El oficial de la Guardia Civil al frente de la investigación del conocido como crimen de Viniegra, cuyo juicio ha comenzado este jueves en la Audiencia Provincial de La Rioja, ha detallado que el macabro asesinato de Djafer Bechkat en agosto de 2022 «salió perfectamente según lo planificado» hasta que los tres acusados se toparon frente a serias dificultades a la hora de deshacerse del cadáver.
Llegaron, incluso, a caer en una desesperación que llevó a Israel ‘El Pateras’ a plantearse recurrir «a una motosierra y gasoil» cuando veía que el tiempo acechaba sin que pudieran arrojar el cuerpo de la víctima a La Torca de Hoyo Mingo, una sima de más de 50 metros de profundidad cerca de Viniegra de Arriba. Cuando finalmente pudieron completar su plan, un agente forestal lo vio todo a través de unos prismáticos y la Guardia Civil pudo abordar como asesinato un suceso que los acusados «pretendían hacer pasar por una desaparición».

Josune (izquierda), Jordi (centro) e Israel (derecha), acusados por el crimen de Viniegra. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El capitán de la Unidad Orgánica de la Guardia Civil que dirigió la investigación ha detallado las tres fases del macabro crimen de Viniegra: desde el momento en el que los tres acusados decidieron acabar con la vida de Djafer (el 24 de julio, durante una barbacoa), hasta la ejecución del asesinato y las posteriores maniobras para evitar ser incriminados.
La investigación concluye que la pareja sentimental formada por Jordi y Josune «engañaron» a la víctima, haciéndole creer que Israel (el tercer implicado, al que el Instituto Armado sitúa como artífice del disparo en la nuca) iba a saldar la deuda de 13.600 euros que el primero de ellos había contraído por un asunto de drogas.
De este modo, Jordi y Josune recogieron a Djafer el 9 de agosto de 2022 con un coche que utilizaron únicamente para ese fin (lo dieron de alta con una identidad usurpada). Condujeron hasta el cruce con Villoslada de Cameros, donde Israel les estaba esperando en otro vehículo. Al detenerse los dos vehículos, Jordi y Djafer se bajaron del coche e Israel disparó a la víctima por la espalda con un arma de bajo calibre que no ha sido localizada.

Djafer Beckat.
Tal que el disparo no resultó mortal en un primer momento, los asesinos cogieron una de las piedras que había en las inmediaciones -la Guardia Civil la define como «un instrumento de oportunidad»- y golpearon con ella a Djafer hasta en 20 ocasiones en la cabeza. Justo después, los tres acusados introdujeron el cadáver en la furgoneta y realizaron «una parada técnica, para bajar pulsaciones» en una finca que conocía Israel, en aquel momento alguacil de Viniegra.
«Un suplicio» para los acusados
En ese enclave «terminaron de envolver el cadáver en plásticos y telas que había en la furgoneta de Israel», envolviendo con dos bolsas de plástico y bridas la cabeza de la víctima, provocándole la muerte por asfixia. Completada esta macabra operación, el trío de acusados volvió a emprender la marcha, con la intención de arrojar el cadáver en la sima, que ya habían visitado esa misma mañana para reconocer el terreno.
En cambio, la orografía del terreno les llevó a desistir de su misión, «al ser una zona peligrosa y encontrarse en noche cerrada». «Les resultó imposible tirar el cuerpo», ha recalcado el capitán de la Guardia Civil, por lo que los presuntos asesinos «se dividieron, quedándose Israel con el cadáver dentro de la furgoneta, que aparcó en el garaje de un familiar que en ese momento se encontraba ausente del municipio».
Es en ese momento, al ver frustrada la desaparición del cuerpo, cuando para los acusados «empieza un suplicio: deshacerse con prisa del cadáver, que está en la furgoneta que utiliza Israel para trabajar». Un nerviosismo que creció exponencialmente después de que el grupo tratara sin éxito de retomar su misión al día siguiente, a causa de «una tormenta de verano» que no les permitió trasladarse hasta la sima.

Sima a la que los acusados arrojaron el cadáver.
Esa misma noche, ya de madrugada, los investigadores aluden a varias comunicaciones por parte de Isreael, en las que reconoce «él solo no se puede deshacer del cadáver» y convence a Jordi y Josune para que regresen a Viniegra con el ánimo de culminar su macabro plan. Y lo lograrán al día siguiente, pero no del modo en que habían previsto.
Ese 11 de agosto, un agente forestal sorprende desde la distancia -a través de sus prismáticos- a una furgoneta de la que se bajan dos personas para arrojar «lo que parecía un cuerpo» al fondo de la sima. El funcionario, además, coge su vehículo y se traslada hasta La Torca, donde llega a hablar con uno de los acusados.
Eliminación de elementos incriminatorios
Si los nervios del trío de delincuentes ya tenía los nervios a flor de piel, saberse «detectados por un testigo» con las manos en la masa hizo que apresuraran la huida del lugar de los hechos. «Jordi y Josune no volvieron a Logroño, sino que se dirigieron a Soria, mientras que Israel tira en un contenedor de Montenegro de Cameros «todos los elementos que le pudieran incriminar», señala el máximo responsable de la investigación.
Lo que no imaginaba este último de los acusados es que una vecina vio cómo realizaba esta maniobra y alertó a la Guardia Civil, que encontró en ese contenedor «una zapatilla de la víctima, telas y plásticos que envolvían el cadáver impregnados de mucha sangre y unos guantes de Israel, además de la piedra con la que golpearon a Djafer tras dispararle en la nuca».

Finca en la que la Guardia Civil cree que los acusados hicieron una «parada técnica» tras el asesinato.
Analizada esa sangre, que se correspondía con la de la víctima, se hallaron dos mezclas de ADN que indican que Jordi e Israel tuvieron contacto físico con Djafer, lo que les sitúa a efectos policiales como autores materiales del asesinato. Además, en el borde de la sima se encontró una colilla de cigarrillo, con ADN de Jordi.
Fueron detalles que pasaron por alto los tres acusados, que en cambio sí fueron concienzudos en la eliminación de pruebas de naturaleza tecnológica: «El teléfono de Djafer desaparece, Jordi se deshace de su teléfono, Josune lo borra casi todo, solo deja mensajes de su entorno familiar pero de interés para la investigación, e Israel también lleva a cabo un borrado, pero quedan datos en la tarjeta SIM útiles para la investigación», ha explicado el máximo responsable de la investigación policial.
Aunque Jordi e Israel fueron quienes se ‘mancharon las manos de sangre’, para la Guardia Civil no cabe la más mínima sospecha de que «los tres tenían toma de decisiones» y «sumaban voluntades». «Se reunieron cinco veces, a la tercera lo mataron y las dos últimas fueron para intentar ocultar el cuerpo», ha detallado el capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial.


