Repaso tras repaso, finca a finca y vuelta a empezar. El fuego bacteriano sigue ahí, atacando a los perales riojanos con el único descanso del invierno tras la poda. Después, con el inicio de la floración lo que pretendían ser brotes verdes, fueron cogiendo un tono negro, de nuevo, dando buena cuenta de que la enfermedad sigue ahí pese a los cortes que se hagan.
Estefanía Blasco está retirando restos leñosos en estos momentos de una de sus fincas de perales en Entrena. En una hectárea estima que serán más de cien árboles los que va a arrancar durante esta jornada. «Cada quince días vamos a retirar ramas e igual llenamos unos tres remolques. Seguimos en la misma situación que el año pasado. Hace un mes tratamos con un producto preventivo pero aún no sabemos cómo va a resultar», reconoce. Tras la poda realizada en noviembre, el frutal quedó en parada vegetativa hasta que esta primavera ha vuelto a brotar, viendo de nuevo esos brotes negros.
«Pensábamos que con las ramas que habíamos quitado en invierno no volverían a salir, pero ahora ya estamos cortando directamente el tronco, el árbol entero, porque vemos que esas ramas de las que habías cortado un trozo ahora vuelven a tener fuego», apunta. Una situación, incide, que se repite en otras explotaciones agrícolas: «El montón habilitado por el Ayuntamiento para depositar las ramas y árboles afectadas por el fuego está lleno todas las semanas porque estamos todos igual, dando repasos continuamente y retirando restos. Pero al final creo que lo más preventivo es cortar desde abajo porque igual parece que va a brotar por otro lado y luego tampoco brota bien. Una vez ha entrado la bacteria, esta se va extendiendo aunque no sabemos si se propaga tan fácil o no».

Brotes afectados por fuego bacteriano en una finca en Rincón de Soto.
La incertidumbre, sin embargo, sigue ahí. Esta agricultora de Entrena asegura que no tienen certezas de cómo atajar el problema ni si los tratamientos preventivos surtirán efecto. «Los técnicos dicen que las primaveras húmedas no favorecen nada y este año ha llovido demasiado. Por el momento no se ha regado, cuando el año pasado ya se hizo el primer riego en abril y tuvimos muchos daños por la enfermedad. Si una mayor incidencia depende o no de una mayor humedad no lo sabemos realmente, así que vamos sobre la marcha, probando».
Las expectativas respecto al devenir de la campaña 2025 son, igualmente, inciertas. «Habrá que esperar al mes que viene para ver cómo evoluciona todo porque vamos sobre la marcha. Rama que vemos negra o árbol afectado, pues lo quitamos. Pero si el año que viene tengo que quitar más arboles me planteo el abandono porque no merece la pena tantos tratamientos y más gasto para coger menos producción».

Árboles afectados por el fuego bacteriano en una finca en Entrena.
Mismo sentir muestra Eva Lafraya desde Rincón de Soto. Esta agricultora también pasa la mañana soleada retirando esos ramilletes ‘negros’ en una de sus fincas. «Con estas lluvias los árboles están preciosos, verdes y con muy buena pinta, pero el fuego bacteriano nos está quitando la vida. Normalmente tras la poda damos una vuelta de repaso, pero esta es ya la tercera. Es decir, que los costes son una barbaridad, por no hablar de la cantidad de kilos que estamos retirando del campo. El peral hace unas expulsiones de algunos frutos antes de quedarse con las peras que finalmente serán recogidas. Suele hacer tres, pero a eso hay que sumarle lo que estamos retirando ya del campo con esa eliminación de brotes y ramas. Así que si el fueg obacteriano no frena, la cosecha no va a ser abundante», señala.

Brotes afectados por fuego bacteriano en una finca en Rincón de Soto.
Ella ya tuvo que arrancar una finca de tres hectáreas entera y no fue la única en el municipio. «Estamos muy preocupados por la cantidad de brotes que seguimos quitando a estas alturas y es que no sabemos qué hacer porque no tenemos un producto ni para prevenirlo ni para combatirlo. Realmente, la herramienta más eficaz es convivir con ello, estar muy pendiente de su propagación y entrar cuanto antes. Sí que me he dado cuenta que cuando cortas el brote del ramillete de peras se ve que el fuego no ha llegado a la madera, a lo que es la rama», indica.
Lafraya recuerda cómo en los años 2010 y 2011 tuvieron unos fuertes ataques también por fuego bacteriano y, hasta el año pasado, el sector ha podido convivir bastante bien con la enfermedad. Pero el escenario no es nada halagüeño para el sector: «Vamos haciendo suposiciones y sacando nuestras propias conclusiones con lo que nos va enseñando el árbol, porque no hay nada claro. Eso sí, las humedades que hemos tenido en el momento de la floración ha sido algo criminal, sumado a que luego salía el sol. Así que no queda otra que seguir repasando esas fincas y seguir retirando los brotes afectados, poniendo intención también en desinfectar los cortes y las tijeras para que no se propague. Es un sinvivir, pero intentas hacerlo lo mejor posible».


