La Rioja

La Rioja, una segunda oportunidad lejos del acecho de la guerrilla colombiana

Logroño, el nuevo hogar de una familia que huyó de la guerrilla colombiana

«Aquí nos trajo el destino», cuentan Yuleidy y Carlos. Una pareja que, junto con sus dos hijos, llegaron a Logroño desde Bogotá hace ahora tres años. «Vinimos aquí por los niños: teníamos que sacarlos de allá porque corrían peligro». Un grupo paramilitar -descendiente de las antiguas guerrillas que se habían disuelto con el acuerdo de paz de 2016- reclutaba a menores a la fuerza para que se encarguen de transportar drogas. «Quisimos sacar a los niños de ese mundo y darles una nueva oportunidad».

Las Águilas Negras trataron de captar al hijo mayor de la pareja, Daniel. Le dijeron que si no era él, sería su hermano pequeño, de tan solo 12 años. Carlos intercedió para evitar que sus hijos fueran reclutados: «Se convirtió en una cadena. Yo como padre fui a hacer el reclamo, entonces ya entré entre los objetivos de esas personas y ya pasó a problemas mayores». Pasaron de ser amenazas a un atentado contra la vida de Carlos. «Nos tocó abandonar el país porque vimos que era en serio y, sobre todo, por proteger la vida de los niños, que eran los objetivos principales», cuenta Yuleidy.

La vida al otro lado del charco

Llegaron a Madrid sin conocer a nadie e intentaron buscar ayuda en diferentes asociaciones: «No encontramos una respuesta rápida, que era lo que necesitábamos porque estábamos en situación de calle. Vinimos con dos niños y encontrar alojamiento era lo que más nos afanaba».

Sus primeros momentos en España fueron de incertidumbre y miedo: «No teníamos ni familiares ni conocidos aquí. Entonces uno se siente perdido. No teníamos ese plan que a veces otras personas tienen porque cuentan con el apoyo de alguien aquí», cuenta Yuleidy. El destino quiso que una trabajadora de una de las asociaciones les diera el contacto de Remar Rioja y así llegaron a la comunidad en marzo de 2022. «Nos recibieron y empezamos a trabajar como voluntarios en la asociación. Vivimos en la casa del pastor y él nos acogió como si fuéramos de su familia», explica Carlos.

«El tiempo que estuvimos con Remar no sabíamos muy bien qué había de la puerta hacia fuera. Nos fue muy bien, pero estaba la regla de que teníamos que hacer lo que ellos dicen, no podíamos salir mucho, así que estábamos un poco ciegos. Cuando salimos contactamos con Rioja Acoge y nos fue muy bien», añade. «Nos orientaron y fueron los encargados de gestionar nuestro proceso de asilo que fue lo que solicitamos en un primer momento. Fue una institución que nos apoyó mucho, de verdad se ponen en el lugar de la persona que viene y le muestran los diferentes caminos que hay y tratan de ubicarte un poquito para que puedas entender cómo funcionan las cosas», explica Yuleidy.

«Aún no tenemos una red de amistades muy fuerte, pero ahí vamos, en proceso. A medida que vamos trabajando y haciendo cosas hemos ido conociendo a gente. Pero es difícil porque dejamos a toda nuestra familia allá y no sabes que te deparará el futuro; empiezas de cero en un lugar nuevo, con costumbres y formas de pensar diferentes» explica Yuleidy. «Ahora aquí estamos mejor que bien, aunque duele por la familia que tenemos en Colombia». Allá están la hija y la madre de Carlos: «Si pudiera traerlas acá yo estaría completo».

Carlos, Yuleidy y sus hijos han tenido que enfrentarse a comportamientos y comentarios racistas en más de una ocasión. «Uno de los momentos más complicados fue cuando salimos del programa de refugiados y tuvimos que buscar piso. Es difícil porque sí sentimos ese rechazo de la gente. Había quienes nos decían directamente que no querían alquilar a extranjeros», relata Yuleidy.

«Trabajar y salir adelante»

«Te encuentras con gente a la que sabes que les molestas, te lo hacen saber. Aprendes a convivir con eso. Al principio me quería ir, pero es que el problema no soy yo: uno no le hace mal a nadie», cuenta Carlos. «Siempre pensamos que la mejor manera de romper ese prejuicio es hacer lo nuestro, que es trabajar y salir adelante y no prestar mucha atención a esa gente», añade Yuleidy. «Uno tiene que ser uno mismo y no ser parte del problema», completa él.

El mayor de sus hijos, Daniel, se vio forzado a dejar los estudios por los comentarios racistas por parte de un profesor. La dirección del centro, lejos de apoyar al alumno, se puso de parte del docente, a pesar de que Daniel contaba con el apoyo de sus compañeros. Cansado de soportar una situación tan injusta, dejó los estudios pocos meses antes de poder obtener el título. «Él estaba ilusionado, pero le han quitado las ganas», lamenta su padre.

Pero no todo ha sido malo, a lo largo del camino se han encontrado con gente «muy bella, que de verdad te quiere ayudar y lo hace de corazón y se ponen en tus zapatos».

«España es un país abierto, es un país multicultural, hemos conocido a gente de todos lados, entonces eso también es chévere, alimentarse de todas esas culturas que hay acá», explica Yuleidy. «Y la tranquilidad como padres. En Colombia a las cinco de la tarde tenían que estar en casa, aquí pueden llegar cuando quieran, sabemos que van a estar bien. El objetivo era la seguridad de nuestros hijos y aquí lo hemos logrado», añade él.

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