas, furgonetas de reparto sitian la calles para hacer sus entregas, circunstancia que no se alivia fuera del horario permitido. Siempre hay algún despistado, a buen seguro de fuera de Logroño, que acaba en un atolladero.

Nunca mejor dicho en este caso. El acceso a uno de los principales hoteles de la ciudad no es sencillo. A diario se observan los problemas que enfrentan los sorprendidos turistas motorizados que tratan de llegar al ascensor de acceso al garaje subterráneo. Las dudas de circular entre tanto peatón pueden asustar a cualquiera. Y parece ser que es lo que le sucedió al conductor del vehículo que generó una situación inesperada este pasado viernes en Portales.
Quedó atrapado en medio una maniobra. Su Porsche acabó atascado en las escaleras que dan acceso a la chimenea que da acceso de Portales a la plaza del Parlamento. Ni para adelante, ni mucho menos para atrás, en unos bajos muy bajos de un gran coche que pierde reflejos en este tipo de circunstancias.
Pero en Logroño nadie se siente extranjero, y unos mozos que pasaban por allí no dudaron en arrimar el hombro, tirar de crossfit y en un par de levantadas bien coordinadas ayudar a resolver el apuro en el que se encontraba el conductor de un Porsche en medio de la lluvia un viernes noche cualquiera con la calle Portales a reventar.


